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La notaria, la doctora, la periodista, la abogada y la monja de clausura: así es la familia del psiquiatra de la jet

Vanitatis Vanitatis 06/03/2016 Andrés Guerra

Pongamos que vamos a contarles la historia de un supuesto catedrático de Psiquiatría por la Universidad Complutense que vende libros de autoayuda a ritmo de Paulo Coelho; que es destacado miembro del Opus Dei, pero que ensalza las bondades del sexo oral en una entrevista; que es amigo personal de buena parte de la vieja guardia del PP y preferido por la 'jet' capitalina; un doctor a quien una vizcondesa denunció por revelación del secreto profesional y cuya hija menor –apoderada de una inmobiliaria– acaba de ingresar en un convento de clausura. Llegados aquí, estamos seguros de que Ud., lector, enarca las cejas creyendo que mezclamos personajes de un sainete. Pero no. Todo ello corresponde al mismo actor. Así de curiosa es la familia del doctor Enrique Rojas Montes.

Cuatro hijas y una esposa muy orgullosa

Enrique Rojas Montes (Granada, 1949), el sexto de siete hermanos, se licenció en Medicina por la Universidad de su ciudad natal y puso el pie en Madrid por primera vez en 1974. Se casó mayor, a los 35 años, con Isabel Estapé, hija del conocido economista Fabián Estapé y la segunda mujer en obtener la licencia de agente de bolsa en España. Hoy ejerce como notaria, es miembro del consejo de administración de CriteriaCaixa, presume de marido en su web y codirige con él una fundación. La pareja tiene cuatro hijas, que ya se han espabilado en inventar de la nada el rimbombante y 'alcúrnico' guion entre ambos apellidos.

Isabel y Marián en una imagen de la boda © Proporcionado por Vanitatis Isabel y Marián en una imagen de la boda

La mayor, Marián, es psiquiatra por la Universidad de Navarra y trabaja en el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas que fundó y dirige su padre. También ha sido residente del Gregorio Marañón y tiene un blog más modesto que el portal web de su padre. Ojo, tres familiares y llevamos ya cuatro webs. El 14 de marzo de 2014 Marián protagonizó una boda de postín: se desposó con el notario de Valladolid Jesús Martínez-Cortés y a su enlace acudieron Tamara Falcó con el marqués de Griñón, los ministros José Manuel Soria y Ana Pastor y la viuda de Sabino Fernández Campo. Es buena amiga de Carla Goyanes.

La segunda, Cristina, es licenciada en Derecho y tras fallar en su oposición a notarías, ha trabajado en KPMG. Hoy, con su máster del IESE, tiene silla en Indra. Ha sido voluntaria en Cáritas y en una fundación de Kameswaran (India). Isabel es psicóloga, periodista y capaz de combinar ambas materias: en Antena 3 Noticias y en el instituto de su padre como psicoterapeuta. Empezó Medicina, hizo cuatro años en San Pablo CEU y luego Psicología, Psicoterapia y a la vez, Periodismo. Finalmente, Almudena, es monja carmelita.

Una monja de clausura con 22 años

Almudena estudió en la Universidad de Navarra y enseguida destacó en el Colegio Mayor Goimendi –solo femenino y del Opus Dei– siendo decana de las alumnas. Pero su camino espiritual era tortuoso, como ella misma reconoce: “En el ámbito personal era una chica alejada de Dios, pendiente de mí misma, egoísta, criticaba bastante a la gente… Poco a poco, empecé a conocer a Dios, a tratarle y a quererle un poco más cada día. El problema de ir acercándome es que vi que Dios me podía pedir algo más y eso me parecía horrible. Así que decidí darle la espalda. Me volví a encerrar en mí misma, en mi egoísmo y no me podía ni soportar”. Afortunadamente para su alma, Dios la llamó y se hizo monja carmelita descalza. Desde el 16 de noviembre de 2014 es novicia en el convento de la Encarnación de Ávila, por el que pasó Santa Teresa.

El día en que tomó los hábitos, las hermanitas tuvieron tiempo de referirse a la cuestión catalana, en una homilía mestiza de churras y merinas: “Por España, para que en un día tan especial como el de hoy, nuestras diferencias se conviertan en un punto de unión y fraternidad (…) Que la Virgen de la Almudena y la Virgen de la Mercé protejan a todos los españoles”, según recoge Religión y libertad. El 1 de diciembre pasado Almudena dejó de ser apoderada de la sociedad de sus padres, Triana 88 SL (adquisición y arrendamiento de fincas) y cuyo capital social es de más de 3 millones de euros. Durante un año entero, fue la monja más rica del convento.

Ascenso a la cúspide social

Mariló Montero 'confía en su recuperación' (Diez Minutos) © Proporcionado por Vanitatis Mariló Montero 'confía en su recuperación' (Diez Minutos)

Rojas estableció su clínica en el número 100 de la calle Serrano y de su consulta –o del mismo portal, al menos– han sido vistas salir Tamara Falcó, amiga de sus hijas, y la presentadora Mariló Montero. En su ascenso social ha sabido granjearse la amistad de poderosos nombres de la política patria, no pocos de ellos próximos al Opus Dei. Así, en la presentación de algunos de sus libros hemos podido ver a los más altos cargos del PP (Isabel Tocino, Jaime Mayor Oreja, Pilar del Castillo, Ana Pastor, Ana Botella, Esperanza Aguirre, entre otros) y, de hecho, fue propuesto por los populares como primer experto cuando en junio de 2005 se debatía la adopción de parejas del mismo sexo. Fue sustituido por aquel Aquilino Polaino de tan infausta memoria. En su diván, el doctor Rojas se ocupa de las “enfermedades del alma”, según el vocabulario de cierto tipo de profesionales de este área.

La mayor parte de su pensamiento está recogida en alguno de los 20 libros de autoayuda que ha publicado en los últimos años. Todos en torno a la depresión, la pareja y la autoestima. Por cierto, sepa que si Ud. es gay y no acaba de aceptarlo, él le planteará ciertos preguntas incómodas: “¿Qué le ocurre? ¿Tiene ansiedad, depresión...?”. No nos lo inventamos. Lo explica él mismo en otra entrevista, en esta ocasión en el diario La Opinión. Para Rojas, la homosexualidad no es una enfermedad, sino un desajuste psicológico tratable.

Un CV discutido

Establecido en la calle Serrano, para el Dr. Rojas era importante presumir de un currículo con relumbrón, por lo que decidió presentarse como catedrático de Psiquiatría por la Universidad Complutense (UCM). Llegamos a verlo investido de tal honor incluso celebrando sus bodas de plata en '¡Hola!'. Como señalábamos en la introducción, ese cargo no le corresponde. Rojas fue profesor de la UCM y es catedrático, sí, pero de la Universidad de Extremadura, según documento del BOE (21 de febrero de 1984, publicado en abril del mismo año). El doctor entró en excedencia enseguida y nos aseguran desde el decanato de la facultad de Medicina extremeña que allí lo conocen “de verlo en las revistas”. Hoy es cierto que el ilustre doctor ya no usa la misma presentación que tiempo atrás. ¿Qué le hizo cambiar su tarjeta de presentación? Creemos que tuvo mucho que ver una carta firmada por Alfredo Calcedo Ordóñez, jefe del departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Facultad de Medicina de la UCM, fechada el 21 de noviembre de 2001 y en la que le exigía que dejase de usar un título que nunca tuvo.

Carta de la Universidad Complutense de Madrid © Proporcionado por Vanitatis Carta de la Universidad Complutense de Madrid

Una de sus expacientes, Isabel Caballero, se lo hizo saber al Colegio de Médicos en 2008 y él se defendió enviando una carta a la institución aduciendo lo siguiente: “En ninguno de mis libros aparece tal denominación sino la que sigue: Enrique Rojas, Catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica de la Facultad de Psicopedagogía, Campus Villanueva, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid” y que cuando en la prensa escrita, con motivo de una entrevista o comentario, lo presentan como catedrático de la Complutense, él envía siempre una nota para que la presentación sea corregida. No es cierto. No siempre, al menos: en una entrevista concedida en 2001 al suplemento 'Crónica' del diario 'El Mundo', apostillaba a la reportera que le resultó difícil obtener la cátedra por culpa de ciertas “camarillas”. Por lo demás, en Vanitatis se nos acumulan solapas de sus obras y recortes de prensa mostrando que, aun tras la advertencia de la Complutense, pueden hallarse intervenciones suyas como experto en las que continúa siendo presentado como catedrático de esa universidad, con el mismo título figura en cierto congreso internacional y de igual modo aparece en la breve ficha personal que ofrecen páginas web de grandes librerías virtuales, a fecha de hoy mismo.

Una oscura mezcla de medicamentos e intereses

Si su alterado CV puede ser una simple cuestión de vanidad, hay aspectos más oscuros en su trayectoria y cuyos pormenores, explicados en una documentación muy prolija, han llegado a nuestra redacción. El psiquiatra ha sido denunciando en varias ocasiones. Este es un extracto de las experiencias vividas por tres expacientes que lo llevaron a los tribunales.

María Menchaca, vizcondesa de Bahía Honda, consiguió una condena a su favor. María estaba casada con un olvidado vip llamado Jorge Juste, a quien conocimos por haber sido novio de Ana Obregón. Cuando el matrimonio comenzó a hacer aguas, Juste empujó a María a los brazos del psiquiatra Rojas, que ejercería como consejero matrimonial y a su consulta acudió once veces entre finales de 1991 y comienzos de 1992. Según nos explica María, el doctor Rojas hizo recaer sobre ella sus problemas de pareja y le prescribió medicamentos como Haloperidol, Sedotimee, Akineton y Bifort. Cuando el matrimonio se resquebrajó completamente, Juste pretendió quedarse con la custodia de los niños; en su demanda de divorcio acudió al dictamen profesional de Rojas. María, atónita, vio cómo el doctor que la trató dibujaba en su informe el retrato de una mujer desequilibrada, inmadura, histriónica e incapaz, apostando por concederle la guardia y custodia al padre. ¿Puede hacer esto un médico? ¿Puede saltarse el código deontológico y desvelar las miserias de una paciente en un juicio de divorcio para beneficio de su contrario? No, no puede y por ello fue condenado en 1998 por revelación del secreto profesional a pagarle a María Menchaca dos millones de pesetas (12.000 euros). Por añadidura, María acudió a otros profesionales que determinaron ante el tribunal su perfecta capacidad para quedarse con los niños. Jorge Juste perdió en su demanda; al margen de su amor de padre, conviene señalar que los tres pequeños un día serían herederos de una fortuna muy suculenta por vía materna. Aunque Menchaca se dirigió al Defensor del Pueblo e intentó que el Colegio de Médicos abriese un expediente a Rojas, no consiguió nada por esa vía.

Isabel Caballero denunció también a Enrique Rojas y, asimismo, acudió al Colegio de Médicos de Madrid en 1999 haciéndoles saber que el galeno había firmado dos certificados prescribiendo su internamiento psiquiátrico, a instancias de su marido. En el hospital público Puerta de Hierro contestaron que no procedía y el segundo informe la envió a un centro privado. Su experiencia coincide con la vivida por la vizcondesa de Bahía Honda: Isabel se encontraba en un proceso de divorcio muy complicado y sospechaba que su marido quería quitársela de en medio para lo que, según explica, acudió a un psiquiatra amigo. Aunque Caballero falleció en 2014, dejó su testimonio en un blog y nosotros hemos podido completar su historia merced al testimonio de unos de los abogados que consultó.

Otro de los denunciantes de Rojas es José L. Gutiérrez. Su experiencia comienza cuando su madre, accionista de una de las cuatro mayores empresas de transporte de viajeros del país, entra en contacto con el psiquiatra. Según explica el Sr. Gutiérrez a Vanitatis, “algunas personas influyentes querían convencerla de que yo no estaba capacitado para continuar como gerente de la empresa familiar. Su idea era apartarme y hacerse con un negocio más que boyante. Estuve visitándome con Rojas entre 1989 y 1993, recomendado por mi madre, que se convirtió en paciente suya, y que aseguraba que me iría muy bien para aliviar la presión del puesto, el estrés y demás. Yo no le pagaba, sino mi madre, y me consta que llegó a sacarle enormes cantidades de dinero; la última cita que tuvimos, cosa de una hora, me costó 245 euros. Finalmente, y tras inflarme a medicamentos, vino a decirme que tendría que ponerme un tratamiento cuyo costo alcanzaba los 240.000 euros, importe del que mi madre no se haría cargo. Me negué, me alejé de él y me amenazó con internarme en un psiquiátrico. No ocurrió pero perdí mi trabajo y me retiró una medicación a la que me había vuelto adicto. Llegué a sufrir un infarto. Cuando me sentí recuperado acudí a consultar con otros psiquiatras y coincidieron en que estaba perfectamente sano”.

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