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La nueva vida de Miriam Ungría

Vanitatis Vanitatis 13/06/2016 Paloma Barrientos

Ha pasado un año y dos meses desde la muerte de su marido (vea todas las imágenes de su funeral), Kardam de Bulgaria. Miriam de Ungría ha mantenido lo que ha sido su lema de vida durante todo este tiempo; un lema que consiste, según sus propias palabras, en “no añorar el pasado, porque así no se crece, y mirar hacia adelante”. Y es lo que ha hecho. Aunque solo con cuentagotas, ha vuelto a participar en la vida social madrileña, como ha ocurrido los miércoles y jueves pasados. Una excepción que aprovechamos para reconstruir su nueva vida tras la tragedia.

[Lea Siete años de tragedia y lucha en solitario]

Miriam acude sobre todo a las convocatorias y actividades relacionadas con su vida laboral. Gemóloga de profesión, tiene su propia firma de joyería (MDEU) y realiza diseños exclusivos por encargo. “Me encuentro feliz con mi vida, con mis hijos, con mi familia, mis amigos”, explica la viuda de Kardam a 'Vanitatis'.

Kardam de Bulgaria en un fotomontaje realizado en Vanitatis © Proporcionado por Vanitatis Kardam de Bulgaria en un fotomontaje realizado en Vanitatis

Hija del empresario de patentes y abogado Bernardo de Ungría, Miriam es la pequeña de siete hermanos varones y, aunque esta situación podría dar lugar a pensar que desde su nacimiento se convirtió en la niña mimada de la casa, no fue así. Nació en 1963 y se supo a buscarse la vida. A los 20 años se independizó porque ya ganaba su dinero. A los 30 se casó con el primogénito del rey búlgaro en una ceremonia ortodoxa a la que acudió la familia real al completo. Un matrimonio discreto que duró hasta que la muerte les separó el 7 de agosto de 2015. Kardam tenía 52 años y los hijos de ambos 16 y 17.

Miriam empezó muy joven a trabajar por cuenta ajena en firmas importantes y de renombre pero anticuadas a las que dio otro aire. Prefería estar en la sombra y no firmar sus creaciones. Fue después de muchos años cuando sacó la cabeza en un mundo complicado donde cualquier joven con apellido conocido se presentaba como experto en este tipo de trabajo aunque no tuviera ni idea. Durante los siete años en los que su marido Kardam permaneció en un proceso degenerativo tras un accidente de coche casi mortal en agosto de 2008, Miriam se dedicó a tiempo completo a él, aunque no abandonó el proceso creativo, que le servía como terapia.

Mucha emoción en el funeral por Kardam de Bulgaria (Galería) © Proporcionado por Vanitatis Mucha emoción en el funeral por Kardam de Bulgaria (Galería)

Otra casa, otra vida

Hace dos años, decidió dar el salto y presentó su primera línea de anillos, colgantes, pulseras y pendientes con gran éxito bajo el nombre MDEU en el Corte Inglés. Fue su reencuentro con la prensa, a la que agradeció el respeto mostrado hacia su familia: “No soy una excepción. Todos tenemos momentos buenos y malos. Creo que en mi caso hay un componente genético, unos nacen más fuertes que otros y yo me considero una persona positiva. Y la fuerza hay que trabajarla y yo lo hago. Además, soy muy creyente y eso me ayuda”, declaró en aquella ocasión. Miriam de Ungria junto a sus hijos (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Miriam de Ungria junto a sus hijos (Gtres) Tras el fallecimiento de su marido, Miriam dio un cambio a su vida. Vendió la casa que había sido su domicilio familiar en las afueras de Madrid y se instaló con sus dos hijos en el barrio de Salamanca. Aquella era una vivienda demasiado grande que fue adaptada a las necesidades del enfermo y donde había demasiados recuerdos y nostalgias. Cerró la puerta y volvió a empezar de nuevo.

Los chicos estudian en Austria y, según cuenta la joyera a Vanitatis, ha tenido mucha suerte con ellos: "Son muy buenos chicos, estudiosos y y muy fáciles de trato. Nunca he tenido problemas con ellos más allá de los normales en una relación entre madre e hijos, porque lo que sí tengo claro, y ellos también, es que no soy su amiga. Me cuidan mucho y son un gran apoyo. No soy ninguna madre coraje, sino una persona que afronta la vida como viene y que tengo la suerte de tener una serie de recursos que otras no tienen. Miro al futuro porque el pasado ya está escrito y por lo tanto no se puede cambiar”, concluye. 

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