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La saga Tejero, 35 años después del golpe de Estado

Vanitatis Vanitatis 23/02/2016 Jose Madrid

El 23 de febrero de 1981 toda España ponía sus ojos en un hombre: Antonio Tejero. El artífice del golpe de Estado que atemorizó al Congreso de los Diputados e hizo temblar a toda España se convirtió en el protagonista del último aldabonazo de un tipo de país que ya dejaba de existir. Por aquel entonces, el teniente coronel ya era padre de seis hijos, apenas unos niños y adolescentes criados en un cuartel de Badajoz. Los pequeños vivieron el momento histórico desde la ingenuidad de su edad, sin tribulaciones políticas y sin una opinión acerca de lo que había hecho su padre. Hoy día, los seis han seguido su vidas y en la mayoría de las ocasiones han intentado evitar la asociación a aquel episodio.

El que quizá ha tenido una mayor repercusión en los medios es Antonio, que se llama igual que su padre y que, como él, es teniente general. Padre de familia muy comprometido con lo que Tejero padre hizo, hace apenas dos años la iniciativa de celebración del aniversario del golpe de Estado le costó el puesto de jefe del Grupo de Reserva y Seguridad, algo que no agradó demasiado a algunos de sus hermanos que, según fuentes consultadas por Vanitatis, “no están a favor de ese tipo de espectáculos”. Hasta ese momento su trabajo se había desarrollado en Madrid. El incidente hizo que tuviese que buscar un nuevo destino para él y para su familia, y tuvieron que trasladarse a otro lugar.

Tejero con dos de sus hijos en una imagen de archivo (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Tejero con dos de sus hijos en una imagen de archivo (EFE)

En la familia Tejero, de corte bastante tradicional, están aquellos que apoyan lo que hizo el padre y los que prefieren guardar silencio. En el primer grupo está Moncho, uno de los sacerdotes más prolíficos y populares del pueblo de Mijas. En la iglesia de Santa Teresa de la localidad malagueña, con su barba y su aspecto de hombre corriente con unos kilos de más, se encuentra Ramón, nombre verdadero de otro de los vástagos del teniente general Tejero que, según ha comentado alguna vez de forma pública, considera a su padre un “hombre de honor” y prefiere no opinar demasiado acerca de lo que ocurrió aquel mes de febrero de hace más de tres décadas.

Moncho Tejero en una imagen de archivo (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Moncho Tejero en una imagen de archivo (EFE)

Moncho es sacerdote desde que tenía 24 años y su momento de gloria mediática fue a raíz de manifestar su opinión sobre el transexual al que el obispado de Cádiz había impedido ser padrino del bautismo de su sobrina. “Todos somos hijos de Cristo vivo”, declaró el sacerdote al diario 'Sur' para defender su posición. Algunas de esas manifestaciones son las que han hecho que los mijeños estén especialmente orgullosos de él y de que en las calles apenas se le relacione con lo que hizo su padre. De hecho, en septiembre del año pasado lo nombraron hijo adoptivo de la localidad con el beneplácito de muchos de los lugareños.

Moncho es, además, el que sigue viviendo con su madre, una Carmen Díez que no ha querido saber nada de los medios de comunicación en todos estos años salvo por una entrevista que concedió en 2011 y en la que aseguró que “nada es como se cuenta en los libros”. Otro de los hijos que eligieron el camino militar es Juan Tejero, agente en el puesto de La Granja. Hoy en día es un sargento destinado en un pueblo de Ávila y allí vive con su familia, ajeno a las apariciones ocasionales que han llevado a sus hermanos a la prensa.

Tejero padre y su mujer en una imagen de hace unos años (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Tejero padre y su mujer en una imagen de hace unos años (EFE)

El caso de las hijas de Tejero es particular. A pesar de que son mujeres de militares, su rastro es más difícil de seguir que el de Moncho o Antonio. Carmen Tejero Díez es el paradigma de mujer de militar discreta y entregada a su hogar. Lo mismo le sucede a Dolores, que también está casada con un militar y se ha dedicado a cuidar de su familia todos estos años. Elvira, por ejemplo, sí que ha seguido los pasos profesionales de su familia. Si bien su madre se dedicó a la enseñanza durante bastante tiempo, hoy día es ella la que ha elegido el magisterio como una forma de vida, ejerciendo en la Comunidad Valenciana. Según ha manifestado ella misma, desde que era joven soñaba con esa profesión e incluso tiene un blog en el que sube alguna fotografía de sus vacaciones o de cosas que le interesan escrito estrictamente en valenciano.

Los seis hijos han seguido visitando, de forma discreta, al padre desde que se le concediese la libertad condicional en 1996. Aficionado a la pintura vive entre Madrid y Torre del Mar, no muy lejos de su hijo sacerdote y viendo cómo su familia ha intentado hacerse un nombre por sí misma, siguiendo su propio camino e intentando que su apellido no se convirtiese en sinónimo de infamia.

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