Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

La sobrina de Emilio Botín lleva al cine la historia de su tatarabuela, la niña que descubrió las cuevas de Altamira

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 21/03/2016 Mayka Paniagua

El estreno de la película ‘Altamira’ (primero en el Festival de Málaga y en abril en Santander) llega cargado de nombres y apellides ilustres. Vayamos por partes. No podemos obviar que la cinta esté protagonizada por Antonio Banderas, acompañado de Ruper Everett, Tristán Ulloa e Irene Escolar. Sin embargo, no son ellos los protagonistas de estas líneas que van a leer. Detrás de esta película que, como dice el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, convertirá Cantabria (esa ‘tierra pequeña, pero infinita’) “en un reclamo internacional”, está una productora francesa, una británica y una española: Morena Films. Seguro que han visto alguna de sus producciones como ‘Cien años de perdón’, ‘Siete días en La Habana’ o ‘Axterix y Obelix’. Lo que no sabrán es que la empresa nació de la mano de Lucrecia Botín, sobrina de Emilio Botín y, por tanto, prima de Ana Botín, la sucesora al frente del imperio del Banco Santander.

No es de extrañar que Lucrecia haya sacado adelante la historia sobre el descubrimiento de la que se considera la capilla Sixtina del arte paleolítico. Fue su tatarabuela María Sanz de Sautuola, mujer del primer Botín presidente del banco, la niña que a sus ochos años descubrió las Cuevas de Altamira y ‘unos bueyes’ pintados en el techo cuando paseaba con Marcelino, su padre. Los Sanz de Sautuola eran una familia de hidalgos montañeses propietarios del mayorazgo de Puente San Miguel. El hombre, arqueólogo aficionado, no contaba con la aprobación de la Iglesia Católica, que consideró que afirmar que aquellas pinturas eran obra de prehistóricos salvajes era un ataque a la Biblia. A esta férrea oposición se le unió la comunidad científica en la voz de Emile Cartailhac, entonces una autoridad en Prehistoria, quien le acusó de fraude. Marcelino murió como un estafador, sin saber que años más tarde Emile entonaría el mea culpa y que la Unesco reconocería las cuevas como Patrimonio de la Humanidad. Esta historia tan real es el argumento de la película que ahora Lucrecia ha llevado a la gran pantalla.

Una imagen de la película 'Altamira' © Proporcionado por Vanitatis Una imagen de la película 'Altamira'

Los aristócratas de las finanzas

No es ningún secreto el estrecho vínculo de los Botín con Cantabria, la tierra en la que se cultivó una estirpe (los Botín Sanz de Sautuola) que se remonta al siglo XIX. Aquella niña se casó con Emilio Botín López y se trasladaron a vivir en Puente de San Miguel, la que ha sido la cuna de todos los Botín y la casa a la que acudió en 1905 a disculparse aquel profesor por haber cuestionado la autenticidad de las pinturas. El amor a la terruca se ha transmitido de generación en generación. El hijo de aquella niña, ‘Emilio el viejo’, estableció su residencia en El Promontorio de Santander y se trasladaba en coche-cama (de los de la época) a Madrid entre semana para dirigir el banco. La leyenda de la saga le reconoce como un “aristócrata de las finanzas y de los negocios”.

Lucrecia Botín (izq) en una imagen de archivo (Youtube) © Proporcionado por Vanitatis Lucrecia Botín (izq) en una imagen de archivo (Youtube)

De su matrimonio con Ana María nacieron Emilio y Jaime. Emilio fue el sucesor y presidente del Banco Santander y el primero en trasladar su residencia a Madrid junto a su mujer Paloma O’Shea (perteneciente a una familia acomodada de Neguri) y sus seis hijos. Jaime se casó con Belén Neveda con la que tuvo cinco hijos, entre ellos Lucrecia. Todos los hijos se han repartido por todo el mundo, pero Cantabria sigue siendo su lugar de descanso y de residencia veraniega. Los Botín poseen, además de la casa-palacio El Promontorio o Puente de San Miguel en Cantabria, chalets de lujo en Madrid, fincas en Jaén o Ciudad Real (El Castaño, Santa María, Retama) o el Hotel Real de Santander que alimentan con sociedades en el extranjero y un porcentaje del capital del Banco y una valiosa pinacoteca en la que se incluyen Grecos, Zurbarán, Picassos o Goyas.

El arte les ha dado algún quebradero de cabeza. Seguro que recordarán cómo el año pasado agentes de la UCO sorprendieron el velero de Jaime Botín con el cuadro ‘Cabeza de mujer joven’ de Picasso valorado en 26.200.000 euros rumbo a Córcega para después llevarlo a Suiza y finalmente a Londres donde se subastaría. El Ministerio de Cultura y la Audiencia Nacional le habían prohibido llevárselo de España, pero él no hizo caso a aquella ‘recomendación’. Ahora, un juez le acusa de contrabando, un delito castigado con cinco años de prisión.

Imagen del cuadro ‘Cabeza de mujer joven’ de Picasso (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Imagen del cuadro ‘Cabeza de mujer joven’ de Picasso (EFE)

Jaime fue vicepresidente del Banco Santander y presidente de Bankinter hasta 2002 y ha tenido algunos ‘asuntos’ con la Comisión Nacional del Mercado de Valores y con Hacienda por ocultar capital en Suiza. Suprimió de su apellido el Sanz de Sautuola que su padre unió al de Botín y que sí mantenía su hermano Emilio. Con 70 años se inscribió en la Escuela de Filosofía de Gonzalo Mendoza, un club de altos ejecutivos y empresarios en la que intercambian “conocimientos de sabiduría”. Sus hijos han llevado caminos dispares. Marcelino es arquitecto naval; Lucrecia, productora de cine; Gonzalo, escritor; Marta, dedicada a los caballos, y Alfonso, vicepresidente de Bankinter y el único que se mantiene unido a la banca.

Con instinto artístico y empresarial

Lucrecia es la artista de la familia. Casada con Guillermo Cayo León Fierro, con el que tuvo dos hijos, Lucrecia e Ignacio. Dicen los que conocen a Lucrecia que a su instinto artístico le acompaña su habilidad empresarial; el que llaman ‘gen Botín’. Su productora no desapareció cuando la crisis borró del panorama muchas otras, sino que firmaba numerosas coproducciones taquilleras, algunas dirigidas por cineastas como Oliver Stone.

Ana Patricia Botín en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Ana Patricia Botín en una imagen de archivo (Gtres)

Cuentan que los orígenes hay que buscarlos allá por 1994 cuando Álvaro Longoria le puso sobre su mesa un proyecto de empresa de cine independiente abierta al mercado internacional. Ella no supo decir no. Entonces era productora de informativos de la cadena Televisa en Nueva York de la que Ana Patricia era miembro del consejo de administración. Le gustó el proyecto, pero tuvo que dejarlo “aparcado” hasta que Longoria abandonó su carrera en Merrill Lynch para sumergirse en este proyecto que aún comparten. Lucrecia se hizo con el 25% de la empresa junto a un paquete adicional de Aleph Inversiones, una sociedad participada al 100% por Cartival, propiedad de Jaime Botín. Juan Gordon sería el productor, Longoria era el responsable de los documentales y Lucrecia la productora ejecutiva. Su nombre no solo atrajo dinero sino inversores. El apellido Botín abrió algunas puertas y su estrategia internacional afianzó su proyección junto a nombres propios del cine. Benicio del Toro en 'Che, el argentino', Oliver Stone dirigiendo 'Comandante' y 'Looking for Fidel', Icíar Bollaín al frente de 'La lluvia' o Julio Medem con 'Persiles' y 'Room in Rome'. Como ha dicho en alguna ocasión su secreto es saber centrarse en seleccionar buenas historias con los mejores directores.

¿Tienes un dispositivo móvil iOS Android? Descarga la APP de Vanitatis en tu teléfono o tablet y no te pierdas la actualidad de nuestros famosos. Para iOS, pincha aquí, y para Android, aquí.

© Externa
Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Vanitatis

Gestión anuncios
image beaconimage beaconimage beacon