Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

La vaca que riñe

Vanitatis Vanitatis 30/01/2016 Nacho Gay

Sí, he de reconocer que el currículo de Francisco Rivera Ordóñez impone. Impone de cojones. Sobre todo porque el tío se lo venía trabajando desde antes de nacer:

-De tal a tal fecha, biznieto de torero.

-Luego nieto de torero.

-Más tarde hijo de torero.

-Sobrino de torero endespués.

-Y hermano de torero y torero desde tal fecha hasta la actualidad.

Eso es pasión. Y punto. No estaba ni preconcebido el chaval y ya tenía el LinkedIn a reventar.

El torero Fran Rivera en la imagen de la polémica © Proporcionado por Vanitatis El torero Fran Rivera en la imagen de la polémica

Por eso, por respeto a la gente con hambre de conocimiento, a la Fiesta Nacional, a la Tradición, a la Cultura y al uso indiscriminado de la mayúscula -tan Nuestro, tan Español-, hoy yo no voy a convertirme en uno de esos modernos antitaurinos (o, peor aún, 'hipsters') que han utilizado la excusa de una foto para hacer campaña contra el oficio. Yo quiero poner el foco de análisis donde nadie lo ha puesto: en la vaquilla. ¿Por qué nadie ha criticado a esa vaquilla? Señores, ese animal, porque no tiene otro nombre, vio a una niña en los brazos de Francisco Rivera y no hizo nada. Pero, claro, es más fácil meterse con el torero.

Sin embargo, tenemos que entender que los maestros son así, hombres de tradición. Y la tradición manda. Yo les entiendo, porque en mi pueblo, todos los 7 de julio, día de San Victorino, sometíamos a todas las rubias de la aldea al mismo rosco de 'Pasapalabra' que destrozaron en su día los Gemeliers y así elegíamos a la más tonta. Después la rapábamos, quemábamos los mechones en una hoguera y a las 12 de la noche la tirábamos por el campanario. Ahora todo esto se nos ha prohibido. No me pregunten por qué, porque hay cosas que, como Fran, no alcanzo a entender.

Jesulín de Ubrique en una imagen de 'Torrente 5' © Proporcionado por Vanitatis Jesulín de Ubrique en una imagen de 'Torrente 5'

Los toreros -permítanme incluirme- estamos hechos de una pasta especial. Para entendernos hay que aceptar primero que todo, absolutamente todo, lo pasamos por el filtro de la cornamenta. Grabado a fuego tenemos aquel “La vida es como un toro, ¿no?”, máxima del gran Jesulín de Ubrique y cúspide del pensamiento taurino. Si se paran a pensar, todo el mundo, no solo nosotros, tiende hacia la metáfora profesional cuando se le pregunta por su concepto del existir. Para el poeta, la vida es “sueño”. Para Roberto Benigni, un artista, es “bella”. Creo recordar que Nacho Vidal, actor porno, ha dicho en alguna ocasión que para él la vida es sin lugar a dudas “larga y dura”. Y para un periodista es, casi siempre, “una mierda”. Si alguien dice que la “vida es sueño”, metemos su nombre para los restos en los libros de texto de nuestros hijos. Si alguien dice que la vida es “como un toro” le inmortalizamos en el cine como el tonto que ayuda a Torrente. ¿Les parece justo? A Fran Rivera, Salvador Sostres (lean esto), Hermann Tertsch y un servidor, todos toreros, por supuesto que no. Y no nos vengan con el rollo de que seríamos capaces de convertir la elección de una corbata en una cuestión guerracivilista. Paranoias.  

Pero detengámonos un momento en los Rivera Ordóñez. Ese clan se ha sacrificado por los españoles. Carmina, Fran, Cayetano, Julián Contreras, Paquirrín… Qué duda cabe que casi todas las luces de las que disponían se las han prestado a los trajes que iluminan la Fiesta. Sin solicitar ninguna prestación a cambio. ¿Y cómo se lo agradecemos? Vale, sí, les mantenemos a base de exclusivas y tal, pero ¿es suficiente? Esos apellidos han dado mucho lustre a este país, hemos de reconocerlo. Y lo siguen haciendo. Solo por poner dos ejemplos, Julián es en estos momentos uno de los concursantes de 'Gran Hermano VIP' y Paquirrín un señor músico del que solo la perspectiva del tiempo nos dará su verdadera talla. Porque en esto pasa como en lo otro. Cuatro jóvenes de Liverpool escriben “Let It Be” al menos 30 veces en el texto que cabe en una cuartilla de folio y nos parece una genialidad. Sin embargo, a Paquirrín, autor de frases bastante más curradas, lo seguimos considerando un vago. “Pretty Girl tú me gustas tanto/ A tu juego yo me adelanto/ Entre tus brazos enloqueciendo/ Pretty Girl me vas encendiendo”. Y este fragmento lo he elegido al azar, que si me pongo a buscar...

Arte.

Y de eso estábamos hablando, de Arte. Arte con mayúscula. Y el A rte hay que respetarlo. Paquirrín, como sabrán ustedes es, además de hijo de torero, hijo de folclórica. Otro currículo memorable. Una folclórica, por cierto, Isabel Pantoja, víctima también de una persecución salvaje hacia nuestras tradiciones. Lo hemos vuelto a comprobar esta semana. Los políticos valencianos y los 'malayos' van de excursión al presidio mientras Fran Rivera y yo nos preguntamos por qué, si robar ha sido siempre tradición en España. 

© Externa
Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Vanitatis

Gestión anuncios
image beaconimage beaconimage beacon