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Las comparaciones son odiosas: las bodas de Rocío Carrasco y los 'Makokikos', a juicio

Vanitatis Vanitatis 19/09/2016 César Andrés

Septiembre de 2016 no será recordado por las altas temperaturas que dominaron en su primera quincena, sino por el regreso de las grandes bodas a golpe de exclusiva. La primera: la de Rocío Carrasco y el fiel Fidel (tras16 años de relación) en '¡Hola!', y la segunda, la deKiko Matamoros y Makoke en 'Lecturas' y 'Semana', 18 años después de su primer encuentro amatorio. En ambas, como testigos de excepción: Juan Peña –que no se salta un bautizo a la torera y las Campos, a las que después de la emisión de los dos capítulos de su docureality no se las puede seguir comparando con las Kardashian, sino con ‘Las chicas Gilmore’ por su disparatada relación entre ellas, con la comida y los hombres. María Teresa se creía rodando ‘Sexo en Nueva York’.

¿Hasta aquí las coincidencias entre ambos enlaces? Cuenta la leyenda si a un rumor se le puede tildar como tal que la desaparecida Rocío Jurado quiso para la primera boda de su hija en 1996 una celebración a la altura de la de la Infanta Elena, celebrada justo un año antes. Hágase su santa voluntad. La niña de 'la más grande’ tuvo la boda más magna. Todo fue tan desproporcionado que sobrepasó, como una ola, las cifras de un enlace real, incluso las alcanzadas por la boda de la madre con José Ortega Cano, también en la finca ‘Yerbabuena’, apenas un mes antes que la de la hija favorita del Rey Juan Carlos en la catedral de Sevilla. El primer enlace de Rociíto ha pasado a la Historia por la actuación musical del torero en la que compuso e interpretó aquello de “estamos tan a-gustito”. Desde entonces un himno de cualquier celebración.

Rocío Carrasco, por aquel entonces Rociíto, todo un angelito © Proporcionado por Vanitatis Rocío Carrasco, por aquel entonces Rociíto, todo un angelito

En el segundo enlace de la hija de Pedro Carrasco, Miguel Poveda cantó ‘Vibro’ de la Jurado, o eso nos han contado. De este momento no han trascendido vídeos, quién sabe si esta ausencia de pruebas se debe a que no estaba invitado Amador Mohedano, acusado de vender el vídeo musical del padre de José Fernando, que el día menos pensando da la campanada casándose con Michu frente a un cheque en blanco. Tampoco asistieron los hijos que Carrasco Jurado tiene con Antonio David, igual que tampoco aparecieron en la celebración del amor de los Makokikos los cuatro vástagos que Matamoros tiene en común con Marian Flores. El padre fallecido de Makoke también recibió un homenaje en forma de canción; su mujer le dedico ‘Cucurrucucú paloma’ para sorpresa de los presentes.

Rocío Carrasco que hace 20 años era Rociíto y nos divertía con sus trastadas de adolescente tardíaapareció arropada, más que adornada, por kilos de extensiones de pelo natural de Perú (importados y esculpidos por Ruphert), encajes, brillantes, muchos metros de tul y unas lentillas de color azul, un azul que hoy sabemos que es azul 'Frozen', pero que entonces ni nos olíamos la tonalidad porque no se había estrenado la película, y de haberlo hecho tampoco nos hubiésemos coscado porque los largometrajes de princesas, a los niños de los 90, nos llegaban en baja resolución y dobladas en español latino. Qué tiempo tan feliz.

Kiko Matamoros y Makoke, blanca y radiente va la novia © Proporcionado por Vanitatis Kiko Matamoros y Makoke, blanca y radiente va la novia

Aquel despropósito era una caricatura descontrolada del vestido que Petro Valverde confeccionó para la hija mayor de los ahora Reyes eméritos. Dos décadas después, Makoke ha seguido la estela de la ex del guardia civil y se ha casado con un look romántico de joven inocente que se entrega al caballero de capa y sombrero por primera vez. No le ha faltado ni la tiara del s.XIX de estilo prendendor fallero, de oro y diamantes de la joyería Bárcena. Ni el propio Kiko se lo imaginaba así, tan parco en escote. Las extensiones de pelo, también de importación, se las han traído desde Rusia, según ha comentado su peluquero, Manuel Zamorano, que saltó a la fama de la mano, o más bien del peine, de Sara Montiel. ‘La diva absoluta’ sí que sabía casarse.

Sería injusto decir que la mujer, que un día fue chica del Telecupón a la vera-verita-vera de Carmen Sevilla, estaba poco favorecida, pero es de justicia admitir que el vestido de Pronovias (de tienda a pie de calle, nada de Atelier) con mantilla al más puro estilo Reina María Cristina, era desacertado para el castillo de Viñuelas, donde ha dado el 'sí, quiero' al colaborador de ‘Sálvame’-limón-naranja-Deluxe y que estaba decorado con infinidad de chupachups a escala –porque  no se les puede llamar bouquets– de rosas y claveles rojos.

Más acorde con el entorno (Valdepalacios, Toledo) decorado con flores de Chipiona, se presentó Rocío con un vestido de Hannibal Laguna hecho a media con transparencias y 5.000 cristales cosidos en forma de nardos (flor favorita de Rocío Jurado) y sin rastro del tornasolado que utiliza el diseñador para confeccionar la mayoría de sus prendas. Rocío es consciente de que dobla la veintena y que los velos y las colas son para las primerizas.

El nivel de los invitados, en ambas celebraciones, ha sido de perfil bajo, a excepción de ‘La chica dorada’. Paulina Rubio quiso honrar con su presencia a Fidel y Rocío. Mucha gente de Telecinco (directores, presentadores y altos cargos entre los invitados a ambos enlaces), pero poca jet set. Demasiado poca como para que las tres revistas adelantasen su fecha de publicación.

Hay una sombra, además de la de las notables e importantes ausencias, que ha planeado sobre ambas celebraciones. La gente se pregunta: ¿por qué se casan después de 16 y 18 años de relación? Ambas parejas alegan que era el momento, su momento, tras tantos años de vida conyugal se han dado las condiciones propicias para pasar por el altar. Ambas parejas han dejado a Dios de lado y se han casado en dos ceremonias civiles, ante los ojos de los hombres y de los lectores. Dicen las malas lenguas, que siempre sobrevuelan sobre las exclusivas, que se han dado el 'sí, quiero' por pasta, más gansa en el caso de la hija del boxeador y la folclórica.

No está de moda pasar por el altar si no hay razón para el bolsillo. De lo que nadie parece dudar es de la obsesión de ambos matrimonios por la seguridad para salvaguardar la correspondiente exclusiva y evitar filtraciones, aunque finalmente las hubo. Mínimas; un par de fotos en las redes sociales que no deslucieron un trío de reportajes poco lucidos de por sí. Quizás por las prisas en publicarlos.

La anécdota más destacada de ambos enlaces la protagonizó María José Cantudo, que sin estar invitada, decidió acercarse al convento de Santa Clara a dejar unos huevos para que a los 'Makokikos’ no les lloviera. La boda de la Cantudo, esa exclusiva sí que vale un millón. Pero más vale no soñar despiertos e ir centrándonos en la siguiente boda con caché millonario: la de Kiko Rivera ¿con mamá Pantoja a la fuga?

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