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Las incógnitas de la herencia de Encarna Sánchez, veinte años después de su muerte

Vanitatis Vanitatis 20/04/2016 Jose Madrid

© Externa

Una heredera inesperada, un robo de joyas, un ama de llaves y una secretaria que guardan secretos y un matrimonio amigo que tiene varias historias que contar. La herencia de la periodista Encarna Sánchez daría para una telenovela de mil capítulos, tal y como las da su propia vida; la existencia de una polémica estrella de la radio que falleció con 59 años hace ahora dos décadas, en abril de 1996. Feroz en sus comentarios, capaz de hundir o levantar carreras con una sola de las críticas que vertía en su legendario programa de la Cope, Encarna fue una de las periodistas más controvertidas y elocuentes del panorama patrio. La historia de su lucha contra el cáncer, sus insinuados romances con personas del mismo sexo o la poca aceptación sobre su condición son 'vox populi'. Algo menos conocidos son los flecos sueltos de su herencia y las incógnitas que siguen rodeándola.

La periodista junto a Jesús Gil y Arturo Fernández (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis La periodista junto a Jesús Gil y Arturo Fernández (Gtres)

Nos disponemos a indagar en su legado y en las polémicas que siguen rodeándolo después de veinte años. Primer dato objetivo: la heredera universal del patrimonio de Encarna fue Clara Suñer, una amiga a la que conoció en la década de los 60. Segundo dato: ese testamento se había redactado en 1970. Tercer dato: era bastante extraño que Encarna hubiese dejado sus propiedades, entre las que se encontraban una casa en La Moraleja, un piso en la calle O'Donnell o el chalet marbellí La Gaviota a alguien con quien hacía décadas que no tenía demasiada relación. “Ese era el primer testamento que había hecho Encarna. Clara no imaginaba que le fuesen a dejar nada. Vivía en el anonimato en Santa Pola, Alicante, llevando una vida bastante discreta y sin contacto con ella”, nos dice una conocida periodista con la que charlamos. Contactar con Suñer es difícil, un “callejón sin salida”, según nos comenta otro periodista amigo. Jesús Salgado, periodista y autor de 'Hasta que la herencia nos separe', un libro donde se habla de la sucesión de la periodista, también reconoce que le fue imposible hablar con ella. “Siempre respondía su abogado, y de forma muy escueta, por teléfono”, nos dice.

Encarna Sánchez en la COPE (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Encarna Sánchez en la COPE (Gtres)

Sin embargo, echamos mano de la videoteca y recurrimos a una de las pocas veces en las que la heredera habló en televisión: el programa 'Dónde estás corazón', en el cual intervino hace ya una década. “Qué pena que no haya encontrado a nadie que le haya echado una mano en su vida”, declaraba Suñer ante los periodistas. “Si una persona no revoca un testamento es que no ha encontrado a nadie...”, añadió ante las cámaras de Antena 3. Pese a que solo se tuvo en cuenta un testamento escrito décadas antes de que muriese Encarna, también hablamos con alguien que nos confirma que los deseos de la periodista, poco antes de morir, eran diferentes a los de ese primer escrito; alguien que nos confirma que la periodista sí tenía a un 'alguien' a quien legar sus bienes. Nos lo cuenta Soledad Jara, mujer del representante Paco Gordillo, amiga y hermana de Carmen, una joven que trabajó en la radio, codo con codo y durante años, con Encarna Sánchez. Nos empieza hablando de ese primer testamento que beneficiaba a Clara Suñer, el único que fue dado por válido. “Ese lo hizo cuando se fue a vivir a América en los años 70, al día siguiente de mi boda. Mi marido y yo ya la conocíamos por aquel entonces”.

Después de esa estancia de años en América, en la década de los 70, surgiría la Encarna Sánchez que toda España conoció: la de los programas como 'Encarna de noche' o 'Directamente Encarna', la amiga especial de Isabel Pantoja, la que se encabronaba ante parodias sobre su figura como la de Martes y Trece. Tras un espacio de tiempo de cinco años, “la época en la que apareció Isabel Pantoja”, en los que Soledad Jara y su marido no supieron nada de ella, Encarna volvió a recuperar su amistad con la pareja y con su pequeño hijo, Sacha. “De hecho, su última Navidad y último Año Nuevo los pasó en mi casa. Éramos vecinos en La Moraleja”, nos cuenta Jara. Poco después de esas fiestas, en el invierno de 1996, Encarna viaja a Pamplona junto a Nuria Abad, su secretaria, su productor, Pedro Pérez, y su ama de llaves, Josefina Pérez. El objetivo del viaje para los tres es saber en qué estado se encuentra la salud de la periodista, que en ese momento ya lleva varios años luchando ferozmente contra el cáncer. Cuando la periodista y su séquito vuelven a Madrid, Soledad Jara descubre que peligra la vida de Encarna y también conoce cuáles son los deseos de esta antes de que la muerte la alcance. “Nos dijeron que había dejado una carta escrita con lo que quería que se hiciese con su dinero después de que el médico de Pamplona le hubiese dicho que le quedaban dos meses de vida”.

Unas visitas “difíciles”

Mila Ximénez, Isabel Pantoja y Encarna Sánchez (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Mila Ximénez, Isabel Pantoja y Encarna Sánchez (Gtres)

Sin embargo, el trato del matrimonio y su hijo con la presentadora se va complicando conforme esta se acerca a su lecho de muerte. Las visitas de los tres a su casa de La Moraleja se hacen cada vez más difíciles. En una de esas citas es la propia Encarna la que habla a Soledad de qué piensa hacer con su legado. “Se quedó mirándome y me dijo: '¿Cómo está el enano? Quiero que sepáis que me han dado dos meses de vida'. Yo intenté animarla pero ella estaba concienciada de ello y me dijo: “Ya he dejado dicho cómo quiero que se reparta lo que hay y quiero que sepas que en primer lugar está lo que quiero dejarle al enano”, asegura, no sin cierta pena, la propia Soledad, que también rememora al otro lado de la línea telefónica cómo su hijo, entonces un adolescente, llamaba a la periodista desde el internado en el que estudiaba y tenía una estrecha relación con ella.

Pese al afecto mutuo, a partir de ese momento y hasta la muerte de Encarna, volver a verla sería una misión imposible para los Gordillo y para su hijo. “Un día me dijo que por qué no habíamos ido a su casa y yo le dije que Nuri (Nuria Abad, su secretaria) nos había dicho que ese no era día de visita”. Una de las fuentes consultadas por este medio va aún más lejos, asegurando que la secretaria tenía a Encarna “prácticamente incomunicada”. La muerte llegó para la polémica periodista un Viernes Santo del 96 y a Jara y su marido ni siquiera les dijeron “cuándo iban a tirar las cenizas a Marbella. Nos enteramos por las revistas, siendo mi hijo su ahijado”.

Encarna Sánchez junto a Rocío Jurado (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Encarna Sánchez junto a Rocío Jurado (Gtres)

Ese 'papel' en el que Encarna hablaba de qué dejaba en herencia y a quién se lo dejaba parecía no existir. “Llamamos a una de las tres personas (su productor, la secretaria personal y el ama de llaves) y todo había cambiado. Nos dijo: “¿De qué carta habláis?, ¿qué lista?”. A raíz de aquella negativa de lo que ellos mismos habían dicho meses atrás recurrimos a abogados. No sé si deberíamos haber luchado más por saber qué había sido de aquel escrito, pero eso se quedó ahí. Quiero dejar claro que Encarna jamás le pagó a mi hijo un curso fuera como se ha dicho. Mi marido ganaba mucho dinero representando a artistas en aquella época y Sacha jamás necesitó nada”. Jara no tiene nada en contra del testamento 'oficial', el único válido. “Lo que recibió Clara Suñer era legal, era un testamento que había dejado la propia Encarna años atrás. Ella era muy supersticiosa y quizá por eso nunca hizo otro nuevo aparte de ese papel en el que mencionaba a mi hijo y del que nunca volvimos a saber nada”.

Aunque parezca que Suñer fue la afortunada de esta historia, la heredera legal y reconocida, la actriz tampoco lo tuvo nada fácil a la hora de recibir lo que le correspondía. Aunque las casas que heredó las pudo vender, hubo un dinero del que nunca más se supo. Volvemos a sus declaraciones en 'Dónde estás corazón' para certificarlo con sus propias palabras. “Hay unos 600 millones desaparecidos… ¿El dinero en efectivo? Las sociedades no tenían un duro (…) Y luego había un dinero en Suiza... Se ha dicho 500 y no, eran 600. Y cuando llegué allí alguien había cambiado la cuenta y habían desaparecido”. Suñer nunca supo qué había sido de ese dinero y, tal y como dijo ella misma, el banco “no quiso” darle ninguna información. La cosa se complica con la historia del robo de las joyas que la periodista poseía en una caja fuerte. Estas, al igual que el dinero, también habían desaparecido, ya que la caja estaba vacía.

“Una mala enemiga”

Encarna Sánchez en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Encarna Sánchez en una imagen de archivo (Gtres)

La historia en torno a la herencia, que se ha debatido una y mil veces en muchos programas de televisión, no ha sepultado al propio personaje que fue Encarna Sánchez. Dependiendo de a quién se pregunte, la periodista tenía motivos o no para ser esa fiera de las ondas que no dejaba títere con cabeza. Soledad Jara asegura que era una “mala enemiga”, pero justifica su agrio carácter. “Le tocó vivir en una época en la que su condición sexual estaba mal vista. Sufría mucho por no aceptar su verdad y sus gustos sexuales”. También hablamos con la periodista Amalia Enríquez, que tuvo su propia sección dentro de uno de los programas que Sánchez realizó en la radio. Su visión del carácter de la periodista también dista mucho de la que se tiene hoy día. “Conmigo siempre se portó fenomenal. Nunca tuve una amistad con ella, de salir y quedar más allá del trabajo, pero siempre fue correcta”.

 Escuchando, gracias a una cuenta de Youtube, los tremendos ataques verbales que la periodista lanzó contra personas como Concha García Campoy o Miguel Bosé, nos llevamos de ella una imagen bastante alejada de la bonhomía. “No tuvo piedad con nadie”, asegura otro periodista que prefiere mantener el anonimato. Con piedad o sin ella, la Encarna Sánchez enferma de cáncer que lanzó sus últimos dardos a través de las ondas también fue un ser “recluido y del que, tristemente y como se ha dicho por ahí, no se respetaron sus últimas voluntades”. Sin embargo, hablar con aquellos que nos den más pistas sobre su legado es hoy una hazaña. Ángel o demonio, persona reprimida o mujer sin pelos en la lengua, hay cosas que solo la propia Encarna Sánchez supo; como aquellos deseos previos a su muerte que quizá se llevó para siempre a la tumba.  

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