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Las mujeres imputadas de Rita Barberá: de la concejala "gris" a la "despótica" secretaria

Vanitatis Vanitatis 28/01/2016 Mayka Paniagua

En muchas de sus intervenciones, el ahora alcalde de Valencia, Joan Ribó, echaba en cara a la exalcaldesa popular y en la actualidad senadora Rita Barberá que hubiera “convertido el ayuntamiento de Valencia en una agencia de colocación de familiares y amigos del PP”. La acusación no era en balde. Desde su hermana, Asunción Barbera, hasta su secretaria, María del Carmen García Fuster, o la exconcejala y exasesora María José Alcón, todos estaban unidos por una especie de árbol genealógico. La operación Taula este martes ha evidenciado de nuevo dicho entramado familiar. Pero fijémonos en dos mujeres que rodeaban a la ahora senadora popular. Dicen los que conocen en profundidad la política local valenciana que no pertenecen al mismo círculo y que una de ellas, García Fuster, pidió la destitución de la otra, Alcón, cuando saltó su nombre en las grabaciones del caso Imelsa.

María José Alcón. ¿Les suena? El martes por la noche era la única detenida en la operación Taula contra la corrupción que logró librarse de la cárcel después de que el juez embargara sus bienes para asegurarse la fianza de 150.000 euros que le ha impuesto. También es la esposa de Alfonso Grau, exvicealcalde del ayuntamiento valenciano hasta que le implicaron en el caso Nóos y hombre fuerte de Barberá.

María José Alcón y Joan Ribó en una imagen de archivo (EFE) © Proporcionado por Vanitatis María José Alcón y Joan Ribó en una imagen de archivo (EFE)

Grau y Alcón habían empezado sus carreras políticas casi al mismo tiempo. Ambos entraron en 1995 como concejales en el consistorio valenciano. Él como delegado de Ferias y Fiestas y ella como edil de Parques y Jardines. Él era médico cirujano, casado en un primer matrimonio con María Ángeles González -con la que tuvo dos hijas-, y muy conocida en la ciudad del Turia por su trayectoria como ginecóloga o su protagonismo en las fiestas. Una larga enfermedad se la llevó en 2010. Alcón estaba casada con Vicente Burgos, también imputado en la operación anticorrupción. Su primer marido era uno de los miembros del 'clan del agujero' del PP valenciano y amigo de la infancia de Francisco Camps. La pareja tuvo un único hijo.

Las trayectorias de Grau y Alcón, sin embargo, fueron muy distintas. La de él fue fulgurante. Tanto que la vicesecretaría se creó para él como si de un traje a medida se tratase. Ella no tuvo buena estrella. En 2009 tuvo que dejar su puesto como concejala de cultura tras un fatídico accidente desde el segundo piso de su casa de Mislata. Su trabajo se lo dividieron entre Mayren Beneyto, aquella que se despidió de su cargo con un texto de Facebook de 19 líneas con 30 faltas de ortografía, y el propio Alfonso Grau. Apenas se supo de ella durante su baja hasta que un día reapareció de la mano de Grau. “Como ven María José Alcón está de nuevo con nosotros. Ayer pidió el alta médica y hoy ya está en el trabajo”, dijo. Ella, muy escueta, reconoció estar muy contenta de volver y explicó que se reincorporaría paulatinamente ya que aún debía seguir con la rehabilitación. “Estoy aquí para ver cómo están las cosas”, dijo.

Desde entonces arrastró un estado de salud delicado. “Fue una concejala de perfil muy bajo”, recuerdan fuentes políticas. Su siguiente aparición lo hizo de la mano del mismo hombre ya convertido en vicealcalde. Para entonces Grau y Alcón ya eran pareja. Dicen que fue él quien solicitó su reingreso al ayuntamiento como “asesora de gabinete” y fue Rita Barberá quien lo autorizó de “forma excepcional”. Su designación fue polémica al producirse justo cuando el Gobierno municipal había decidido recortar el número de asesores. Ella pasó a cobrar unos 57.000 euros y a compartir vida y despacho con su pareja y, como verán ahora, imputación. El 1 de marzo de 2015 se dieron el 'sí quiero'. Ella lucía un vestido de la diseñadora valenciana Amparo Chordá. No hubo luna de miel. El mismo día que se iban de viaje a él lo imputaron por el caso Nóos. Entonces, los diarios valencianos contaron cómo en la boda apenas hubo 20 invitados y fue la propia Rita Barberá la única invitada del ayuntamiento, que regó con champán, jamón y bogavante la celebración.

Alcón iba en las listas como candidata a concejala por el Ayuntamiento de Valencia en 2015 hasta que se hicieron públicas las escuchas con el exgerente de Imelsa, Marcos Benavent. Sorprendió mucho oír a aquella mujer “gris” negociar el pago de comisiones o exigir más dinero e, incluso, decidir cómo se iban a repartir las ganancias de forma contundente. Las evidencias de su implicación motivaron que renunciara a su puesto en las listas de Barberá después de que el PP decidiera suspenderla de militancia. Pero cuentan que fue su marido quien la propuso como su asesora en el ayuntamiento y Rita Barberá dio el visto bueno. Ahora comparten vida, despacho e imputación. No es la única causa que tiene pendiente. Un juzgado de Mislata tramita la querella a instancias de la Fiscalía contra Alcón, su madre y hermanos por no declarar una cantidad que heredó de la venta de un edificio entre 2001 y 2003.

La inseparable amiga y secretaria

En el ayuntamiento de Valencia no parecía que los líos familiares ni amorosos importaran. Uno de los puestos de más confianza con la exalcaldesa era el de la secretaria del grupo municipal popular, María del Carmen García Fuster. Les sonará a ustedes el apellido. Es hermana de José Rafael García Fuster, el exsenador popular y exconsejero del Banco Financiero y de Ahorros. Amigas personales, inseparables, tanta era la confianza que Barberá tenía en ella que su sueldo era mayor que el de muchos asesores (unos 66.000 euros al año) y fue ella quien recogió el acta de Barberá tras las elecciones para que la exlíder no tuviera que encontrarse de frente con su oponente victorioso. Era, dicen, del grupo de los 'pata negra' de la exalcaldesa.

María del Carmen García Fuster en una imagen de archivo (Redes sociales) © Proporcionado por Vanitatis María del Carmen García Fuster en una imagen de archivo (Redes sociales)

Discreta, en un segundo plano siempre al lado de “la jefa”, a quien siempre ha sido leal y supervisaba cada detalle de sus actos o mítines políticos. “Seria, firme y con mucho mando”, apuntan fuentes políticas. “Prepotente”, dicen otros. “Barberá no tenía trato con los funcionarios del ayuntamiento. Era su mano derecha quien lo mantenía por ella de forma despótica”, cuentan. Acostumbrada a moverse por la ciudad en coche oficial, en una ocasión pidió el despido de uno de sus chóferes porque la aconsejó fumarse un cigarro antes de iniciar el trayecto. Inició su carrera política ya como concejal de Alianza Popular. Sin embargo, no era del entorno de Rus y recuerdan cómo fue una de las primeras que pidió la salida de Alcón cuando se descubrieron las grabaciones en el caso Imelsa. En cambio, en círculos políticos algunos la llaman a ella “la lavadora”. Ya saben, del verbo lavar. Aún conserva su puesto en el ayuntamiento, aunque dicen que solo hasta el viernes.

Así es la Rusa, la extravagante mujer que iba de copiloto en el Ferrari de Rus (Ver noticia) © Proporcionado por Vanitatis Así es la Rusa, la extravagante mujer que iba de copiloto en el Ferrari de Rus (Ver noticia)

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