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Las treinta noches de Prince en Marbella: tempura, camiseta del Atlético, un BMW rosa y un yorkshire

Vanitatis Vanitatis 23/04/2016 Amparo de la Gama

Prince llegó a Marbella recién casado. Tenía esa mirada que tienen los que acaban de ser poseídos por Eros. Mayte García y él se dieron el 'sí quiero' un San Valentín de 1996 en una ceremonia secreta de la que nunca hubo imágenes. Para aquel entonces ya tenía claro que el lugar paradisíaco donde vivir ese idilio era Marbella. Allí le edificó Adorna Tierra, un palacete en el que imprimió su emblema con una M en medio (de Mayte) en toda la decoración y ropa de la casa. El príncipe de Minneapolis no esperó siquiera a que cumpliera 18 años. Su vida privada estuvo salpicada de romances, ya fuera Madonna, Kim Bassinger o Carmen Electra, pero hasta que llegó Mayte no supo a qué sabían los besos. Era la primera vez que se enamoraba y quiso traérsela a esta tierra cálida que él denominaba 'el planeta de la pasión'.

Los amores más sonados del cantante (Ver listado) © Proporcionado por Vanitatis Los amores más sonados del cantante (Ver listado)

Era la década de los noventa. Jesús Gil gobernaba el feudo y cuando Prince Rogers llegaba a la Costa del Sol tenía todo un dispositivo de seguridad preparado para la ocasión. Uno de los jefes de seguridad que le acompañaba habitualmente en sus visitas relata a Vanitatis que siempre iban a recogerlo con una limusina blanca al aeropuerto de Málaga: “En una de las ocasiones cuando lo fui a recoger a la puerta del avión, le di un empujón que a punto estuvo de caerse al suelo pensando que era un colgado con un bastón. Viéndole sin arreglar no le reconocí. Era muy flaco y pequeño”.

Era la época de plenitud de su carrera, 'Purple rain' había dado la vuelta al mundo y cada vez que Prince llegaba a Marbella era un auténtico revuelo. En uno de sus viajes le recibió el propio Jesús Gil en persona. Los presentes en esa cita mítica dicen que “el negrito no le hizo mucho caso, miraba para un lado y para otro y que, por cortesía, le cogió una camiseta del Atlético de Madrid que le regaló, aunque no se la puso”.

Enamorados de la noche marbellí

Al artista de Minneapolis le gustaba pasar muchas horas en el palacete de Adorna Tierra, siempre rodeado de la plantilla de seguridad que le ponía el Ayuntamiento de Marbella. Los que allí estaban dicen que este rincón agreste entre Estepona y Marbella era su refugio de día: “Él y su esposa eran aves nocturnas. Les encantaba visitar todos los santuarios de la noche. Pasaron noches en OH Marbella, de los Lozano, y en Olivia Valere nunca bebía alcohol y apenas se movía del recinto privado que le destinaban”, destaca su jefe de seguridad a este medio. Los que permanecían cerca de Prince cuentan a este medio que “pasaba horas del día en un sótano donde instaló un estudio de grabación. La luz del día no le gustaba mucho”.

Así es la casa marbellí de Prince (Ver galería) © Proporcionado por Vanitatis Así es la casa marbellí de Prince (Ver galería)

En la casa correteaba un yorkshire que era el 'baby' de la familia. A veces Prince jugaba con el can debajo de los cipreses; "solía tirarle una pelota de colores, le hacia gracia”. El pequeño peludo era su favorito. Mayte le llevó en más de una ocasión al Hospital Animal que estaba cerca de su casa. El perrito era delicado y el cambio de clima no le debía sentar nada bien. “Pedían el mejor pienso y todo tipo de cuidados para el perrito, sin escatimar nada. Algún lacito que otro también se llevaron”, nos comenta el veterinario.

“Se creía de verdad que era un dios”

La pareja solo habitó el palacete de Estepona en cuatro ocasiones. La suma de madrugadas en total no llegó ni a treinta. Eso sí, su vida en Marbella fue de lo mejor que tuvo la pareja. Les gustaba ir a Puente Romano a cenar, “siempre comían raro, tanto ella como él, mezclas muy extrañas”, afirma su seguridad. La tempura era uno de los platos favoritos de Prince, que “siempre pedía comida vegetariana”. Y el agua de Vichy, su bebida fetiche en los clubs de noche.

El cantante Prince en una imagen de archivo © Proporcionado por Vanitatis El cantante Prince en una imagen de archivo

Theresa Bernabé, una de las reinas del lujo de Marbella y que acompañó a la pareja durante sus estancias en la ciudad y compartió tiempo con ellos en la villa, comenta a Vanitatis que “estaban tan enamorados que daban envidia sana. Eran un encanto. Su BMW rosa ha estado en la casa hasta hace poco tiempo. Entrar allí fue toda una experiencia”. Esa relación basada en lo místico y en la intensidad de los sentimientos tocó a su fin después de dos años. Al poco tiempo de su romance en Marbella, Mayte y Prince tuvieron un hijo. El pequeño nació con una difícil enfermedad, síndrome de Pfeiffer, y murió a los pocos días de nacer. Fue letal y en 1999, apenas tres años después de casarse, pidieron la nulidad de su matrimonio. Al cantante le afectó tanto que dio un bajón artístico impresionante. Aunque se volvió a casar con Manuela Testolini Nelson, de la que se separó después, no pudo olvidar a la diminuta Mayte. Ella, por su parte, tampoco ha tenido más maridos, ni ha tenido hijos; dicen que también quedó marcada con la muerte de su pequeño. Su Adorna Tierra la volvió a ocupar Mayte después, algún fin de semana que otro, con otros amores que no eran Prince, como Tommy Lee, el ex de Pamela Anderson.

Prince nunca más besó la tierra marbellí. Los que le conocieron dicen que era de otro mundo, que no era humano. Incluso su jefe de seguridad sentencia a Vanitatis: “No es que estuviera endiosado, es que él estaba convencido que era divino. De que era Dios. Así nos lo demostraba en sus día a día”. A la periodista de Vanitatis que suscribe este artículo, Prince un día le regaló un folleto diseñado por él mismo con figuras diminutas de muchos colores que él mismo dibujó y en el que rezaba que la salvación pasaba por su universo.

Pero este icono del pop, dios de los dioses, no fue inmortal. El genio de Minneapolis moría en su casa de Paisley Park. Allí preparaba sus memorias y un hueco en esas páginas blancas era para su Taj Mahal marbellí.

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