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Lentillas azules y pelo postizo de princesas peruanas: la primera boda de Rocío Carrasco

Vanitatis Vanitatis 07/09/2016 P. Barrientos

El 31 de marzo de 1996, una veinteañera Rocío Carrasco se casaba con Antonio David Flores en la finca Yerbabuena, propiedad de Ortega Cano. El mismo lugar donde lo había hecho su madre el 17 de febrero de 1995. Un campo engalanado y más de 600 invitados, donde por supuesto la prensa estaba invitada a todo, como el resto de amigos y familiares. A la ceremonia religiosa, al aperitivo servido en el patio de la casa, a la cena posterior, al baile, al resopón y de madrugada al chocolate con churros preparados en el momento. La boda fue, sin duda, muy diferente a la que unirá a Rocío este 7 de septiembre con Fidel Albiac.

En el caso de los periodistas, en ambas boda hubo trabajo y diversión a tiempo completo. No hubo quejas por parte de ningún medio, porque ya se sabía que tanto Jurado como su hija habían hecho un posado mientras se vestían en sus respectivas bodas. La 'más grande' acompañada por su modisto de cámara, Carlos Arturo Zapata, y la niña por Tony Ardón, un diseñador menos conocido que el colombiano pero igual de amigo. No solo le hizo el vestido nupcial a Rociito (que así se la conocía hasta que llegó Fidel a su vida), sino que muchos años después, cuando a la cantante le detectaron el cáncer y estaba ingresada en el hospital Monte Príncipe de Madrid, Ardón le llevó una carpeta con dibujos de sus futuros vestidos que nunca utilizaría. Nadie imaginaba en aquel momento lo que pasaría en la estructura familiar aparentemente unida años después. Rocío Carrasco, desmembrada por decisión propia del núcleo Jurado/Mohedano/Cano.

La madre hubiera preferido que la niña de sus ojos no hubiera tenido tanta prisa en cambiar de estado civil, pero ya venía en camino la hija Ro. Tampoco estuvo de acuerdo en que la joven, una vez que cumplió su mayoría de edad, abandonara el domicilio familiar y se fuera a vivir con Antonio David a Argentona. Cuentan que Rocío sufrió por esta huida sentimental hasta que comprendió que con los hijos era mejor quererlos que establecer fronteras, aunque no se tuviera la razón. Puede ser que si Rocío Carrasco hubiera seguido esa línea vital de su madre, esta segunda y mediática boda habría sido diferente. Pero el futuro nunca es presente.

Las pautas del primer enlace de la niña de la Jurado fueron muy parecidas a las del de su madre. Ceremonia en la ermita de las Cuatro Vírgenes, repique de campanas a la entrada y salida, Salve Rociera, calesas para los novios y padrinos, aperitivos con langostinos de Huelva, cena a lo grande y baile. Todo organizado en una inmensa carpa que acogía a la familia, amigos y hasta a algún enemigo que se encargó de filtrar tiempo después las imágenes de Ortega Cano cantando de madrugada su “Estamos tan a gustito”. Este estribillo improvisado en letra y música por el torero se convertiría en un tema tan obligado en las bodas como el 'Paquito Chocolatero'.

Rocío Carrasco el día de su boda © Proporcionado por Vanitatis Rocío Carrasco el día de su boda

Las curiosidades del enlace

Rociito marcó la diferencia y lució unas lentillas de color azul Nivea que se había colocado meses atrás. Era la moda entre las jovencitas y ella que había sido rebelde desde la adolescencia decidió que ese día no se las quitaba. "Son las cosas de Ro", disculpaba Juan de la Rosa, el que fuera secretario, amigo, casi hermano de Jurado y encubridor en muchas ocasiones de las travesuras de la niña. Pero quizá lo más sorprendente no fue la mirada azul, sino el postizo que le hizo Ruphert a modo de cascada de tirabuzones. Carrasco llevaba el pelo muy corto, casi a lo chico, en ese tiempo. Era difícil colocar los veinte metros de velo de tul y el peluquero lo solucionó de esa manera. Y no era un pelo cualquiera, sino traído especialmente para ella desde Perú. Se dijo que era cabello de princesas de tribus peruanas. Verdad o no, el caso es que hubo quien quiso cortar un rizo por aquello de que traía suerte.

De niña a mujer, la vida de Rocío Carrasco en fotos © Proporcionado por Vanitatis De niña a mujer, la vida de Rocío Carrasco en fotos

Ese día, Rocío Carrasco estaba acompañada por las dos personas que más la han querido en su vida. Su madre, a la que homenajeó luciendo la misma cruz de platino y diamantes que lució en su boda con Ortega y que había pertenecido a la abuela, y su padre, Pedro Carrasco, espléndido en su chaqué. El boxeador se emocionó en varias ocasiones. Una de ellas cuando subía la cuesta camino de la ermita en la calesa engalanada y prestada por Manuel Prado y Colón de Carvajal (el tesorero del Rey emérito) acompañando a su niña y con los acordes del grupo rociero.

Un cuadro familiar que ya no existe y que representaba la España más tópica y típica en sus protagonistas estelares: la folcórica, el torero, el boxeador, la niña y el novio guardia civil. En esta segunda boda no habrá nada de esto y sí una guardia de corps en forma de hombres de negro para preservar una exclusiva que se verá el miércoles que viene.

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