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Los mitos de la alimentación durante el embarazo

¡Hola! ¡Hola! 26/02/2016 hola
© Proporcionado por Hola

Uno de los mitos más frecuentes que rodea el embarazo (al margen de las diferentes teorías sobre si por ejemplo influye o no la luna llena en el parto), es que la mujer debe comer por dos. No es así: las embarazadas deben comer para dos, algo muy distinto, ya que no son ni los mismos nutrientes ni las mismas cantidades de alimento las que necesita una persona adulta que las de un embrión.

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La alimentación, además, debe de ser de calidad: frente a los antojos, que son los que dominan muchas veces los impulsos de lo que queremos comer, estarían las proteínas, fundamentales para la formación del bebé, y cuyo consumo debe mirarse con lupa a lo largo de esos nueve meses. Muchos de estos mitos han sido aclarados por la ciencia y tienen una explicación basada en hechos y no suposiciones. ¿Qué otros mitos dominan la alimentación premamá? Isabel Santillán, ginecólogo especialista en reproducción y directora médica de las clínicas Eva, aclara los más frecuentes

1. LOS ANTOJOS. Los antojos son el resultado de las modificaciones en los niveles hormonales, neurotransmisores y endorfinas que influyen en el apetito. Especialmente del lactógeno placentario, una hormona producida sólo durante el embarazo, que modifica el metabolismo para proporcionar los nutrientes necesarios al bebé.

2. LOS MALOS OLORES. No es que las cosas huelan peor, es que el olfato se vuelve más sensible (lo mismo que el gusto) por la secreción de una proteína llamada olfactomedina.

3. LAS NAÚSEAS. Otro mito desbancado por la ciencia es el origen de las naúseas, que afectan a entre el 70 y el 85% de las mujeres embarazadas, que no se producen por un componente psicológico como se creía antes: la presencia repetida de naúseas y vómitos se debe a la actividad de la gonadotropina corionica humana, una hormona que se produce durante la gestación y que estimula el centro del vómito. Asimismo, se cree que también influirían en estos síntomas las mayores concentraciones de estrógenos y progesterona, así como el déficit de magnesio. Cuando las naúseas y los vómitos son excesivos, además, pueden dar lugar a la hiperemesis gravídica, aunque lo más habitual es poder tenerlos bajo control con comidas frecuentes y ligeras, ricas en proteínas e hidratos de carbono pero bajas en grasas, además de un adecuada hidratación.

4. LA CARNE. Durante el desarrollo fetal es muy importante consumir una cantidad adecuada de proteínas, vitaminas y oligoelementos. Los requerimientos proteícos durante el embarazo aumentan un 12%, y la principal fuente de proteínas para el ser humano son la carne y el pescado. Es decir, la carne no sólo no está contraindicada sino que es fundamental, ya que posee aminoácidos esenciales, hierro y vitamina B12, aunque hay que procurar siempre que esté cocinada.

5. EL PESCADO. El pescado azul es el tipo de pescado más recomendable por el aporte proteínico y de ácidos grasos esenciales y Omega 3 que conlleva, aunque hay que tener cuidado con las raciones, ya que es frecuente, debido a la contaminación de los mares, que los peces contengan cada vez mayores cantidades de metales pesados (como el mercurio, un potente tóxico tanto para los adultos y muy especialmente para los bebés), y que se acumulan precisamente en las zonas grasas. Cuanto más grande sea el pescado, además, más tiempo habrá estado expuesto a este tipo de contaminación.

La recomendación de la doctora: una ingesta moderada de pescado azul de pequeño tamaño, como los boquerones o el Kryll, complementada con el aporte de Omega 3 de otras fuentes vegetales como el aguacate.

6. LOS HIDRATOS. La alimentación de la embarazada debe ser completa y equilibrada, con gran cantidad de frutas y verduras además de carne y pescado. Los hidratos de carbono y las grasas son necesarios y no se pueden eliminar completamente de la dieta, aunque la embarazada presente sobrepeso, buscando eso sí, un equilibrio en su consumo que prevenga la diabetes gestacional. En cuando a los hidratos de carbono: es mejor que sean complejos, como los de las legumbres y hortalizas.

7. LAS GRASAS. Las grasas son necesarias, pero es recomendable que sea en forma de ácidos grasos insaturados y polinsaturados, como los del aceite de oliva y el pescado azul. Además, algunas vitaminas como la A, D y E son liposolubles y se ingieren en alimentos con grasa.

8. LOS SUPLEMENTOS. Durante la gestación aumentan los requerimientos de hierro y ácido fólico, que suelen darse sistemáticamente a las embarazadas en forma de suplementos, ya que a menudo es difícil determinar la calidad de la dieta que llevaba de la mujer antes del embarazo, o si sus depósitos eran los adecuados. El ácido fólico, además, es fundamental para un gran porcentaje de la población, que no dispone de la enzima necesaria para transformar el ácido fólico a su forma activa; una deficiencia que está íntimamente ligada a los problemas en el desarrollo del tubo neural y la formación de la columna vertebral del bebé.

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