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Los "panes que trajo bajo el brazo" la 'princesita' Elena en 1963

Vanitatis Vanitatis 20/12/2015 Fermín J. Urbiola

Habían transcurrido muy pocos meses del año 1963 cuando el rumor se convirtió en una verdadera pesadilla. Los jóvenes príncipes Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, que habían contraído matrimonio el 14 de mayo de 1962 y apenas habían dejado atrás su larga e idílica luna de miel, parece —según se contaba— que no superarían su primera crisis matrimonial. La separación era inminente.

La infanta Elena el día de su primer cumpleaños (Foto: Casa Real) © Proporcionado por Vanitatis La infanta Elena el día de su primer cumpleaños (Foto: Casa Real)

Esa era la noticia que inundaba las redacciones de los principales periódicos de Atenas y de Madrid en marzo de 1963. Una noticia que ya había trascendido los círculos más informados. Era un comentario generalizado en Atenas. Y en Madrid, donde los príncipes vivían aislados y vigilados por el Régimen, los comentarios en torno al supuesto matrimonio relámpago del príncipe eran la comidilla de los retorcidos vericuetos franquistas.

La prueba más evidente era el hecho de que la princesa Sofía hubiera viajado sola a Atenas, ese mismo mes de marzo, para unirse a los actos de conmemoración de los cien años de la dinastía real griega. Una joven dinastía, fundada por el príncipe danés Christian Guillermo Fernando Adolfo Jorge Schleswig Holstein Sonderbur Glücksburg Beck, que con 17 años tomó el nombre de Jorge I de Grecia tras desembarcar en ese país a finales de 1863.

Sin embargo, el 17 de abril de ese mismo año, el príncipe Juan Carlos pudo tomar la iniciativa y borrar de un plumazo ese basto rumor, que ya salpicaba más de una conversación en las cancillerías de toda Europa. Ese día se acercó emocionado a Laureano López Rodó, que trabajaba en el primer Plan de Desarrollo, para comunicarle: ¡Esperamos un niño para finales de año! Una noticia que, según el código de valores de hace 52 años, era la mejor confirmación de que el joven matrimonio gozaba de buena salud.

La infanta Elena junto a sus padres y hermanos en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis La infanta Elena junto a sus padres y hermanos en una imagen de archivo (Gtres)

La princesa Sofía, como toda primeriza y a pesar de contar con la compañía de su experimentada madre Federica, ingresó en la clínica madrileña de Nuestra Señora de Loreto a las siete de la mañana del viernes 20 de diciembre de 1963. Y la primera hija de los príncipes nació siete horas más tarde (a las 14,10), tras un parto sin problemas, asistido por los doctores Mendizábal y Doxiades (médico de la familia real griega), y la comadrona Elvira Morera. Pesó cuatro kilos y 300 gramos.

Esa misma tarde, a la hora más taurina, el príncipe Juan Carlos brindó con champán junto a los periodistas destacados en la clínica, a quienes confesó desconocer el nombre que pondrían a su hija: quizás Victoria, María Cristina, Elena, Sofía…

Un remanso de paz para el rey Pablo

Al día siguiente, el sábado 21, los diarios griegos publicaban en portada una fotografía de la princesa Sofía sonriente, que reavivó la simpatía popular por la familia real, en esos momentos muy criticada. Algunos periódicos jugaron con el doble sentido de la frase: “La hora de la princesa”. Era algo así como un paréntesis a las reiteradas demandas de políticos y de los medios de comunicación al rey Pablo (“La hora del rey se acerca”, titularon días antes algunos editoriales) para que rectificara sobre la política de gastos que llevaba a cabo la familia real desde hacía meses.

Un asunto del que hicieron bandera algunos líderes políticos y que caló en la población. Sobre todo, después de haber dedicado más de 60 millones de pesetas de aquella época (360.000 euros), según decían, a la adquisición de un avión para los desplazamientos de la familia real.

En ese clima y en medio de una profunda crisis política, la sonrisa de la princesa Sofía y las crónicas sobre el nacimiento de la “princesita”, como llamaban en las crónicas a su primera hija, sirvieron para rebajar la tensión… Fue como un remanso de paz inesperado e inimaginable para el rey Pablo I, el abuelo de la “princesita”.

Imagen del bautizo de la Infanta Elena (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Imagen del bautizo de la Infanta Elena (Gtres)

El monarca griego, aunque había viajado a Madrid a finales de noviembre, no pudo esperar al nacimiento de su nieta, debido a la profunda crisis política por la que atravesaba en esos momentos Grecia. No es que se sucedieran primeros ministros cada dos meses, algo casi habitual, sino que los dirigentes políticos eran incapaces de formar Gobierno después de las elecciones de primeros de noviembre. Sin mayorías y sin capacidad de pactos, parecían abocados a una nueva consulta electoral… Así fue. Papandreus no obtuvo la confianza y hubo nuevas elecciones en febrero de 1964. Barrió en las urnas el experimentado Papandreus, por cierto.

Una bendición para los de Estoril

El nacimiento de Elena “conmovió” el corazón de Francisco Franco y permitió viajar a los abuelos paternos de la recién nacida a Madrid para asistir al bautizo, aunque sin que pudieran pisar la capital, por aquello de evitar la oportunidad de que hubiese revueltas monárquicas en la ciudad.

Don Juan de Borbón y su esposa María Mercedes salieron de Estoril el jueves 26 de diciembre, acompañados por sus hijas, las infantas Pilar y Margarita. El príncipe Juan Carlos les esperaba en la frontera de Badajoz.

Doña Elena junto a sus tías (Pilar y Margarita) y sus sobrinas (Leonor y Sofía) © Proporcionado por Vanitatis Doña Elena junto a sus tías (Pilar y Margarita) y sus sobrinas (Leonor y Sofía)

Fue el primer viaje del legítimo heredero a la Corona de España, Don Juan, al centro de España desde 1931. La familia se hospedó en la finca del duque de Alburquerque, en Algete.

El viernes día 27, Doña María de las Mercedes amadrinaba a su primera nieta, Elena María Isabel Dominica de Silos de Borbón y Grecia. El padrino fue Alfonso de Orleáns Borbón, tío de los condes de Barcelona. Y a la ceremonia, que tuvo lugar en la capilla de La Zarzuela, también asistieron Franco y su esposa.

No nació para reinar

La pequeña Elena se situaba en la segunda línea de sucesión, si su padre —con un futuro aún muy incierto— lograba ser el elegido de Franco. Pero no nació para ser reina. El príncipe Juan Carlos lo explicó en aquel campechano encuentro con los periodistas, en la cafetería de la clínica. Aseguró que estaba muy contento de que fuese niña… “Porque es mejor para la educación del niño. Yo también fui el segundo y no estoy arrepentido de ello”.

En todo caso, la “princesita” sí era el centro de toda la atención. Más en Grecia que en España, donde el Régimen se ocupó muy pronto de poner sordina al acontecimiento.

La infanta Elena, un icono de la moda por estos modelitos (Galería) © Proporcionado por Vanitatis La infanta Elena, un icono de la moda por estos modelitos (Galería)

Antes de cumplir los dos meses, la “princesita” realizó su primer viaje internacional. De Madrid a Lausana, el domingo 9 de febrero de 1964, para que la conociera a su abuela la reina Victoria Eugenia. Y de Lausana a Atenas, el sábado 15 de febrero, para presentarse ante el rey Pablo I, que ya estaba enfermo, aunque la gravedad de su dolencia era un gran secreto. Y por ello, por el gran silencio que rodeó su enfermedad, fue objeto de numerosas especulaciones periodísticas, algunas de ellas muy descabelladas.

De hecho, el viaje de los príncipes a Atenas, con su hija recién nacida, estuvo rodeado de un gran sigilo. Hasta el punto de que el embajador de España en Atenas no tuvo conocimiento de su llegada. Fue el propio príncipe Juan Carlos quien acudió a su residencia, entró y dijo: “Aquí vengo a tomar unas copas con los amigos”.

El rey Pablo conoció a su primera nieta a mediados de febrero. Y falleció el seis de marzo siguiente como consecuencia de un cáncer de estómago.

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