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Los supuestos estafadores catalanes de la familia real saudí, al banquillo

Vanitatis Vanitatis 13/07/2016 Mayka Paniagua

Les contamos esta historia remontándonos a los inicios, allá por los años 70. El príncipe saudí Saad Bin, hermano del rey de Arabia Saudí, solía acudir con mucha frecuencia a Cataluña donde dicen se encontraba como en su casa. Era agregado de la embajada de Arabía Saudí y familiar del célebre rey Fahd que, a diferencia de él, extendió su imperio a Marbella. La primera visita fue por motivos médicos. El príncipe y su séquito se instalaron en el hotel Princesa Sofía en el que Agustín González ejercía de subdirector. Ahí empezó a trabarse una amistad que rebasó la confianza.

El príncipe deseaba pasar más temporadas en la ciudad y adquirió varias propiedades entre las que se encontraban dos pisos en la ciudad condal y varias fincas con castillos incluidos; los de Rocabruna y Rocafort, en Santa María d’Oló, en los que llegó a criar elegantes caballos árabes. Saad Bin hizo una oferta a Agustín para que fuera su ‘hombre de confianza’ en Barcelona. Cuando no estaba, era quien gestionaba sus bienes y, cuando años después enfermó de cáncer, le concedió plenos poderes notariales para hacer y deshacer.

Rocafort y Rocabruna © Proporcionado por Vanitatis Rocafort y Rocabruna

Saad Bin Abdul falleció el 23 de julio de 1993 en Houston. A su muerte, y según explica a Vanitatis la letrada que lleva la defensa de Agustín, Olga Tubau, su defendido envió numerosas cartas a sus herederos pidiéndoles que se hicieran cargo del patrimonio, pero nunca obtuvo respuesta. Las deudas se acumulaban. No había dinero para pagar a los empleados ni para mantener las propiedades o alimentar y cuidar a los caballos. Asegura la letrada que Agustín acudió a Riad para entrevistarse con el hijo del príncipe. Aunque el saudí le recibió, le dijo que ni le interesaba ni pensaba hacerse cargo del patrimonio.

Agustín decidió venderlo todo para pagar las deudas. Sin embargo, ahora el fiscal cree que los poderes de Agustín se extinguieron con la muerte del príncipe. Una de las viviendas de Barcelona la compró el exfutbolista Iván de la Peña, mientras que las fincas, incluido el mobiliario, reses y caballos, fueron vendidas a una sociedad representada por una empresaria rusa llamada Olga F.T que pactó un precio superior a los 5,4 millones de euros a pagar en diversos pagarés, aunque abonó unos 601.000 en concepto de prima de la opción de compra.

Diez años después, una querella por estafa

El príncipe saudí Saad Bin © Proporcionado por Vanitatis El príncipe saudí Saad Bin

Diez años después de su muerte y los herederos regresaron a la vida de Agustín con una querella por, dicen, haberse quedado con todo el dinero de la venta de las propiedades del jeque. Agustín mantiene que, después de pagar las deudas, no quedó nada. La querella también se dirige a Olga por un presunto delito de alzamiento de bienes porque, a su juicio, sabía que el jeque había fallecido porque los herederos del saudí enviaron un requerimiento notarial a sus sociedades con avisos sobre sus legítimos dueños. Durante el tiempo que ha durado la instrucción la familia real ha sido poco colaborativa. La comisión rogatoria solicitada para que declararan ha tardado un año y medio porque las autoridades juzgaban que la familia real saudí no debía someterse a ningún interrogatorio o declaración aun cuando son ellos quienes han denunciado. Cuando por fin declararon, negaron que Agustín les hubiera pedido hacerse cargo del patrimonio e incluso aquel viaje a Riad.

Según la fiscalía, el acusado ocultó tanto a los compradores como al notario el fallecimiento del jeque y la consiguiente extinción de los poderes que el príncipe le había concedido. Además dice que Agustín ingresó una parte del dinero, pero no consta a qué destinó el resto y recuerda que a Olga le faltan por pagar unos 2,8 millones de euros. La acusación particular también considera que la empresaria obtuvo unas condiciones ventajosas en la compra de las fincas.

Agustín no podrá sentarse en el banquillo puesto que, a sus 92 años, sufre una enfermedad mental que lo mantendrá alejado de la sala judicial. En su lugar estará su mujer María Antonia para quien la Fiscalía pide una pena de 3 años de prisión al considerar que se benefició del dinero que presuntamente se quedó su marido. Hubo un primer intento de celebración del juicio el pasado 17 de febrero en la Audiencia de Barcelona, pero los herederos reales no acudieron a la cita. Quizás, esta vez sí, se resolverá quién se quedó la fortuna del jeque árabe.

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