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Mallorca y Mario Conde, la relación (narrada en un pregón) que le ha llevado a la cárcel

Vanitatis Vanitatis 16/04/2016 Ana Sánchez Juárez

El 11 de julio de 2009 Mario Conde fue el pregonero de las fiestas de Caimari en Mallorca, la isla que le cobijó y que ahora le ha metido en la cárcel. Han sido unas transacciones de 550.249 euros efectuadas entre 2004 y 2014 en una cuenta de La Caixa de una sucursal de Pollensa lo que ha llevado a su detención la semana pasada acusado de blanqueo de capitales, delitos contra la Administración Pública, insolvencia punible y organización criminal. Con ese dinero se pagaba al guardés de su finca y a su esposa y los abonos al club naútico. Aquel pregón repasa la relación del empresario con la isla donde elegió morir su mujer Lourdes Arroyo. Reproducimos aquí algunos de los fragmentos de ese pregón donde el exdirectivo muestra sus sentimientos más íntimos con la isla:

Mario Conde y su difunta mujer Lourdes Arroyo en su casa de Mallorca (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Mario Conde y su difunta mujer Lourdes Arroyo en su casa de Mallorca (EFE)

Lourdes amaba Mallorca...

"Mi mujer, Lourdes Arroyo, amaba Mallorca. Quería su tierra por encima de cualquier otra. Teníamos posesiones más grandes, pero ella decía que este era su sitio, sin que yo supiera muy bien por qué. Por las mañanas se iba a Pollensa, temprano, paseaba por la plaza del pueblo, se sentaba en una mesa del casino, veía pasar a la gente, comía una tostada con aceite y regresaba a casa. Nunca me hablaba de eso. Lo guardaba para sus adentros, como hacen las personas que cultivan verdaderos sentimientos. Los amasan en soledad. Los acarician en sus almas".

Obediente y recién casado

"Tenía 25 años. Me acaba de casar. Toda mi vida mis veranos transcurrieron en Galicia. Allí conocí a mi mujer, Lourdes Arroyo. Pues bien, después de casarme, ella y su familia, que nada tenían que ver con Mallorca, decidieron que el lugar ideal para pasar el verano eran estas islas. Mi suegro, el padre de mi mujer, gustaba de navegar y decía que aquí, en las aguas costeras de Mallorca, no hay piedras ni bajos ni mareas ni corrientes. Mi mujer estaba de acuerdo y como yo soy muy obediente con los que mandan bien, y muy rebelde con los que mandan mal, que de estos hay bastantes, obedecí, porque mi mujer me mandaba muy bien. Así que con 25 años yo y 20 Lourdes, llegamos a la isla, a Alcudia, a unos apartamento cerca del hotel del Golf".

Te mostramos cómo son los hijos de Mario Conde y su implicación en la trama © Proporcionado por Vanitatis Te mostramos cómo son los hijos de Mario Conde y su implicación en la trama

Nostalgia insular entre rejas

"Hace de esto 35 años. Y desde entonces nunca he faltado, salvo cuando me lo han impedido reteniéndome en lugares bastante poco confortables. Tengo que decirles que en aquellos veranos, que no fueron pocos, que estuve encerrado, en un almacén en el que trabajaba para los presos, existía un pequeño orificio de entrada de aire y luz. Todas las tarde, cuando se ponía el sol y el calor podía ser más llevadero, me sentaba en una silla y miraba por aquel orificio la luz. Y soñaba. Soñaba con Mallorca, Imaginaba a mi familia, a mis amigos, las puestas de sol del poniente en Pollensa, las calas de la Costa Norte... En fin, soñaba y soñar sin nostalgia, soñar con cariño, es una forma de vivir en el corazón lo que no puedes vivir en el exterior".

El fantasma de Can Poleta

"Y nosotros, mi familia y yo, queríamos y queremos a ese trozo de tierra al que llaman Can Poleta, que luego descubrí que quiere decir casa del napolitano, así que allí vivió un napolitano y también, según me dijeron, un fantasma inglés, al que llamaban Oliver. Recuerdo que cuando era presidente del Banco, los encargados de mi seguridad, que dormían en la torre de Can Poleta, decían que oían ruidos raros por las noches. Yo les expliqué que era Oliver, el fantasma. Y, a pesar de que se dedicaban a la seguridad, tenían miedo y no quería subir a dormir allí".

La locura necesaria

"Por cierto, ¿alguien conoce un espectáculo más impresionante que una tormenta de finales de agosto sentado en una piedra en las cercanías de Lluch? Es maravilloso. Dicen que hay que estar un poco loco. Pero es que para vivir la vida en plenitud un poco de locura, no mucha, pero un poco de locura es necesaria. Si no nos acartonamos".

La muerte de su mujer

"Lourdes, contra todos los médicos oficiales, contra todos los que diagnosticaban su estado, quiso venir aquí, a Mallorca, a ver sus tierras, a sentir su mar, a estar con Biel y María, con las piedras de su casa, con sus olivos, con sus amaneceres, con sus atardeceres, con las arenas de sus playas, con sus recuerdos. Silenciosa paseaba más cansada físicamente, pero más llena de ternura en su alma. Vino a despedirse. Yo diría que vino a quedarse aquí. Quería que su espíritu quedara por siempre prendido de este rincón de la tierra".  

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