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Mario Vargas Llosa vuelve a cargar contra la prensa rosa

Vanitatis Vanitatis 08/09/2016 M. B.
Vargas Llosa en Santander (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Vargas Llosa en Santander (Gtres)

Un año después de que iniciara su relación con Isabel Preysler, Mario Vargas Llosa no termina de acostumbrarse a que ha pasado de copar las páginas de cultura a las del colorín. El escritor se ha convertido en uno de los personajes más perseguidos por los paparazzi y, a pesar de que su novia, no solo conoce a la perfección los entresijos del mundo del 'cuore' sino que en más de una ocasión este se ha convertido en su fuente principal de ingresos, prefiere no verse en las páginas de las revistas y ha vuelto a poner de manifiesto su malestar con este tipo de información.

Lo ha hecho en Santander, en la ceremonia en la que era investido doctor honoris causa por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, un acto en el que el Nobel rememoró sus inicios como escritor, destacó algunas de sus obras y también aprovechó para quejarse de la deriva que, según él, había cogido cierto tipo de periodismo. “La prensa de entretenimiento siempre había existido, pero era más bien marginal. Ahora se han quitado esa etiqueta de marginal y han ganado peso contaminando e invadiendo a la prensa en general”, ha dicho el novio de Preysler durante su intervención.

Vargas Llosa e Isabel Preysler (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Vargas Llosa e Isabel Preysler (Gtres)

Sin embargo, Vargas Llosa parece que lleva algo mejor esa exposición pública que tanto critica. “No ha sido una elección mía. Pero hay que llevarlo con espíritu deportivo. La prensa chismográfica ha ganado terreno a la llamada prensa seria. Hay que sobrevivir sin darle importancia”, concluía.

Pero no es la primera vez que Mario Vargas Llosa carga contra la prensa rosa. Cuando en junio de 2015 se destapó su idilio con Isabel Preysler, previo consentimiento por parte de la pareja, se desató una persecución que duró todo el verano. Los fotógrafos los seguían allá donde iban y no solo iban tras sus pasos, sino también tras los de Patricia Llosa, la todavía esposa del escritor. En cuanto tuvo ocasión, el peruano dijo: “Viví la civilización del espectáculo. Sí, me he sentido maltratado, creo que la experiencia que viví, metido en toda una chismografía de pésimo gusto, me confirmó que el periodismo de entretenimiento, como diversión, es decir, el periodismo amarillo, ya no es un periodismo marginal”.

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