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Melania Trump, la primera dama más sexy de la historia de la Casa Blanca

Vanitatis Vanitatis 01/02/2016 Jose Madrid

Principios de los 2000: España entera debate si una modelo noruega, Eva Sannum, puede llegar a convertirse en la reina de España tras destaparse su noviazgo con el príncipe Felipe. Unos quince años más tarde, los norteamericanos se plantean el mismo dilema. Pese a ser un candidato polémico a la Casa Blanca, con comentarios despectivos hacia otras etnias incluidos, Donald Trump se ha convertido en el presidente electo de los Estados Unidos. Y por si la controversia sobre sus apuntes sobre China o los mexicanos ilegales (a los que calificó de “delincuentes y violadores”) no fuese suficiente, su mujer es una exmodelo eslovena que se convertirá en una nueva y atípica primera dama. Por primera vez en la historia, y al contrario que Nancy Reagan o Michelle Obama, la mujer de un mandatario estadounidense sabe más acerca de cómo colocarse el bikini que sobre agasajar a políticos extranjeros en el despacho oval.

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Donald Trump y Melania en una imagen de archivo © Proporcionado por Vanitatis Donald Trump y Melania en una imagen de archivo

Cierto es que ya existe un precedente de primera dama extranjera, Louisa, la esposa de John Quincy Adams. Sin embargo, Melania es la pionera en lo de posar desnuda, algo que no ha hecho ninguna mujer de un presidente. Un repaso a sus primeras declaraciones tras empezar a salir con Donald Trump, allá por los inicios del 2000, no deja indiferente. “Tenemos un sexo increíble al menos una vez al día”, dijo entonces con más picardía que intelecto. Sus orígenes, sin embargo, contradicen sus aparentes torpezas y demuestran que siempre supo lo que quería. Melanija Knavs nació en la Eslovenia de 1970 que aún era parte de Yugoslavia. Hija de otra modelo, Amalija, y del dueño de una cadena de concesionarios, la joven vivió en primera persona los viajes y avatares del negocio de la moda gracias a la profesión de su madre.

Melania Trump © Proporcionado por Vanitatis Melania Trump

Tras mucho pensar qué camino elegir, el destino acabó decidiendo por ella. El fotógrafo Stane Darko la descubrió cuando apenas era una adolescente de 17 años y paseaba su impresionante palmito por un centro comercial situado en Liubliana (Eslovenia). Al fotografiarla, Darko no pudo imaginar que la fama de la joven llegaría a ser planetaria. Poco tiempo después de aquel posado, Melania ya había transformado su verdadero apellido por el mucho más sonoro Knauss y firmaba contrato con una agencia de modelos en Milán. Paolo Zampolli, dueño de una prestigiosa agencia de modelaje, la fichó para su división estadounidense. Así fue como aquella chica que el propio Zampolli definía como “hogareña y nada dada a la fiesta” llegó a Nueva York en 1996, llena de dudas y con una timidez que iría despegándose de ella hasta convertirla en lo que hoy es.

Amor a primera vista

Los primeros años en Nueva York de la eslovena estuvieron marcados por las dudas y por el trabajo, mucho trabajo. Entre pasarela y pasarela, desfile y desfile, Melania apenas sí tenía tiempo de dedicarse a asuntos de cariz personal. Parecía natural, por tanto, que su primer encuentro con Donald Trump se produjese por la vía laboral, cuando Zampolli la llevó a una fiesta organizada por él en el Kit Kat Club con motivo de la Semana de la Moda de Nueva York de 1998. Aunque el millonario Trump, que entonces tenía 52 años, se quedó fascinado con ella, no le fue fácil conseguir su número de teléfono. Al verlo con otra mujer, la propia Melania reconoció que no era de las que dan su número tan fácilmente. ¿Se trataba de una estrategia para conquistarlo? Si lo era, le salió a la perfección, ya que fue él el que acabó dándole todos los números telefónicos habidos y por haber (de su oficina, de su casa y de cualquier lugar en el que pusiese un pie) y fue ella la que acabó llamándolo.

Melania Trump en una imagen de archivo © Proporcionado por Vanitatis Melania Trump en una imagen de archivo

Cuando Trump se divorció de su segunda esposa, Marla, en 1999 y empezó a salir con Melania, la prensa sensacionalista tuvo mucho que decir. A sus 29 años, se la catalogó inmediatamente como una descarada cazafortunas. “La prensa puede llegar a ser muy cruel. No se puede abrazar un apartamento o un avión”, llegó a replicar, dolida, la modelo. Pese a los malos pronósticos, la pareja acabó contrayendo matrimonio el 22 de enero de 2005 en un resort de lujo situado en Palm Beach. De un Donald Trump nadie podía esperar una boda convencional o mediocre. Desde entonces, la Melania modelo y de carácter tímido se convirtió en la 'mujer de' que regalaba imágenes de lujo y oropel a través de las incipientes redes sociales. Aviones privados, 'selfies' con todo tipo de joyas y complementos se convirtieron en parte de su día a día. Hasta las imágenes junto a su hijo Barron, que vino al mundo en 2006, eran una anomalía dado lo poco familiar de las estampas llenas de lujo que se dedicaba a compartir vía Twitter.

Durante años, Melania no se lo ha pensado a la hora de mostrar la 'suite' del Trump Tower que ocupa junto a su retoño o los muebles adornados con oro y mármol que adornan su nada humilde hogar. Tampoco muestra reparos en enseñar los carísimos tratamientos para su rostro, que ya empieza a acusar los 45 años que pesan a sus espaldas. Tan proactiva es que ya ha iniciado su propio negocio de joyería. Ahora, además, está más preparada que nunca para hacer frente a las críticas más despiadadas sobre cómo ejercerá de primera dama. Todo aquel que la acuse de ser fría o insustancial tendrá que informarse primero acerca de los cuatro idiomas que habla o la habilidad social que le dejaron sus continuos viajes cuando era solamente una adolescente.

Además, se ha convertido en la mejor asesora de su marido. Cuando este se empeñó en atacar sin piedad a Jeb Bush, otro republicano de pro, fue ella la que le aconsejó que no lo hiciese nunca más. También es bastante útil su ayuda cuando Trump tiene que acudir a entrevistas televisivas o hacer declaraciones y se pregunta cuál es la mejor corbata o el mejor atuendo con el que tiene que ser visto un futuro presidente de Estados Unidos. Una prueba más de que el refrán que asegura que detrás de un gran hombre hay una gran mujer no va a dejar de cumplirse por su culpa o por su indudable erotismo. Como muchos argumentan: si vivimos en una sociedad cada vez más sexualizada, ¿qué mejor primera dama que Melania Trump?

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Melania Trump sería la pionera en lo de posar desnuda, algo que no ha hecho ninguna mujer de un presidente. Un repaso a sus primeras declaraciones tras empezar a salir con Donald Trump, allá por los inicios del 2000, no dejaría indiferentes a los hipotéticos votantes del millonario. “Tenemos un sexo increíble al menos una vez al día”, dijo entonces con más picardía que intelecto. Sus orígenes, sin embargo, contradicen sus aparentes torpezas y demuestran que siempre supo lo que quería. Melanija Knavs nació en la Eslovenia de 1970 que aún era parte de Yugoslavia. Hija de otra modelo, Amalija, y del dueño de una cadena de concesionarios, la joven vivió en primera persona los viajes y avatares del negocio de la moda gracias a la profesión de su madre. © Externa Melania Trump sería la pionera en lo de posar desnuda, algo que no ha hecho ninguna mujer de un presidente. Un repaso a sus primeras declaraciones tras empezar a salir con Donald Trump, allá por los inicios del 2000, no dejaría indiferentes a los hipotéticos votantes del millonario. “Tenemos un sexo increíble al menos una vez al día”, dijo entonces con más picardía que intelecto. Sus orígenes, sin embargo, contradicen sus aparentes torpezas y demuestran que siempre supo lo que quería. Melanija Knavs nació en la Eslovenia de 1970 que aún era parte de Yugoslavia. Hija de otra modelo, Amalija, y del dueño de una cadena de concesionarios, la joven vivió en primera persona los viajes y avatares del negocio de la moda gracias a la profesión de su madre.
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