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Merche somos todos

Vanitatis Vanitatis 07/05/2016 Nacho Gay

En las bodas siempre hay un borrachín de unos cincuenta tacos dando el cante. No falla. Le reconocerán porque lleva un lado de la camisa metido en los pantalones y el otro por fuera. Todos se ríen menos la familia directa, que no sabe dónde meterse. Llega un momento en que la esposa se cabrea, le coge del brazo y le sienta mientras le canta las cuarenta. Uno siempre piensa lo mismo cuando ve esa escena: "Pues tampoco era para tanto". Pero te equivocas. Te equivocas porque él no es de tu familia.  

Nunca se ha desvelado por qué Francis Ford Coppola decidió comenzar 'El padrino' con una boda. La respuesta está en el párrafo anterior. Él sabía que algún tipejo de 50 se iba a emborrachar en ella e iba a avergonzar a su familia. Y la familia, coño, es siempre lo primero. 

Familia de verdad son los Alcántara. Si por algo nos ha gustado siempre esta gente es por la incombustible decencia con la que han afrontado la historia reciente de España, lo cual no es moco de pavo. Y siempre unidos, además. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza... y en el presunto desfalco. Una familia, al fin y al cabo. 

Arrancaba el capítulo de la noche de este jueves en todo lo alto, con el narrador omnisciente diciendo algo así: "Todos los delincuentes, antes o después, acaban pagando por sus delitos". Ración de moral a la plancha que así expuesta parece pretenciosa, alguno diría que hasta premonitoria, pero viniendo como viene de los Alcántara, gente sin mácula, es palabra de profeta.  

Como el capítulo iba de juicios y estafas piramidales, la gente aprovechó en Twitter la coyuntura para colgar unos temas de los que yo no tenía conocimiento alguno hasta ese preciso momento. Que si embargan las cuentas a la productora de la serie, que si Panamá, que si testaferros costarricenses amigos de Granados... Algo muy gordo, vamos.  

Yo que considero a los Alcántara de mi familia, empecé a sentir cierta vergüenza, como pasa en las bodas cuando alguien se emborracha. Antonio es un buen hombre, pero de él me lo podía esperar, porque una vez le puso los cuernos a Merche y ya no me parecía muy de fiar, la verdad. Pero ¿de ella? ¿Tú también, Bruto?  

Ya no vi el capítulo tranquilo, claro. Por ejemplo, en la escena en la que el matrimonio abandonaba el despacho de un abogado, yo les veía mover los labios pero les escuchaba decir frases que en realidad no estaban en el guion.  

-Antonio: Fuguémonos al Caribe, Merche.  

-Merche: Ay, Antonio, qué tonterías tienes.

Ana Duato en el papel de Merche en 'Cuéntame cómo pasó' © Proporcionado por Vanitatis Ana Duato en el papel de Merche en 'Cuéntame cómo pasó'

Yo estaba un poco desubicado ya a esas horas. Se me había venido el mundo encima. De pequeño había intentado creer en Dios, pero al no verle nunca se me hacía cuesta arriba, así que llevo quince temporadas creyendo en Merche. Si los españoles no podemos ya creer en la matriarca de los Alcántara, ¿en quién podemos hacerlo?  

Llevaba tiempo convencido de que los problemas de España eran un cuento de los políticos y los periodistas para que sigamos convencidos de que ambos gremios son importantes. Sin embargo, este jueves, mientras el 'prime time' de TVE se iba pareciendo cada vez más a 'El padrino' de Coppola (yo ya veía a Herminia sacando una navaja Pallés en cualquier momento), pues me iba cerciorando un poco de que las cosas no nos pueden ir del todo bien.   

Piensa, Nacho, piensa.  

Al borde ya del infarto de miocardio, encuentro consuelo in extremis precisamente en el 'cuore' de 'El padrino'. Porque si a mí me duele que los Alcántara estén citados a declarar por la Audiencia Nacional, eso es que me importan, que los siento de mi familia. Y la familia es lo primero. Si Merche se emborrachase en una boda, yo la sentaría en una silla y le cantaría las cuarenta. ¿Voy a juzgarles ahora? ¿Voy a traicionar a mi propia familia? Joder, si los Alcántara somos todos, como Hacienda.  

Bueno, Hacienda somos todos menos los Alcántara.

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