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Miss Fitzherbert, el verdadero amor de Jorge IV

¡Hola! ¡Hola! 25/11/2016 hola

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© Proporcionado por Hola

María Ana Fitzherbert (1756-1823) ha pasado a la Historia por ser, probablemente, la amante Real más famosa del Reino Unido, e, igualmente, por ser una de las mujeres más controvertidas de los siglos XVII y XVIII. Dos veces viuda y con claras ambiciones, la Fitzherbert comenzaría una turbulenta pero sincera relación con el Príncipe de Gales, el futuro Jorge IV (1762-1830), que terminaría en un matrimonio secreto. Aunque era una mujer de rasgos peculiares – nariz aguileña y una dentadura irregular – todas las crónicas coinciden en su indiscutible atractivo, basado, sobre todo, en su poderosas personalidad y simpatía.    

María Ana Fitzherbert, su apellido de soltera era Smythe, nació el 26 de julio de 1756 en Tong, una localidad del condado de Shropshire. Era la hija mayor de Guillermo Smythe y Mary Ann Errington, una pareja de católicos bien posicionados socialmente y que mantenían una buena relación con no pocos miembros de la aristocracia británica, sobre todo debido a que la madre era una hermanastra del Conde de Sefton. La joven María creció pues en un entorno de clase media alta, por lo que no fue raro que al llegar a la pubertad fuera enviada a París para su completar educación.

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Apenas después regresar de tierras galas, María, a la edad de 18, contraería matrimonio con Edward Weld, 16 años mayor que ella. La razón principal de este enlace sería el hecho de que Weld poseía un importante patrimonio, sobre todo en tierras, que hizo que los padres de Mary le consideraran el candidato idóneo para casar con su hija. Por desgracia para la joven María, su nuevo marido se cayó de un caballo sólo tres meses después de la boda. La jovencísima viuda no recibiría ni un solo penique de la herencia, una vez que el finado no había hecho testamento después de casar con la joven. María quedó pues en una situación financiera desesperada.

La urgente necesidad de encontrar un nuevo marido que le diera protección económica, le llevaría a casar en segundas nupcias con otro hombre mayor – en este caso 10 años -, Thomas Fitzherbert de Swynnerton. La pareja llegaría a tener un retoño que, no obstante, moriría muy joven. María volvería a enviudar el 7 de mayo de 1781, aunque esta vez tendría más suerte, y sí recibiría herencia: una noble casa en Park Street, en el barrio londinense de Mayfair, y un ingreso anual de unas 1.000 libras esterlinas anuales, una cifra más que considerable para la época.

Con una vida mucho más desahogada, María comienza a disfrutar de la vida social de la capital británica. Una vez que su estatus económico, después de enviudar, era más que saneado, la joven comenzó a tener no pocos pretendientes. En una de estas reuniones con lo más granado de la alta sociedad capitalina, María Fitzherbert llamaría la atención del joven Príncipe de Gales cuando asistía a la ópera en la compañía de Lord Sefton. A pesar de que María era cinco años mayor que el Heredero, éste quedó prendado de ella y comenzó a interesarse por ella. Ella se dejaría llevar y también se enamoraría del apuesto Príncipe de 22 años. Poco después, los rumores sobre un supuesto romance entre María y el Príncipe comenzaron a ser la comidilla de todas las fiestas.

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El idilio, en todo caso secreto, fue progresando, hasta el punto de que en julio de 1784 el Príncipe le regalaría un magnifico anillo como regalo de compromiso. La joven María se mostró desde un primer momento reticente a aceptar la propuesta y presa de la ansiedad llegaría a abandonar Inglaterra por unos días, buscando tranquilidad en Europa. Finalmente regresaría a Londres en diciembre de 1785, convencida de su amor por el Príncipe. Fue en este punto cuando la pareja contraería matrimonio en el salón de la propia casa de María, en el más estricto de los secretos.

Mucho se ha discutido sobre las razones que llevaron al Príncipe de Gales a no hacer público su romance y posterior matrimonio con María Fitzherbert. La razón principal que se alega es el hecho de que María era una mujer de fe católica, lo que prácticamente la inhabilitaba como consorte del Rey de Inglaterra. Una vez que el Príncipe daba por hecho que su padre, el rey Jorge III (1738-1820), nunca aceptaría un matrimonio con una católica que para más inri había estado casada ya dos veces, la única opción posible era un matrimonio clandestino, oficiado por uno de los capellanes de Palacio, quien habría accedido a oficiar la boda a cambio de una notable cantidad de dinero.

Los rumores sobre el Príncipe de Gales y la señora Fitzherbert eran incesantes. A esto ayudaba igualmente la extravagancia y el estilo de vida decadente de María, que no dudaba en organizar fastuosas fiestas en las que aparecía vestida como si de una reina se tratara. Con el único objeto de tranquilizar a su padre y a los consejeros de éste, el príncipe Jorge accedió a casar con una princesa europea y protestante, la ínclita Carolina de Brunswick (1768-1821), con la que casaría en 1795 y de la que se separaría doce años después, siendo, en cualquier caso, la madre de la única hija legítima de Jorge IV, la princesa Carlota de Gales (1796-1817).

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El matrimonio del Príncipe con Carolina de Brunswick fue un desastre. El Príncipe, de hecho, nunca dejaría de vivir su historia de amor con María, con la que, después de la separación, volvería a convivir bajo el mismo techo. Así sería hasta aproximadamente 1811, cuando después de una crisis, la pareja pondría punto y final a su relación. En la actualidad se considera a María como la auténtica y única esposa del príncipe Jorge. Cuando éste subió al trono en 1820, María mantendría una posición de impoluta discreción, aunque según algunos especialistas, entre bambalinas habría amenazado con hacer pública su relación con el ya Rey, en el caso de que no se le compensara de forma económica. En todo caso, cuando el Rey murió en 1830, es conocido que María sufrió una grave crisis nerviosa, de la que, de hecho, nunca se recuperaría. El Rey, por su parte, en su lecho de muerte, hizo redactar una carta en la que le confesaba su amor y su gratitud por los años de fidelidad y amor incondicional.

María continuaría viviendo alejada de la vida pública en Brighton hasta su muerte en 1837, siendo enterrada en la iglesia católica de San Juan Bautista de la misma localidad. Una de las grandes cuestiones sobre el matrimonio entre María Fitzherbert y el Príncipe de Gales es aquella que hace referencia a la posible descendencia de la pareja. Algunos historiadores apuntan a que habrían tenido varios hijos. Entre ellos, se suele mencionar a James Ord, nacido en 1786, quien llegaría a ser miembro destacado del ejército de los Estados Unidos. Otros añaden a dos supuestas hijas, Mary Ann Smythe y Mary Dawson-Damer, las cuales se solían presentar como sobrinas de María Fitzherbert. Curiosamente ambas serían incluidas generosamente en el testamento de María y, según varias fuentes, mantendrían un contacto regular con sus presuntos padres. 

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