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Nada de 'selfies', nada de 'Kate' y nada de sombreros después de las seis: las reglas de oro para dar la mejor de las bienvenidas a los Duques de Cambridge a Canadá

¡Hola! ¡Hola! 26/09/2016 hola

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© Proporcionado por Hola

Los canadienses disponían de una guía de etiqueta del Departamento de Patrimonio para no fallar en su bienvenida a los Duques de Cambridge, y todo hay que decirlo parece que ha cumplido a la perfección su cometido. Las recomendaciones del manual de protocolo ad hoc para la visita real de los Cambridge descartaban los selfies, porque toman demasiado tiempo y porque sobre todo "no es apropiado darle la espalda a la Familia Real"; dirigirse a los Duques por sus nombres de pila, Guillermo y Kate (aconsejaban llamarlos Su Alteza Real y Señor o Señora), así como llevar sombreros después de las 18:30 (aunque sugerían vestir ropa elegante, se advertía de que no hacía falta hacer gastos innecesarios en prendas especiales para la ocasión como sombreros y guantes). También daba las pautas para hacer una reverencia real: los hombres deben inclinar el cuello un poco más de lo que se exige en un guiño de cabeza y las mujeres deben poner su pie derecho detrás de su talón izquierdo y doblar las rodillas ligeramente.

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Sin duda la llegada de los Duques de Cambridge a Vancouver ha sido una de sus más memorables hasta la fecha y el recibimiento de los canadienses antológico, cuando ayer por la mañana la pareja real se embarcó en el segundo día de su gira por Canadá a bordo de un hidroavión. La calurosa acogida que les habían otorgado en Victoria, Columbia Británica, al príncipe Guillermo y a su esposa, la duquesa Catherine, fue rebasada, si es posible, por la que les concedieron en Vancouver, pese a la amenaza de lluvias. Les cayó un buen chaparrón, en cambio, de muestras de cariño, agradecimientos y, también, regalos. Grandes multitudes aguardaban la llegada de los Duques, que se mostraron visiblemente abrumados al salir de la aeronave. Vítores y aplausos sonaron en todo el Centro de Vuelo del Puerto de Vancouver, mientras los visitantes reales correspondían con sonrisas y saludos en su trayecto a tierra firme para comenzar un ajetreado día de compromisos oficiales.

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La Duquesa, la top fashion influencer de Reino Unido, dio argumentos incontestables de su nuevo título con un segundo atuendo sublime de Alexander McQueen en rojo y blanco, un guiño premeditado a los colores del país anfitrión, que combinó con unos zapatos de tacón de Hobbs y un bolso de mano de Miu Miu a tono. Las autoridades de la ciudad, incluida la Primera Ministra de la Columbia Británica, Christy Clark, recibieron oficialmente a los Duques, que tienen un gran equipo detrás y viajan en esta gira acompañados por un séquito de 12 personas de su oficina, así como también por otra nutrida comitiva de periodistas expertos en realeza, entre los que se encuentra la enviada especial de Hello!, Emily Nash, que se ha unido a la familia Cambridge en este tour histórico para dar una vez más la más amplia cobertura de los acontecimientos de la Familia Real británica.

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Los ausentes príncipes George y Charlotte, los grandes protagonistas de la primera jornada de este viaje, volvieron a acaparar nuevamente la atención. Aun sin hacer acto de presencia (aguardaban el regreso de los Duques al cuidado de su niñera), se convirtieron en recurrente tema de conversación y en principales destinatarios de los obsequios de los canadienses, como en la visita de la pareja real al centro Sheway de Vancouver, que proporciona servicio social a las mujeres embarazadas y madres de bebés menores de 18 meses que están tratando de superar problemas de drogas y alcohol.

La Duquesa, que derrochó instinto maternal con todos los críos, muchos de los cuales eran de la misma edad de su propia hija (la princesa Charlotte tiene 16 meses), compartió un momento especialmente tierno con la niña que le haría entrega de sendos osos de peluche especialmente diseñados para los más pequeños de la familia: “Me encanta tu vestido, es tan bonito”, dijo la duquesa Catherine a Hailey Cain, de cinco años de edad, al recibir de sus manitas los teddy bear vestidos con chalecos, uno de color rojo y otro de color negro. “Muchas gracias, a la princesa Charlotte le encantará, adora sus peluches”. “A George también, él es un gran fan, muchas gracias”, añadió el Príncipe.

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Los Duques recibieron las disculpas de una mamá que había llegado tarde: “Lo siento, tuvimos un pequeño percance antes del encuentro”. Un retraso al que el Príncipe le quitó toda la importancia: “No hay problema en absoluto, sabemos todo acerca de esos incidentes”, rió y luego presenciaron una sesión de Cuentacuentos y un chequeo médico a un bebé de tres meses, Jasmine Hydrochuk, que iba vestida para la ocasión de punta en rosa con un vestido, diadema y cubrepañal a juego. “Miren su vestidito”, dijo el príncipe Guillermo y agregó: “¿No llevas bien toda esta atención?”. Y a su vez la duquesa Catherine le dijo a la madre de Jasmine: “Es tan increíblemente dulce. No puedo creer lo buena que es. Siempre que pesábamos a George y Charlotte, no se quedaban quietos ni un segundo”. Una hora después visitaron una organización benéfica con programas específicos para refugiados, mujeres, niños y jóvenes, incluidos los recientemente reubicados de Siria.

Si la llegada a la ciudad fue estelar, la partida de Vancouver fue igualmente memorable: la pareja real se subió a un aerodeslizador en la estación de guardacostas de Vanier Park. Felices y relajados, se despidieron de los cientos de admiradores que no quisieron perderse el momento histórico. Un multitudinario adiós a los Duques, que se hizo extensivo a los príncipes George y Charlotte al obsequiarles dos chalecos salvavidas personalizados. La tercera jornada de su gira promete lo mismo y mucho más: visitarán el destino privilegiado de la selva del Gran Oso, espacio en gran parte protegido que sirve de refugio a especies amenazadas, y asistirán por la noche a una recepción ofrecida en su honor por la provincia de Columbia Británica en la Casa de Gobierno.

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