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Pon rumbo al norte: ¿te apuntas al viaje por mar más bello del mundo?

Vanitatis Vanitatis 03/06/2016 Ángeles Castillo

De Bergen a Kirkenes, la costa noruega son palabras mayores. No solo porque la naturaleza se muestra en todo su esplendor y exuberancia, sino por el lugar que ocupa en el mapa, allá en los confines, donde la realidad coquetea con la leyenda, haciéndose más y más norte, entre glaciares, ballenas y águilas marinas, y al sol de medianoche. No podía ser más maravilloso ni más edénico. Por algo dicen que es el viaje por mar más bello del mundo. Embarcamos en el Expreso del Litoral de la compañía naviera Hurtigruten. Nos van a doler los ojos de tanto mirar.

1. Bergen, la entrada a los fiordos

Habrás oído hablar una y mil veces de los fiordos. Pues esta es la puerta de entrada a estos brazos prolongados del mar que se cuelan entre imponentes alturas. Parecen lagos pero su agua es salada. Bergen es la segunda ciudad más grande de Noruega aunque, para deleite del viajero explorador, tiene todo el encanto de una ciudad pequeña. Museos, galerías de arte, restaurantes a gogó, tiendas de artesanía, el muelle hanseático Bryggen, el mercado de pescado y mucho ambiente. Además, nos hallamos en tierra vikinga, por si faltaba emoción. Aquí nos rodean no siete colinas como en Roma, sino siete montañas. El número sigue siendo igual de mágico.

En Bergen y demás te entrarán ganas de pintar (Foto: ©Innovation Norway/Andrea Giubelli) © Proporcionado por Vanitatis En Bergen y demás te entrarán ganas de pintar (Foto: ©Innovation Norway/Andrea Giubelli)

2. Alesund, la ciudad Art Noveau

Si ya empezabas a creer en los elfos y las valquirias, este es el lugar donde te bautizarás definitivamente en la fe de la mitología escandinava. La mires por donde la mires, Alesund te sacará los colores: por su sorprendente arquitectura, fruto de la reconstrucción a raíz de un incendio en 1904, por alzarse sobre varias islas atlánticas y por su paisaje embriagador de montañas elevadas hasta los 2.000 metros sobre sus aguas color azul zafiro, que para colmo están llenas de peces. La naturaleza es salvaje siempre, no importa el año ni el mes. Oslo, para que te hagas una idea, queda a 540 kilómetros; Trondheim, nuestro próximo destino, a 285. A Bergen lo hemos dejado a 370 (en coche).

Alesund se alza sobre varias islas (Foto: ©Innovation Norway/Marte Kopperud) © Proporcionado por Vanitatis Alesund se alza sobre varias islas (Foto: ©Innovation Norway/Marte Kopperud)

3. Trondheim, universitaria, gastronómica...

La siguiente parada es la Granada noruega, una ciudad estudiantil en un marco solemne más allá de los birretes y las togas. Y además tecnológica –aquí está la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología–, aunque también muy muy verde; musical, sede de festivales de jazz, blues, músicas del mundo, rock y pop; gastronómica, con citas obligadas de comida y cerveza, y cervececerías y restaurantes sobresalientes por doquier; y paraíso de ciclistas –tiene el primer ascensor de bicicletas del mundo, en pleno casco antiguo–. Un dato curioso: fue capital de Noruega de 1030 a 1217. Entonces se llamaba Nidaros.

Una panorámica de Trondheim (Foto: ©Innovation Norway. Visitnorway.com/CH) © Proporcionado por Vanitatis Una panorámica de Trondheim (Foto: ©Innovation Norway. Visitnorway.com/CH)

4. El Reino del Sol de Medianoche

El barco continúa su rumbo hasta el Círculo Polar Ártico, hasta lo que se conoce como, y no es literatura, el Reino del Sol de Medianoche. Allí donde el día no termina nunca y donde el sol jamás acaba de ponerse. Un atardecer eterno de postal y con la luz roja amarillenta siempre encendida. Es el telón de fondo veraniego de los pastores de renos sami en el lejanísimo norte, el de los archipiélagos siempre tentadores de Lofoten y Vesteralen, el de las ballenas y ahora también el nuestro. Todo pero todo se puede hacer pasadas las 22 h: remar en el río, jugar al golf, practicar natación o pescar. No llegará la noche. Es lo que tiene estar tan cerca del Polo Norte.

El sol de medianoche pinta el paisaje de este color (Foto: Hurtigruten) © Proporcionado por Vanitatis El sol de medianoche pinta el paisaje de este color (Foto: Hurtigruten)

5. El fiordo Geiranger, una joya de la humanidad

A bordo de este barco, seremos testigos de la grandiosidad del Geirangerfjord, el fiordo azul rodeado de verde y regado por salvajes cascadas que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Hay cataratas que se han hecho, cómo no, famosas: las conocidas como las Siete Hermanas, el Pretendiente o el Velo Nupcial. Lo suyo es lanzarse a practicar senderismo, coger el kayak o entregarse a la pesca, que aquí es deporte nacional. Todo se labró en la última era glacial y, sí, fueron los glaciares, atentos al Svertisen, el segundo más grande del país, los causantes de la belleza de todo esto. No hay que perderse la carretera de montaña Trollstigen. Al fin y al cabo, es la mítica carretera de los troles (los 'trolls' mitológicos, esos duendes malignos).

En bici por el fiordo Geiranger, todo un lujo (Foto: ©Innovation Norge) © Proporcionado por Vanitatis En bici por el fiordo Geiranger, todo un lujo (Foto: ©Innovation Norge)

6. Lofoten, las islas vírgenes

Si ya estabas deslumbrado por tanta belleza, agárrate, porque viene más. Es la hora de Lofoten, salpicado de pequeños pueblos pesqueros en islas aquí y allá, por encima del Círculo Polar Ártico, donde todo se vuelve génesis y creación: la colonias de aves marinas, las soberbias montañas, los fiordos, las largas playas. ¿Submarinismo, 'rafting' marino, senderismo, kayak, una acampada bajo el cielo estrellado o en una cabaña típica del pueblo sami, un viaje en un trineo de perros? A todo te querrás apuntar, aunque la verdad es que mirar resulta más que suficiente. No olvides que estás en tierra vikinga, con su museo 'ad hoc' y todo. Si miras al cielo por estas fechas (hasta mitad de julio), verás el sol de medianoche. A partir de septiembre, le toca a las auroras boreales. ¿Para comer? Pescado desecado. Y cerca, muy cerca, las islas Vesteralen.

El Expreso navegando por las islas Lofoten (Foto: Hurtigruten) © Proporcionado por Vanitatis El Expreso navegando por las islas Lofoten (Foto: Hurtigruten)

7. Tromso, la capital del Ártico

El barco llega ahora a la que fue bautizada como el París del Norte por los comerciantes del siglo XIX, el punto de partida de numerosas expediciones polares -aquí está precisamente el instructivo Museo Polar- y lugar de peregrinación para ver las auroras boreales, que tienen hasta su propio festival. En esta ciudad, que atesora casas antiguas como joyas, da cobijo a una población multicultural y presume de ingredientes frescos del Ártico en sus restaurantes, se alza orgullosa la catedral de madera más grande del norte de Escandinavia. Estamos solo a 350 kilómetros del Círculo Polar Ártico. Esta es su puerta. Lo siguiente es el puerto de Honningsvag, en la región del Finmark, el acceso al Cabo Norte, a solo 2.000 kilómetros ya del Polo. O sea, el norte del norte; el fin del mundo, tal cual.

Tromso es uno de los mejores lugares para ver auroras boreales (Foto: ©Gaute Bruvik/Visitnorway.com) © Proporcionado por Vanitatis Tromso es uno de los mejores lugares para ver auroras boreales (Foto: ©Gaute Bruvik/Visitnorway.com)

8. Kirkenes, final de trayecto

Bienvenidos a la Laponia noruega, a la frontera rusa, al mar de Barents y al universo del cangrejo real, un ejemplar que puede medir hasta 1,8 metros con las patas extendidas y pesar hasta diez kilos y que suele terminar en el plato; es gastronomía típica de los fiordos. La pequeña Kirkenes está al noreste de Noruega, ya rozando Rusia y Finlandia, y es la capital del estrecho de Barents. En estas latitudes se encuentra el alucinante Kirkenes Snowhotel, el único hotel que se construye de nuevo cada año y abre de diciembre a abril, y la isla de Hornoya, donde anidan hata 150.000 aves distintas: frailecillos, águilas marinas, araos de alas blancas… Para acabar, decir que Kirkenes sufrió más de 320 ataques aéreos durante la Segunda Guerra Mundial. Andersgrotta, que fue entonces refugio, hoy es un museo.

Aquí el cangrejo es el rey (Foto: ©Terje Rakkle/Nordic Life/Visitnorway.com) © Proporcionado por Vanitatis Aquí el cangrejo es el rey (Foto: ©Terje Rakkle/Nordic Life/Visitnorway.com)

Más información: el viaje de Bergen a Kirkenes con Hurtigruten durante 12 días, con pensión completa, tasas portuarias incluidas, en cabina interior, cuesta 2.061 euros por persona.

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