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Por qué es importante que hablemos más a menudo sobre el 'bullying'

¡Hola! ¡Hola! 03/02/2016 hola
© Proporcionado por Hola

Casi un 25% de los niños españoles sufren o han sufrido alguna vez acoso escolar. El problema, candente estos días en los medios, en realidad es algo que va y viene cada vez que se produce un caso de bullying que sale a la luz pública. Sin embargo, los datos lo dejan claro: uno de cada cuatro niños en España ha sufrido acoso. Y el hecho de que los medios no se hagan eco de estas noticias más a menudo es precisamente por los problemas que aún existen para detectar de forma eficiente casos de bullying.

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"Actualmente trabajamos con grupos de padres con hijos que han sufrido acoso, y que acuden a nosotros porque en determinados colegios les han dado unas respuestas un poco tibias", explica Verónica Rodríguez Orellana, terapeuta y directora de Coaching Club. "Estos colegios suelen tener en común que, tanto los docentes como el resto del personal, no han valorado a tiempo que se trataba de un caso de acoso escolar". El problema, puntualiza, está en los protocolos que se aplican en España a la hora de identificar el bullying. "Los protocolos que suelen ponerse en marcha en los centros educativos funcionan de acuerdo a una tipología específica, y si los profesores no leen ciertas actitudes y las registran como acoso, estos protocolos no se activan".

Sin esta lectura, muchos casos de bullying generan un vacío en cuyo centro se sitúa el menor. "Normalmente lo que buscan los profesores es una actitud hostil prolongada en el tiempo, que se pueda constatar y de la que quede un registro. Que sea sistemática: por ejemplo, que se produzca todos los días, durante una cantidad determinada de tiempo. Esta sería la normativa del colegio. Pero en casa los padres ven otra cosa".

Por ejemplo, una alteración en las emociones del niño, especialmente los domingos por la tarde o al final de las vacaciones; es decir, justo antes de volver al centro escolar. "Otro síntoma muy llamativo es que de repente empiezan a perder cosas: el teléfono móvil, el estuche que más les gusta, dinero...". Síntomas más evidentes serían los daños físicos, pero también el dolor de estómago y de cabeza. Aunque lo más importante, según la terapeuta, es que los niños se empiezan a apagar. "Dejan de jugar, se sienten más aislados, de repente dejan de hacer los deportes que antes practicaban".

Estos síntomas, que para los padres suelen ser evidencia de que 'algo pasa', no suelen estar contemplados dentro del marco del centro escolar. "La disociación entre la normativa y lo que pasa en casa es el principal problema", explica Verónica. "En España existe actualmente una política educativa que trabaja en la reducción de daños y no en la prevención. Es decir, cuando entra en marcha este protocolo del que hablábamos, el daño ya está hecho. Las políticas en torno al acoso escolar deberían estar enfocadas a la protección de los niños". La terapeuta pone como ejemplo los programas que ayudan a prevenir el acoso escolar desde la infancia, a edades tan tempranas como los cuatro años, y muy concretamente el modelo que se aplica en Finlandia, que involucra a los docentes, pero también a los alumnos, a los directores de los centros y a los padres. "Es muy interesante analizar los programas de prevención de daños que se usan allí, comparados con los programas de reducción de daños que usamos aquí".

"El modelo finlandés trabaja con los niños a los cuatro, a los seis, a los nueve, a los doce y a los quince años, que son las edades puntuales en las que se dan estas situaciones". Estos programas se valen de actividades lúdicas y artísticas, como clases de teatro, pintura o música, que ayudan a dar forma a la gestión emocional de los niños dentro del colegio. "Todo se habla y se pone sobre la mesa", puntualiza Verónica. Un ejemplo: a los seis años, los niños organizan una obra de teatro sobre la tristeza. "Los niños se dan cuenta de los motivos por los que una persona puede estar triste, incluidos casos de acoso como una burla entre compañeros. Ellos mismos crean herramientas para entender el conflicto y evitarlo". Si hay un niño que acosa a otros es porque tiene un público: si los niños aprenden que no pueden ser parte de este público, porque eso incrementaría la tristeza de otra persona, "cuando llegan a los quince años no se les ocurre lastimar gratuitamente a alguien".

¿QUÉ SUCEDE CON LOS NIÑOS QUE COMETEN 'BULLYING'?

Cuando un caso de acoso escolar llega a los medios de comunicación, explica la terapeuta, no es grave. "Es gravísimo", determina. Significa que los profesores e instituciones miraron para otro lado, hasta el punto que muchos padres "tienen que recurrir a la policía porque en el colegio no se les escucha". Sin embargo, algo que sorprende cuando uno de estos casos salta a los medios es que casi todo el foco de atención se sitúa en los niños que han sufrido acoso, y no tanto en quienes se encuentran detrás del acoso.

"Es una pregunta interesante porque es cierto que los medios se centran en la víctima y no en el acosador. A los niños que cometen bullying también hay que ayudarles a evitar conductas tóxicas". El problema es que, en su caso, ni siquiera una conducta inusual suele detectarse en casa. "Los niños aprenden y se comportan por imitación", explica Verónica. "Muchos niños que acosan a otros niños vienen de un entorno familiar autoritario, o de un entorno donde la violencia está presente. Es muy difícil que unos padres que son extremadamente autoritarios puedan detectar estas actitudes en sus hijos. Si en casa por ley vengo y te cambio el canal de televisión, en el colegio eso se traduce por 'este lápiz ahora es mío y tuyo no'".

Los protocolos que se aplican en España sobre los niños que acosan también son deficientes, explica la terapeuta, que define el acoso como una falta de límite personal con los demás, con conductas basadas en la fuerza y en la imposición que van consolidándose con los años si no se corrigen. "Cuando un niño de diez años presenta una conducta hostil y agresiva, desde el colegio primero se llama a los padres; después se le expulsa del colegio por unos días. Es decir, se le deja fuera del sistema". Pero no trabajan con él ni con los padres. "No es un protocolo de corrección de la conducta sino que es un método de castigo, que a menudo refuerza la hostilidad y agresividad ya presentes". Por eso es importante que existan espacios para pensar diferente y debatir nuevas políticas educativas.

CÓMO DETECTAR SÍNTOMAS DE ACOSO ESCOLAR

Existen algunas actitudes comunes entre los niños que sufren este tipo de acoso, explican desde Coaching Club. Algunas de las que pueden ayudar a alertar a los padres:

  • Cambios en la conducta del niño.
  • El niño no quiere asistir a clase.
  • Sufre el síndrome del domingo por la tarde.
  • Presenta golpes y moratones injustificados.
  • Muestra un alto grado de irritabilidad y nerviosismo.
  • Experimenta cambios de carácter.
  • Presenta tristeza injustificada.
  • No tiene ganas de ver a sus amigos ni de salir de casa.
  • Pierde objetos o cosas relacionadas con el colegio, por ejemplo, el dinero que se le da para el recreo.
  • Padece cefalea y dolores abdominales.

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