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Resucita la guerra fría entre Esther Koplowitz y Alberto Alcocer: “Él la convirtió en un personaje rosa”

Vanitatis Vanitatis 22/02/2016 Jose Madrid

Hay reportajes que levantan ampollas. En su número de marzo, la revista Vanity Fair une a las hermanas Esther y Alicia Koplowitz en una portada y en un reportaje en el que las herederas parecen hablar por boca de algunos de sus mejores amigos y de sus allegados. Lo laudatorio no es sorprendente en boca de algunos de aquellos que hablan de las hermanas: Carlos Fitz-James, que mantuvo una relación con Alicia o de Ignacio Elorrieta, amigo de Esther. Es precisamente una frase de este último la que ha removido una vieja relación: la de Esther con Alberto Alcocer, el que fuese su marido desde finales de los 60 hasta los primeros 90. “Esther no tiene ningún trato con Alcocer. Ella sabe quién es este señor que le ha hecho todo el daño que ha podido”, asegura Elorrieta. Pero, ¿de dónde viene la falta de entendimiento entre Koplowitz y su exmarido? “Él le quitó el control de su empresa y además la convirtió en un personaje público, lo mismo que hizo Alberto Cortina con su hermana Alicia. Los Albertos fueron responsables de que ellas saltasen del mundo de las finanzas al mundo de la prensa rosa”, asegura alguien del entorno de las dos hermanas a Vanitatis.

Portada de la revista 'Vanity Fair' © Proporcionado por Vanitatis Portada de la revista 'Vanity Fair'

La historia de amor truncada entre Esther, una de las mujeres más ricas de nuestro país, y Alberto Alcocer, comenzó cuando la primera hacía de carabina de su hermana Alicia a los 17 años. Así es como las hermanas quedaron unidas a 'los Albertos' siendo apenas dos adolescentes. Se casaron en 1969 y ese fue, según nos comenta un allegado, un “paso atrás en sus posibilidades como mujeres de negocios. Esther y Alicia dejaron a sus maridos al frente de todo, del consejo de administración de su empresa Cycsa. Ellos la reflotaron pero también se quedaron con gran parte del control. Con los años, aquella decisión les acabaría pasando factura”. Pese a la equiparación, otras fuentes consultadas por este portal insisten en diferenciar a Alcocer del otro Alberto, Cortina. “Hubo una escena de los guardaespaldas de Cortina amenazando, hace muchos años, a varios periodistas en el Hotel Ritz. Alcocer siempre fue mucho más cortés y más discreto que el otro, y no sólo con la prensa. Sabía muy bien dónde tenía manifestar sus desacuerdos”.

Alberto Alcocer y Margarita Hernández (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Alberto Alcocer y Margarita Hernández (Gtres)

Sea como sea, el final de las relaciones de ambas hermanas llegó por la misma razón: una infidelidad. Si Alberto Cortina mantuvo un sonado romance con Marta Chávarri, en el caso de Alcocer fue su flechazo por Margarita Hernández, modelo y secretaria de Javier de la Rosa, el que acabó con su matrimonio. “Margarita era rubísima, guapísima, una veinteañera que quitaba el hipo. Puedes imaginarte cómo le sienta eso a una persona como Esther, que siempre tiene que vigilar de cerca si un hombre se acerca a ella por su dinero o por ella misma”, asegura el entorno de la empresaria. Otras fuentes tienen claro que no fue ese el romance que acabó con los matrimonios de las Koplowitz. El culpable fue otro: el de Cortina con Marta Chávarri: “Si aquel escarceo no hubiese aparecido en la prensa ellas seguirían casadas a pesar de todo. Aguantando pero intentando que nadie lo supiese”.

Vea el 'árbol afectivo' de los Koplowitz (Vanitatis) © Proporcionado por Vanitatis Vea el 'árbol afectivo' de los Koplowitz (Vanitatis)

Una distancia “innegociable”

En septiembre de 1989, tras veinte años de matrimonio, Esther y Alberto Alcocer pusieron fin a este de una forma más pública de la que hubiesen deseado. Ella quiso recuperar las riendas de su empresa y de su vida, y compraría un paquete de acciones a su hermana Alicia. Ambas se acabarían convirtiendo en dos de las mujeres más populares de la España más tradicionalista de los 80, la opuesta a la 'movida', la de las cenas de alto copete y las hombreras de oficina. La relación de Alcocer con las tres hijas que tuvo con Koplowitz, Esther, Alicia y Carmen, “sería bastante fría desde entonces. Al menos con Esther, cabeza visible como empresaria, sí mantiene cierto trato pero la distancia entre el padre y las hijas siempre ha sido innegociable. Alcocer no guarda la mejor de las relaciones con ellas, que se han mantenido mucho más cerca de la madre”, aseguran. Esther se blindó y desde entonces sus apariciones mediáticas y sus declaraciones son “prácticamente nulas”.

Esther y Alicia Koplowitz en un fotomontaje de 'Vanitatis' © Proporcionado por Vanitatis Esther y Alicia Koplowitz en un fotomontaje de 'Vanitatis'

Alicia hizo lo mismo. “Hay una entrevista en la revista 'Tiempo' en la que dice que nunca le perdonaría a Cortina haberla convertido en un personaje público”. Tras las infidelidades y la dinamitación de los matrimonios, las hermanas se protegieron bajo un manto de silencio y los Albertos continuaron su vida con otras mujeres. Alcocer siguió saliendo con Margarita Hernández e incluso demandó a la revista 'Diez Minutos' cuando publicaron unas fotos junto a ella en la playa en febrero de 1991. “Aquel proceso duró hasta hace pocos años. No paró hasta que lo llevó al Constitucional y le dieron la razón. Es un hombre serio e inflexible con esas cosas”.

Koplowitz no parece haberle perdonado ni la infidelidad ni haberla “desplazado en sus negocios dejándola en su casa”. Ella se casó, años después, con Fernando Falcó. Él siguió su camino con Margarita, bastante más joven que él y aunque pocos apostaban por la relación, parece que lo suyo es duradero. Alcocer se casó con ella en 1994 y el 31 de octubre de 2001 tuvieron dos hijas gemelas. “Es curioso cómo ella ha seguido llevando el mismo 'look' de tirabuzones caídos que llevaba en los 90”, apunta con humor una de las fuentes de este artículo.

La relación “cordial y fría” entre el hombre de negocios y gabardina y Koplowitz se ha mantenido a lo largo de casi tres décadas, desde que se separaron. Y no parece que la cosa vaya a mejorar con un reportaje a todo color en el que Alcocer no sale muy bien parado. Como muy bien dice alguien de su entorno, “la auténtica verdad de sus disputas sólo la saben ellos”.

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