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Ricas, divorciadas y altruistas: El Club de las Primeras Esposas

Vanitatis Vanitatis 02/01/2016 Mayka Paniagua

Son ricas, estaban casadas con grandes fortunas y no están dispuestas a que el poder (y el dinero) de sus maridos y las argucias sus abogados de escandalosas facturas impidan un proceso de divorcio justo. A sus 51 años, Michelle Young, una británica que vivió en sus propias carnes esta situación, ha montado una fundación en Inglaterra llamada El Club de las Primeras Esposas (First Wives Club) Su misión: luchar contra maridos multimillonarios que abusan de sus abogados para evitar que las ex se lleven un buen tajo de su fortuna. Ella lo define como el impuesto del crimen (tax crime). Lo cierto es que se ha convertido en la líder de un grupo de divorciadas insatisfechas, firmes detractoras de divorcios interminables y de las triquiñuelas de sus maridos para ocultarlas a ellas y al fisco su dinero.

Portada de la película 'El club de las primeras esposas' © Proporcionado por Vanitatis Portada de la película 'El club de las primeras esposas'

El nombre de tan vengativo club es el mismo del de aquella película de Hugh Wilson que protagonizaron Goldie Hawn, Bette Midler y Diane Keaton. ¿Se acuerdan? Tres mujeres maduras y divorciadas se reencuentran en el entierro de una amiga en común y desempolvan sentimientos. A las tres las han dejado sus maridos por chicas jóvenes y deciden montar un club para vengarse. Lean y establezcan diferencias.

Michelle estaba casada con Scott Young, un magnate inmobiliario escocés con el que mantuvo una ruptura larga y difícil. Michelle y Scott se conocieron en 1988. Eran jóvenes y no tenían ingresos. La pareja prefería vivir con los padres de Michelle a estar separados. Pero empezó a irle bien. Se mudaron a una mansión de nueve dormitorios en Oxfordshire. Luego llegó la casa de la playa en Miami y, cómo no, el yate. Millones atraían más millones. La vida los trataba bien. Hasta que él conoció a una mujer más joven y sexy que ella. Aquí acabó el cuento de hadas y empezó el suplicio. Michelle tuvo que irse a vivir a un pequeño piso con sus dos hijas. Él dejó de pagar su educación y todo lo demás. La batalla judicial ocupó grandes titulares de los periódicos ingleses. “Imagina la diferencia entre retirar de tu cuenta mil libras o mil millones. Imagina si cada vez que necesitas pagar la factura del teléfono tienes que llamar a tu ex. Imagina que esa misma persona puede decidir si comes o no. Esto me pasó a mí. Mi caso es un gran ejemplo de cómo estafar al fisco, a las familias y a la Justicia”, explica.

Michelle estuvo diez años sufriendo en los tribunales contra Scott. A pesar de ello, no logró que el juez dictaminara que su fortuna era 1.000 millones más de lo que determinó la sentencia. Se siente engañada, pero lo que le lleva los demonios es que su amado esposo nunca pagara lo que le correspondía de impuestos. Su ex ya poco puede decir. Falleció en 2014 tras caer desde su lujoso piso en el barrio londinense de Mayfair. Michelle cree que cuando uno gana 1.000 libras al año o 100.000 no le queda más remedio que cumplir la Ley, pero “si tus beneficios son de 100 millones, eres la Ley. Las leyes en Reino Unido permiten que mi marido, y muchos como él, dejen a sus esposas e hijos en la calle porque saben que los tribunales no van a perseguirles”.

Michelle, exmujer de Scott Young © Proporcionado por Vanitatis Michelle, exmujer de Scott Young

La unión hace la fuerza

A esta lucha sin cuartel se han sumado ya varias ex despechadas. Es el caso de Janna, expareja de Boris Agrest, un acaudalado ruso. La pareja residía en una mansión de Surrey que le costó a su marido 12,5 millones de euros cuando se mudaron a Gran Bretaña desde Rusia porque él pensaba que era “el sitio ideal para ricos”. Cuando se casaron Boris trabajaba en el Ministerio de Defensa ruso. Su fortuna llegó después, cuando se hizo representante de un grupo de rock. Y ahí empezaron sus lucrativas ganancias.

Él invertía en negocios mientras ella, fiel ama de casa y madre de tres hijos, se encargaba de los números y de los bancos. Quién sabe si la vida en otro país, el dinero o el desgaste los separó. Con 48 años, cinco años después del proceso de divorcio y 124.000 euros en abogados, ha logrado una suculenta sentencia que le otorga 17 millones de euros y algunas casas, pero sigue reivindicando que su ex ha logrado ocultar sus posesiones a todos y, por supuesto, a ella.

Janna, expareja de Boris Agrest © Proporcionado por Vanitatis Janna, expareja de Boris Agrest

Y ahí están Caroline Hopkins y Vivien Hobbs, las otras dos ex que se han sumado a este club. La factura en los tribunales de Caroline, de 63 años, asciende a 415.000 euros. El gasto lo merece. Su ex era Willians Hopkins, uno de los hombres más ricos del condado de Somerset con una fortuna estimada de 52,5 millones de euros. De esa riqueza ella ha conseguido una casa valorada en 734.000 euros y un bungalow de 346.000 y el 50% de la pensión que cobra su ex. Pero no está contenta, así que se ha unido a este selecto club.

Hobbs es la experta. Con 58 años afronta su segunda separación. Según ha contado al periódico 'The Guardian', su primera ruptura le costó 573.000 euros en abogados. En la segunda lleva invertidos 97.000 y aún no ha acabado. Parece que Dennis Welch, un ingeniero naval con residencia en Singapore, le va a dar más quebraderos de cabeza.

Ya han leído. Ahora si quieren, vuelvan a ver aquella película y verán que la vida real siempre supera la ficción.

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