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Rutas de despiste, calles cortadas y altos a paparazzi: así se protege a los Urdangarin

Vanitatis Vanitatis 05/03/2016 Paloma Barrientos

La infanta Cristina fue la última en declarar ante la Audiencia de Palma el jueves pasado. Antes lo había hecho su marido, que aunque también llevaba el guion aprendido tuvo menos tablas que “su señora”, como la llamó cuando explicaba que el manejo de la economía era su responsabilidad y quien supervisaba el cotarro era la Casa Real. La exduquesa dominó el escenario judicial demostrando las muchas horas que tanto ella como su marido habían escenificado con sus abogados para el momento dramático del que nunca esperaron ser protagonistas.

Una vez que finalizó lo que ellos y sus defensas denominan “el juicio del telediario” volvieron a evaporarse sin dejar rastro. Como los días anteriores. Ningún 'paparazzi' ha podido seguirlos y mucho menos dejar constancia gráfica de su destino final.

Tampoco han tenido suerte los fotógrafos que hacían guardia en el aeropuerto de Palma con la intención de poder cubrir la salida de Cristina y del que durante muchos años fuera el yerno ideal en detrimento de Jaime de Marichalar. Los profesionales no tuvieron suerte, pues los Urdangarin no utilizaron para embarcar la vía natural, la del resto de pasajeros que volaba a Barcelona como ellos. Después, y según se ha filtrado, el matrimonio tomó un vuelo a Ginebra para estar con sus hijos, que están al tanto de la situación que viven sus padres.

No hubo posibilidad de captar imágenes y eso que esta vez además del matrimonio viajaban dos hermanos Urdangarin, a los que no se les supone trato vip. Tampoco dejaron rastro Clara y Mikel.

“Nunca ha habido tanta presión”

Como comentaba a Vanitatis uno de los fotógrafos que durante años ha cubierto la estancia de los Reyes y sus hijos en Mallorca, “lo de ahora no ha sido normal. Llevaban una verdadera vigilancia y contravigilancia para que no fuera posible seguirlos al lugar donde estaban alojados mientras han estado aquí”. Son varios los profesionales que han coincidido en reconocer a este medio que no recordaban “tanta presión”, “ni en los tiempos en que Don Juan Carlos hacía vida al margen de su familia”, indica uno de ellos.

Muestra de la férrea seguridad con la que ha sido protegido el matrimonio Urdangarin Borbón es que, con toda la información que manejan habitualmente los 'paparazzi' y más en un sitio tan pequeño como Palma, no ha sido posible encontrar el lugar de residencia de los exduques. “Una vez que supimos que no se alojaban en ningún hotel rastreamos las zonas donde tienen casa los íntimos”, expresan a este medio. Se refieren a Kyril de Bulgaria; su exmujer, Rosario Nadal, y dos de sus hermanas, o Marieta Salas, la exmujer del príncipe Tchokotua, que es uno de los incondicionales del Rey emérito.

La infanta Cristina en el funeral de Kardam de Bulgaria (Ver todos los asistentes) © Proporcionado por Vanitatis La infanta Cristina en el funeral de Kardam de Bulgaria (Ver todos los asistentes)

Los reporteros también hicieron guardia en los barrios y urbanizaciones donde viven o tienen casas de veraneo amigos como los Juncadella, Castañer y Escarrer. Se llegó a valorar la posibilidad de que los imputados reales estuvieran viviendo en un yate, pero tampoco dio resultado. Al final, la estancia de los Urdangarin en la isla mientras duró su comparecencia ha sido un misterio sin resolver. Dicen los que saben que esto traerá consecuencias porque se ha brindado una seguridad pagada por todos los españoles.

Objetivo: parar a la prensa

Según han confirmado a Vanitatis, el número de escoltas se cuadriplicó, así como los efectivos de la Policía Nacional, que debían cuidar a la hija y hermana real y a su marido no se sabe muy bien de qué. Porque en realidad los operativos organizados por el Ministerio del Interior (al que pertenecen los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado) no era para salvar a la pareja de posibles desmanes ciudadanos, sino de la prensa.

Una horda de gráficos captan la entrada del matrimonio en el juicio (Reuters) © Proporcionado por Vanitatis Una horda de gráficos captan la entrada del matrimonio en el juicio (Reuters)

Los Urdangarin salían de las instalaciones del polígono Son Rossinyol, donde se habilitó una sala para el juicio del caso Nóos, y a partir de ese momento era imposible seguir su pista. Varios coches, además del oficial que acompañaba al matrimonio, impedían a cualquier extraño el seguimiento. “Hemos hecho todo tipo de estratagemas como ir en moto o comunicarnos con los móviles para incorporarnos cuando ya estaban en movimiento y ha sido imposible. Daban vueltas para despistar y taponaban calles. Era como una película de espías”, explican a Vanitatis. Parece que cuando era difícil controlar la situación de los 'paparazzi' paraban y pedían el DNI. Una vez que los Urdangarin han desaparecido rumbo a su casa de Ginebra, la calma vuelve a reinar en la isla.

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