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Se vende palacio (a precio de saldo) donde durmió Napoleón

Vanitatis Vanitatis 25/03/2016 Mayka Paniagua

Cuenta la gente del pueblo que quien duerma en el palacio de Castrojanillos podrá sentirse como un emperador porque Napoleón Bonaparte se refugió en Valderas en su avance por la península y pasó una noche en una de las estancias de esta vivienda de estilo neoclásico del siglo XVIII. Quién sabe lo que de cierto encierra esta leyenda urbana, pero lo cierto es que 2014 su actual dueño lo vendía por 540.000 euros y ahora pueden optar a su propiedad por 350.000. Pasen y vean, les vamos a dar una vuelta por sus muros llenos de historia.

El palacio está situado en Valderas, una localidad con gran patrimonio histórico, arquitectónico y cultural a 65 kilómetros al sur de León. Cuenta la historia local que su peso histórico data del siglo XII (cuando aparecen los primeros documentos escritos), pero es en 2008 cuando fue declarada Bien de Interés Cultural tras más de 20 años de reclamaciones y papeleo por ser “una de las villas más señoriales de Tierra de Campos”. Y en esta tierra de agricultores y ganaderos fue donde Manuel Díaz de Pernía logró que la Corona le concediera el título de marqués de Castrojanillos según las referencias históricas consultadas, porque no es fácil hallar noticias de esta familia de nobles. También hemos podido encontrar otras reseñas en las que se habla de las dudas que existían entonces sobre el posible origen judío del marqués, aunque parece que se saldaron con un certificado en el que se acreditaba “la limpieza de sangre”. En 1796 Manuel Díaz de Pernía cambió el título de marqués por el de vizconde de Oteruelo. Un año después, en 1797, salió a la venta el título de Castrojanillos hasta que el 12 de abril de 1831 el ministro de Hacienda ordenó suprimirlo.

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Un linaje dedicado a la cría de toros moruchos

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Eran una familia dedicada a la agricultora y ganadería con cierta capacidad económica, nos explican los actuales propietarios. Especialmente se dedicaban a la cría de los toros moruchos, cuyos primeros ganaderos datan del siglo XVIII en Pajares de los Oteros, una localidad cercana. Agustín Díaz de Castro era uno de los que potenció la cría de este tipo de reses. A su muerte sus herederos le vendieron la vacada al marqués, que participó en corridas de la época en las que se festejaban los triunfos de los españoles sobre los franceses. Así comenzaron a conocerse las reses del noble que, ya con cierto renombre, lograron presentarse en Madrid en 1811. La ganadería se perdería a la muerte de don Manuel cuando se hizo cargo un tal Francisco Romperuelos que, según los libros, cometió el error de dar prioridad a los toros por el tamaño en lugar de por su bravura.

Entre sus propiedades figuraban también el palacio de Jabalquinto y el de Pajares de los Oteros. El que ahora se vende fue inaugurado por los marqueses en 1791. “Pensamos que esa es la fecha porque está grabada en la piedra, aunque hay datos arquitectónicos que la sitúan en años anteriores”, nos explica Amancio Prada, uno de los propietarios. Es un palacio en el que se respira historia. En el anuncio de su venta se describe como una finca rústica en buen estado y con más de cien años de antigüedad orientado al oeste y dotado, eso sí, de microondas y nevera porque los tiempos no corren en balde. Situada en el centro de la villa, cuenta con tres fachadas y siete balcones. En la principal, nos saluda una portada adintelada con columnas de granito y capiteles jónicos sobre la que se abre un balcón con la Cruz de Santiago esculpida en la piedra. Dice el anuncio que el edificio de tres plantas está diseñado en torno a un patio central ‘renacentista’ sujeto con ocho columnas. Ocupa una superficie de 1.200 metros cuadrados, seiscientos por planta.

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La planta baja antiguamente se dedicaba a la labranza y cuenta con habitaciones (que antiguamente utilizaba el servicio) además de servicios de cuadras, almacenes, lagar, pajar, prensa para hacer vino y entrada a la bodega subterránea. Matizan los dueños que, además de su valor histórico, por su superficie y sus amplios espacios, la vivienda palaciega ofrece ‘múltiples posibilidades’: servir como vivienda familiar, hotel de turismo rural o con encanto e incluso instalar un negocio en sus bajos. En la planta de arriba está habilitada como una vivienda normal con amplias habitaciones y salones más utilizados por los que adquirieron después el inmueble. Confiesa Amancio Prada que no saben quién adquirió la propiedad a estos nobles. La pista se pierde en su bisabuela que pertenecía a la familia Vázquez de Prada, una saga de terratenientes de la zona de León y Valladolid. Antes de ella, nadie sabe cómo ni quién decidió establecerse en la ‘ilustre’ casa. A esta familia también pertenece Demetrio Alonso Castrillo, ministro de la Gobernación con Alfonso XIII, o su tío abuelo; un científico que a pesar de morir joven fue un pionero investigador sobre la influencia de la radioactividad en la agricultura y cuya herencia estudian aún en las universidades.

Y si les sirve para decidirse, lean lo que dice la historiadora Honorina Vecino sobre el palacio: “Es un fiel exponente del esplendor de la villa que pone de manifiesto la existencia de una aristocracia que sabe rodearse de las comodidades que los tiempos ofrecían sin olvidar el buen gusto dentro de la moda del momento”. Un palacio a precio de saldo.

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El palacio está situado en Valderas, una localidad con gran patrimonio histórico, arquitectónico y cultural a 65 kilómetros al sur de León. Cuenta la historia local que su peso histórico data del siglo XII (cuando aparecen los primeros documentos escritos), pero es en 2008 cuando fue declarada Bien de Interés Cultural tras más de 20 años de reclamaciones y papeleo por ser “una de las villas más señoriales de Tierra de Campos”. Y en esta tierra de agricultores y ganaderos fue donde Manuel Díaz de Pernía logró que la Corona le concediera el título de marqués de Castrojanillos según las referencias históricas consultadas, porque no es fácil hallar noticias de esta familia de nobles. También hemos podido encontrar otras reseñas en las que se habla de las dudas que existían entonces sobre el posible origen judío del marqués, aunque parece que se saldaron con un certificado en el que se acreditaba “la limpieza de sangre”. En 1796 Manuel Díaz de Pernía cambió el título de marqués por el de vizconde de Oteruelo. Un año después, en 1797, salió a la venta el título de Castrojanillos hasta que el 12 de abril de 1831 el ministro de Hacienda ordenó suprimirlo. © Externa El palacio está situado en Valderas, una localidad con gran patrimonio histórico, arquitectónico y cultural a 65 kilómetros al sur de León. Cuenta la historia local que su peso histórico data del siglo XII (cuando aparecen los primeros documentos escritos), pero es en 2008 cuando fue declarada Bien de Interés Cultural tras más de 20 años de reclamaciones y papeleo por ser “una de las villas más señoriales de Tierra de Campos”. Y en esta tierra de agricultores y ganaderos fue donde Manuel Díaz de Pernía logró que la Corona le concediera el título de marqués de Castrojanillos según las referencias históricas consultadas, porque no es fácil hallar noticias de esta familia de nobles. También hemos podido encontrar otras reseñas en las que se habla de las dudas que existían entonces sobre el posible origen judío del marqués, aunque parece que se saldaron con un certificado en el que se acreditaba “la limpieza de sangre”. En 1796 Manuel Díaz de Pernía cambió el título de marqués por el de vizconde de Oteruelo. Un año después, en 1797, salió a la venta el título de Castrojanillos hasta que el 12 de abril de 1831 el ministro de Hacienda ordenó suprimirlo.
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