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Su mansión, su yate, su viuda, su protegido… Así se deshacen las hijas de García Cereceda de su legado

Vanitatis Vanitatis 29/04/2016 Jorge Borrajo

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© Proporcionado por Vanitatis

Tras más de un año de negociaciones para intentar vender la famosa urbanización La Finca, este jueves El Confidencial informaba en exclusiva que las hijas de Luis García Cereceda, el creador de la elitista área residencial de Pozuelo de Alarcón (Madrid), habían encontrado una solución para poder alcanzar un acuerdo y ejecutar su venta.

La muerte del empresario, en junio de 2010, sacudió los cimientos de su familia. El trasfondo, las desavenencias que existían entre los distintos miembros, sobre todo sus hijas y la viuda, por la lucha por una herencia millonaria. Con el paso del tiempo, las herederas se han ido desprendiendo de todo aquello que estaba relacionado con su padre.

La Finca

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Con la venta de la exclusiva urbanización La Finca, búnker de futbolistas, magnates, banqueros y grandes empresarios, se pondrá fin al mayor legado que dejó Luis García Cereceda. Es el perímetro residencial más elitista de Madrid y uno de los más exclusivos de España y Europa. Se le ha llegado a considerar una especie de gueto para multimillonarios. Un oasis de supermansiones donde prima la seguridad: doble perímetro, varias garitas de entrada, cámaras, infrarrojos, detectores de movimiento, patrullas 24 horas… un recinto anticacos, pero también 'antipaparazzi'.  

La viuda

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Enero de 2013. Silvia Gómez-Cuétara, viuda de Luis García Cereceda, abandonaba la mansión conyugal obligada por un juez. Las hijas del empresario, Yolanda y Susana, fruto de su primer matrimonio, habían conseguido su objetivo: expulsar a su madrastra de la casa que habían heredado. La relación nunca fue buena y con la muerte del creador de La Finca desapareció el único lazo que les vinculaba. Tras la desaparición del empresario, Gómez-Cuétara permaneció viviendo en la casa que compartían, pero las hijas del difunto consiguieron que un juez la desahuciara. Con su salida, las hijas de García Cereceda retiraron varias denuncias que tenían interpuestas contra la viuda de su padre.

El 'protegido'

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Se trata de Joaquín Torres, el denominado arquitecto de los famosos. Trabajó codo con codo con Luis García Cereceda para diseñar La Finca. Su relación iba más allá de la profesional. De hecho, desde el fallecimiento del empresario, Torres se convirtió en la cara de la elitista urbanización de Madrid. Él también se convirtió en objetivo de las hijas, dispuestas a terminar con todo lo que estuviera relacionado con su padre, y movieron ficha para echarle de la urbanización. “Ya no me quieren allí. Sus hijas me están presionando y maltratando para que me vaya. Especialmente Susana, accionista mayoritaria por voluntad de su padre de la promotora Procisa. Ella es la culpable de todo, porque Yolanda, a la que todo el mundo tacha de loca, es una víctima”, declaraba a Vanitatis en enero de 2013, el mismo mes que Silvia Gómez-Cuétara, segunda esposa de García Cereceda, abandonaba La Finca por orden de un juez, y solo dos meses antes de que él siguiera esos pasos y saliera de La Finca para siempre.

La mansión

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Se trata de la vivienda más espectacular de toda La Finca, en la que vivieron Luis García Cereceda y su segunda esposa, Silvia Gómez-Cuétara. El inmueble goza de 2.710 m2 construidos sobre una parcela de 13.850 metros. Es la casa más grande de la prestigiosa urbanización. Siete dormitorios (dos de ellos para el servicio), siete cuartos de baño, suelos de mármol con calefacción radiante, dos piscinas (una de ellas interior), garaje para nueve coches, sala de cine, ascensor… son solo algunos de los detalles de esta casa que destaca por su arquitectura contemporánea. Tras la muerte del empresario, en 2010, el inmueble pasó a manos de sus hijas, Yolanda y Susana. Silvia permaneció viviendo en la casa, pero las herederas, hijas del primer matrimonio del promotor, consiguieron echarla. Luego pusieron la exclusiva propiedad a la venta por 20 millones de euros.

El velero

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Era uno de los caprichos del empresario. Pagó por él unos 25 millones de euros. El SYL tiene 43 metros de eslora, 9 de manga y un mástil de 30 metros. Con una capacidad para alojar a 8 pasajeros y a las 8 personas encargadas de la tripulación, su interior fue remodelado por el arquitecto Joaquín Torres. El elevado gasto de mantenimiento llevó a sus hijas a deshacerse de él y ponerlo en venta. El precio inicial fueron 12,9 millones de euros, pero se han visto obligadas a rebajarlo a 9 ante la ausencia de compradores. Una de las ofertas que llegó procedía de la viuda, Silvia Gómez-Cuétara, pero fue rechazada por insuficiente.

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