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Un enojado Álvaro de Marichalar responde a la usuaria de Blablacar que le criticó

Vanitatis Vanitatis 31/10/2016 M. Bolonio

El pasado jueves al otro lado del teléfono Álvaro de Marichalar no daba crédito a lo que Vanitatis comenzaba a contarle. Una periodista, a la que él había conocido durante un trayecto en Blablacar Soria-Madrid, había escrito un artículo titulado 'Pesadilla en Blablacar' narrando su experiencia y el resultado no dejaba en muy buen lugar al excuñado de la infanta Elena. Él se mostraba extrañado al recordar un viaje que para él había sido “maravilloso” y no alcanzaba a entender las razones de aquel ataque tan “gratuito”. Confesaba sentirse totalmente traicionado por aquellos compañeros de viaje y lamentaba que en España no existiera la dignidad y el sentido del honor y, sobre todo, que la citada periodista se hubiese aprovechado de su buena voluntad “para conseguir dos minutos de gloria”.

Entre otras cosas, Sabina Urraca, la autora del artículo, describía al hermano de Jaime de Marichalar así: “Era un señor alto, como recién salido de una fiesta de Ibiza con el Conde Lequio. Pantalón pescador de lino, castellanos sin calcetines, camisa de lino azul marina y algo arrugada. Bronceado estridente, casi naranja. Y, cómo no, ristra de pulseras ibicencas en la muñeca, con una cintita con la bandera de España asomando orgullosamente entre ellas. Desde el primer momento en el que entró en el coche dio la impresión de que estaba absolutamente pirado”.

Este y otro tipo de reflexiones por parte de la periodista no han sentado nada bien a Álvaro, que una vez leído con detenimiento el artículo, se ha puesto en contacto con Vanitatis para responder con contundencia a estos ataques. Lo ha hecho con un extenso escrito que envía en la madrugada del sábado porque asegura que hasta entonces, por motivos de trabajo, le ha sido imposible leer ese artículo que tanta repercusión ha tenido.

“Mal afamada Sabina Urraca: Difamar vende en España. Calumniar resulta fácil en nuestro país. Y rentable… Mentir y manipular sale gratis aquí. Insultar es correcto si el insultado está ya previamente condenado por los prejuicios imperantes y la dictadura del 'pensamiento único' que ha robado nuestra libertad y que está dinamitando la normal convivencia en nuestra vieja Nación”, comienza Álvaro en su escrito.

“La envidia y el odio es rentable en nuestra sociedad enferma de cobardía. Ahí está Iglesias homenajeando –a la fuerza– a las brigadas internacionales en el Parlamento de todos, como el sectario matón que intenta ser... Buenos y malos: se trata de vencer, ocho décadas después de perder. Ahí están las calles que rinden homenaje a uno solo de los bandos (igual de injusto que en los setenta) mientras todos callan y tiemblan ante el poder de la nueva omnipresente dictadura de lo políticamente correcto.

Álvaro de Marichalar en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Álvaro de Marichalar en una imagen de archivo (Gtres)

Los insultos y las falsedades que vomitas aquí, te han hecho famosa en dos días: ¡¡Enhorabuena!! Supongo que ganarás algún vil dinero con todo esto a cambio de asesinar mi realidad y robarme la reputación tan rápida y fácilmente. Has ganado una partida que has diseñado tú solita desde el espíritu de la simple destrucción y la estéril revancha. Tu cobarde proceder será aplaudido por quienes ya me han condenado sólo por haber nacido con unos valores y principios que odias aunque ni siquiera conoces. Ellos te apoyarán como hienas ávidas de sangre fácil y dolor permanente. Otros; los que saben –positivamente– que tu abyecto proceder no es más que una calumnia rastrera más, no tendrán el valor de defender el honor y la verdad. Proteger valores no vende. Ni está de moda”, prosigue.

Marichalar recuerda a continuación algunas de sus charlas durante su trayecto Soria-Madrid y lamenta cómo algunas cuestiones políticas que él explicó no solo no gustaron a su público sino que llegaron a incomodarlo: “Vives en la vacua mentalidad destructora de quien no sabe construir nada. Has tardado varios meses en comentar lo que fue un viaje estupendo de cuatro personas en el que todos estuvimos encantados hablando de mil cosas (aunque no soportabas oírme hablar por teléfono en otros idiomas; algo que se te notaba demasiado...). Tampoco soportabas el debate donde tus argumentos tenían el mismo peso que la dignidad que impregna cada una de tus arteras balas de mentira. No sabías hablar. No lograbas debatir. Desconocías, por ejemplo, que la proclamación –FRAUDULENTA– de la República en abril del 31 fue un GOLPE con mayúsculas. ESE FUE EL GOLPE para gran desgracia de España… Franco (y la mitad de España que se levantó contra el absoluto desastre republicano) fue su consecuencia directa. Otro golpe, sí, para gran desgracia de España, otra vez. Para vivir en concordia hay que conocer la historia y saber perdonar y abrazar”.

“No sabías debatir porque disfrazabas tu pavorosa incultura con esos tópicos tan conocidos; viejos; fáciles; manidos; injustos y falsos. Los mismos tópicos que vomitas aquí. Y los seguirás vomitando y seguirás fusilando mi alma durante todo el tiempo que dure tu cobarde y rentable partida convocada a traición… Yo soy autónomo y no tendré tiempo de leerte más; ya ves, son las dos de la madrugada del sábado y hasta ahora no he podido ocuparme de ver toda esta pequeña basura que has diseñado durante meses y que creo has publicado hace tres días...

Lo que más siento es que hayas hecho tanto daño a las personas que conocen mi realidad y que me han mandado mensajes de indignación durante todo el día. Lo que más siento es que los alumnos de universidades o los reclusos de las cárceles a los que doy conferencias de superación personal, puedan temer que la mentira pueda triunfar en algún momento y que, por ello, no valga la pena luchar”.

Álvaro de Marichalar se despide muy contundente: “A mí ya no me duelen las balas como las tuyas; hace tiempo que logré hacerme transparente a los cuchillos de indignidad que intentaron hacerme temblar y renunciar a proclamar siempre la verdad y los principios en los que vivo. No tengo miedo de ti. Lo siento por ti. Dios te ayude. Te perdono ahora y mañana”.  

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