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Un párroco, un gran patrimonio y una presunta estafa: la batalla de un 'heredero' contra el 'cura de los nobles'

Vanitatis Vanitatis 20/11/2016 Mayka Paniagua

Esta historia tiene muchos ingredientes dignos del mejor guion: el cura de una familia noble, una herencia, guerras familiares, demandas judiciales… Hace unos días la Audiencia de Madrid accedía a investigar a José Luis Montes Toyos, párroco de la madrileña Real Parroquia de San Ginés y más conocido como el 'cura de los nobles’, por un presunto delito de blanqueo de capitales tras conocer nuevas pruebas aportadas por un fiscal suizo. El asunto judicial se remonta a muchos años atrás, pero para entenderlo iniciemos desde el principio y simplifiquemos esta trama judicial y familiar que el propio juez ha calificado como “especialmente compleja” y en la que se mezclan operaciones societarias en diversos países con complejas relaciones de parentesco entre los herederos del marquesado de Molins.

Pablo Benjumea Roca de Togores asegura que ya cuando él tenía cinco años su familia mantenía una estrecha relación con el sacerdote José Luis Montes Toyos, párroco de la madrileña iglesia de San Ginés. Era el sacerdote de confianza de su abuelo Mariano Roca de Togores, marqués de Molins y, especialmente, de su madre, Carmen Roca de Togores. El cura ejercía de consejero espiritual y de capellán de la parroquia que tenían en casa desde su infancia. En el sumario constan informes policiales que dibujan bien esa relación: “José Luis Montes entabló con ellas (Carmen y su hermana Blanca) una gran relación de confianza, asesorándolas no sólo en el ámbito personal y espiritual, sino también en el financiero (…) En 1994, haciendo uso de dicha confianza el Sr. Montes insta a la familia a que su hermano Carlos Montes, abogado de profesión, sea quien administre su patrimonio”. La familia accede y el abogado (y hermano del cura) se convierte en la voz de las decisiones financieras del patrimonio familiar. Según el testimonio de Pablo, este “trabajo de asesoramiento” se remuneraba en metálico y ascendían a unos 3.000 euros mensuales más dietas.

José Luis Montes siendo entrevistado por un reportero de Cuatro © Proporcionado por Vanitatis José Luis Montes siendo entrevistado por un reportero de Cuatro

Blanca y Carmen proceden de una familia noble dedicada a administrar un patrimonio, aunque es su hermano Luis el titular del marquesado de Molins. Una de las operaciones que el abogado recomendó a la familia era deshacerse de la finca Las Jaboneras (una propiedad de 22.000 metros cuadrados sobre la que se alza el parque Tierno Galván) porque, según su testimonio, carecía de valor. Y así lo hicieron. Fue en 2005 cuando Pablo Benjumea descubrió la presunta estafa de Las Jaboneras e intentó romper con los hermanos Montes-Toyo. Según su testimonio, sospechó de transacciones que se realizaban sin el consentimiento correspondiente y que perjudicaban al patrimonio familiar. Tampoco le gustaba el excesivo sometimiento de la familia a los designios de los hermanos Montes, habló con su madre y organizó una reunión con Carlos Montes para despedirlo. Pero la cita resultó una “encerrona” en la que su madre apoyó al abogado como administrador, dejando aislado a Pablo e instándole a salir de la sociedad familiar.

En ese encuentro suceden más cosas. Los Montes piden a la familia la firma de un acuerdo en el que se comprometían a no ejercer ninguna acción legal contra ellos en el futuro. El documento lo firman Carmen y su hija Marta, pero Pablo se niega. Según la versión que se recoge en el sumario, le ‘amenazan’ con iniciar un procedimiento para incapacitarlo, ya que “sus acciones son peligrosas”. Pablo quedó aislado de su familia y considerado ‘persona hostil’ dentro de su propio clan, por lo que se mudó a vivir a Suiza con su tía Blanca, que, hasta el momento, se había mantenido aislada en las decisiones familiares.

Anfiteatro del parque Tierno Galván © Proporcionado por Vanitatis Anfiteatro del parque Tierno Galván

Cuando Blanca tomó conciencia de lo que había sucedido con su patrimonio, se enfrentó a su hermana y denunció a los Montes por presuntos delitos de estafa, apropiación indebida y blanqueo de capital reclamándoles, entre otros, el pago correspondiente por la venta de la finca. Les acusaba de ocultar el valor que tenía la finca expropiada por el ayuntamiento y vender Peña Prieta, la sociedad que poseía dicha propiedad, a un testaferro por 432.980 euros. Cuando la sociedad ya no estaba en manos de las hermanas, y a través de una red de empresas que supuestamente habían montado los hermanos, ellos cobraron 14 millones de euros que desviaron a varias cuentas en diferentes países.

La reconciliación de Blanca con los Montes

La batalla judicial ha sufrido tantos reveses como la relación de Pablo con Blanca. El 20 de octubre de 2014 Blanca desapareció de Suiza en extrañas circunstancias. La Fiscalía helvética denunció su secuestro y solicitó a las autoridades españolas colaboración para detener e interrogar, entre otros, a Carlos Montes. Pocos días después, Blanca declaró ante notario estar viva, a salvo, reconciliada con su hermana y retiró todas las denuncias contra los hermanos Montes arremetiendo contra su sobrino y heredero. Los procedimientos en los tribunales españoles y suizos continuaron de la mano de Pablo. La nueva línea de defensa de la familia era demostrar que Blanca fue maltratada por su sobrino, conclusión que rechazó la Fiscalía.

Anuncio de la desaparición de Blanca Roca de Togores Bruguera © Proporcionado por Vanitatis Anuncio de la desaparición de Blanca Roca de Togores Bruguera

En abril de 2016, Pablo Benjumea solicitó la ayuda psicológica de Miguel Perlado y José M. Cuevas, miembros de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico, para presentar un informe que desmontara las acusaciones de su familia sobre su estado mental. Los expertos concluyeron que Pablo no está loco, pero encontraron “indicadores compatibles con una dinámica de manipulación psicológica para lograr que se sometiera a los dictámenes del grupo de referencia en perjuicio de sus intereses personales y familiares”. El informe también destaca el aislamiento extremo al que le ha sometido su familia bajo el argumento de que es “el mismo diablo, una persona hostil”, la exclusión de las decisiones familiares y el bloqueo de la comunicación, junto con la imposibilidad de abrir un posible diálogo orientado a dirimir sus diferencias.

Los intentos de Pablo Benjumea a la hora de intentar hablar con su propia madre, incluso en algunos de los juicios celebrados en los que ella estaba vigilada y escoltada por profesionales, han sido infructuosos. Durante los años que Pablo convivió con José Luis Montes “trató de ser adoctrinado y preparado –según la evaluación realizada–, para ejercer de cabeza de familia y heredero, siempre y cuando estuviera bajo la protección y el amparo de su asesor espiritual. “La negativa a someterse ha conllevado duras consecuencias para él: de tener un papel preponderante en la familia ha pasado a ser desterrado, sufriendo un absoluto vacío emocional. Pablo Benjumea ha sido víctima de técnicas que trataron de alterar su personalidad y limitar su voluntad”.

Imagen del parque Tierno Galván © Proporcionado por Vanitatis Imagen del parque Tierno Galván

Pablo intentó tender la mano para mantener una conversación familiar “con objeto de dirimir sus diferencias”. Su madre aceptó en un primer momento, pero después le envió un mensaje a través del abogado que decía: “Cualquier inicio de conversación está supeditada a que previamente se rindiera y, entre otras condiciones, retirara todas las acciones legales contra los Montes”.

Desde Vanitatis nos hemos puesto en contacto con los hermanos Montes, pero han rechazado hablar con nosotros. El letrado nos envió un comunicado en el que Carlos agradece “la oportunidad de exponer otra versión de estos hechos. He de comenzar aclarándole que tanto Doña Blanca como Doña Carmen Roca de Togores no son marquesas ni duquesas, ni ostentan título nobiliario alguno: son personas anónimas, sin proyección pública o interés social alguno. Cumpliendo su petición, me he puesto en contacto con la familia dándole traslado de su propuesta, pero me comunican que no desean hablar de un asunto familiar muy triste, que ha causado mucho dolor por la actitud enloquecida y agresiva de esta persona. La familia no quiere insistir en el tema por el disgusto que supone seguir removiendo artificialmente el caso”. Tampoco Carlos Montes ha querido hacer declaración alguna al respecto, según nos escribe, porque “ha interpuesto acciones judiciales contra este señor y debe mantener un exquisito respeto a los jueces que tienen que hablar a través de sus resoluciones judiciales”. Ahora es la Audiencia quien tiene la palabra.

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