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Wroclaw, así es la Capital de la Cultura Europea

¡Hola! ¡Hola! 26/04/2016 hola

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© Proporcionado por Hola

Su nombre impronunciable (algo así como brostguaf) resuena este año en el Viejo Continente. Porque esta bella ciudad polaca, capital de la Baja Silesia, es (junto a San Sebastián) la Capital de la Cultura Europea, un título que le ha sido concedido por su capacidad para cerrar cicatrices y situarse en el mapa como un destino lleno de vida. Unos 400 eventos marcarán su apretada agenda de 2016, todos relacionados con la literatura, el cine, el teatro… y el arte en general. Destacan originales propuestas como Singing Europe (agosto), un proyecto para miles de vocalistas con conciertos en los espacios urbanos; la Convención Nacional de la Ciencia Ficción (también en agosto) o la Olimpiada Internacional de Teatro (en noviembre).

Pero más allá de su impulso cultural, Wroclaw es un tesoro por descubrir. Una urbe de aire medieval, con un carisma arquitectónico único, que está asentada a orillas del río Odra y atravesada por cuatro de sus afluentes. Por sus canales entre parques ribereños, por sus 12 islas y sus 130 puentes, se la conoce como la ‘Venecia polaca’.

La Plaza Mayor o Rynek es el centro neurálgico de esta ciudad que ha formado parte de Bohemia, Austria, Prusia y Alemania, y que solo después de la Segunda Guerra Mundial (y de la dramática destrucción del 75% de su patrimonio monumental) quedó integrada en Polonia. Una plaza, la segunda más grande del país, que está cercada por casas burguesas con fachadas de colores en torno a la icónica fuente de cristal, cuyas curvas evocan las ondulaciones de los Montes Sudestes. También en ella se erige majestuoso el Ayuntamiento, una virguería gótica con influencias renacentistas. En sus bajos, encontramos un imprescindible: Piwnica Swidnicka, la cervecería más antigua de la ciudad.

La Rynek es el lugar donde todo pasa, un hervidero de gente en los días soleados al calor de sus animadas terrazas. Y lo mismo sucede en la contigua plaza de la Sal, que aunque recuerda que Wroclaw formó parte de la Vía Regia (la más antigua conexión por tierra entre el este y el oeste europeo) hoy es un colorido mercado de flores donde se puede comprar las 24 horas del día y los 365 días del año.

Ambas son un buen punto de partida para perderse por los vericuetos de la parte vieja, para descubrir la sabrosa gastronomía polaca en restaurantes como Karczma Lwowska (lwowska.com.pl), y para visitar joyas como la iglesia de Santa Isabel, con la torre más alta, a la que se puede subir para disfrutar de unas vistas fabulosas. Pero también para toparse con los más emblemáticos personajes: los gnomos, unas diminutas estatuas agazapadas por las calles, que son el símbolo de la ciudad. Su origen se debe a la Alternativa Naranja, un grupo disidente que, en tiempos del comunismo, optó por emplear la ironía como arma para la protesta. Son tantos, recreando tan diferentes escenas, que hasta existen mapas turísticos para seguir la pista a los enanos.

Ostrow Tumski o la Isla de la Catedral es otro encantador rincón, ideal para un paseo agradable. En realidad, no es una isla (sí lo fue hace cuatro siglos) pero para llegar hay que superar el puente de los Enamorados con los famosos candados del amor. Una vez dentro se despliega el barrio eclesiástico, tranquilo y silencioso, conformado solo por bonitas iglesias (como San Gil o Nuestra Señora de la Arena) presididas por la catedral gótica. Por algo a este espacio lo llaman ‘el Pequeño Vaticano’.

Con 140 mil estudiantes (la quinta parte de la población urbana), la Universidad de Wroclaw es casi como un barrio. O más bien un complejo monumental en el que destaca la magna institución que ha alumbrado a varios premios Nobel. En ella se esconde una joya barroca: el aula Leopoldina, donde el año escolar se inaugura con una ceremonia solemne. Los alrededores, con el mejor ambiente estudiantil, son un buen lugar para un aperitivo en locales económicos.

Al sur, el Barrio de las Cuatro Confesiones (judía, católica, protestante, ortodoxa) no solo da buena cuenta de la convivencia pacífica que exhiben las religiones, sino que además, gracias a su flamante lavado de cara, se trata una cita imprescindible para toparse con la bohemia en sus coquetos cafés. Entre ellos, Mleczarnia (mle.pl/wroclaw) con un ambiente mágico iluminado con velas. Para las compras, mejor será recorrer Swidnicka, la arteria principal que, junto a los bulevares y comercios, acoge también la Ópera neogótica y el legendario Hotel Monopol donde Picasso, en 1948, esbozó la paloma de la paz.

Más allá del casco antiguo, dos edificios circulares se erigen en grandes iconos. Uno es el Panorama de Raclawice, que alberga un gigantesco lienzo de 120 metros de largo (puede admirarse desde un balcón para ver cómo cobra vida con efectos tridimensionales); y el otro, el Hala Stulecia o Pabellón del Centenario, declarado Patrimonio de la Humanidad. En este mazacote de hormigón, que fue un todo hito arquitectónico en los albores del siglo XX, gritó Hitler sus soflamas, aunque hoy sus salas se emplean para atestados conciertos, como los que tendrán lugar al hilo de la Capitalidad Cultural Europea.

MUY PRÁCTICO

CÓMO LLEGAR
Ryanair ofrece vuelos directos a Wroclaw desde Gerona, mientras que Lufhtansa, SAS y LOT lo hacen con conexión en distintas ciudades europeas.

DÓNDE DORMIR
Existen encantadores hoteles en el casco antiguo, como Art (arthotel.pl), que ocupa un par de edificios históricos; o Puro (en.purohotel.pl) que tiene factura moderna con avanzada tecnología. Fuera del recinto, pero a un paso, el Ibis Styles Wroclaw Centrum (ibis.com), cuyo diseño se inspira en Alicia en el país de las maravillas, es una opción confortable.

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