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Las esmeraldas que lució Federica de Grecia en la boda de su hija Sofía con Juan Carlos de Borbón

Logotipo de Vanity Fair Vanity Fair hace 6 días César Andrés Baciero

Para su enlace con Juan Carlos de Borbón y Borbón, entonces únicamente heredero del pretendiente al extinto trono español, la princesa Sofía de Grecia, primogénita de los reyes helenos, eligió coronarse con la diadema de diamantes, conocida como la Prusiana, que había recibido como regalo de bodas de su madre, la consorte Federica. La Hannover la había incorporado a su joyero en 1938 como regalo de compromiso de su progenitora, Victoria Luisa de Prusia, a quien se la habían comprado sus antecesores, el káiser Guillermo II y la emperatriz Victoria Augusta, con motivo de sus nupcias en 1913. De estilo neoclásico y línea griega, esta alhaja de los hermanos berlineses Robert y Louis Koch es considerada, por su tamaño, una tiara menor. 

Para contrarrestar la sencillez elegida por la novia –además de la tiara se adornó con unos pendientes largos y un colgante de diamantes, ambas regalos paternos–, la reina Federica optó por epatar con las piezas más coloridas y valoradas de las joyas reales griegas: las esmeraldas de la reina Olga. La alemana siempre defendió que era el pueblo heleno el que le exigía tal derroche de luminosidad. Otra teoría dice que lo que quería doña Federica era darle en las narices con su poderío a la reina Victoria Eugenia de España, quien durante las negociaciones del matrimonio le había espetado a su colega aquello de “tú serás muy reina, pero los Borbones saben de dónde vienen. Tú y yo somos unas parvenu (advenedizas). Juan Carlos no es chico de los Barcelona; ¡es el 17!”. Haciendo referencia al puesto que ocupaba su nieto en la dinastía de reyes Borbón en España. 

Las esmeraldas que lució la reina griega el 14 de mayo de 1962, permeable al capricho de las modas propias de cada tiempo, entraron a formar parte del cofre heleno por matrimonio cuando en 1867 el rey Jorge I de Grecia se casó con la gran duquesa Olga de Rusia, nieta del zar Nicolás I, provista de una generosísima dote en gemas. La reina Olga lució sus berilos verdes, rodeados de diamantes, en collares y broches que prendía de tocados y vestidos al estilo de su país de origen.  

Gran parte de estas esmeraldas fueron heredadas por su nieto, el rey Jorge II de Grecia, quien se las regaló a su prometida, la princesa Isabel de Rumania en 1921. La reina Isabel las presumió, combinando estas joyas reales con brillantes, en una diadema bandeau de inspiración floral, un broche de hoja de parra y unos larguísimos pendientes. Tiempo después transformó la venda incorporando una base de diamantes aunque la continuó llevando sobre la frente. 

Como no hay dos sin tres, Isabel volvió a desmontar el adorno y la joyería Cartier dio a luz una tiara estilo kokoshnik  (tocado femenino tradicional ruso) en la que las esmeraldas quedaron separadas por un par de letras ‘E’ enfrentadas y elaboradas en diamantes. La razón de elegir la ‘E’ y no otra letra se debió a que su nombre era Elisabeta (Isabel).  

Federica de Grecia con las joyas de la reina Olga. © Vanity Fair España Federica de Grecia con las joyas de la reina Olga.

En 1935 la rumana se divorció del rey Jorge II y le devolvió el juego de esmeraldas. El monarca se lo legó a su hermano, Pablo I de Grecia, quien se lo regaló a su esposa, Federica de Hannover. La madre de doña Sofía aligeró la tiara eliminando el hilo de diamantes superior y la dotó de un mecanismo para que también pueda ser lucida como collar, que es como la utilizó ella en la boda de los reyes eméritos. 

Además de este aderezo al completo, la reina Federica utilizó otras joyas en el enlace de los reyes Juan Carlos y Sofía, destacando un par de alfileres gemelos de diamantes y rubíes prendidos en su casquete. Unos imperdibles que heredó la madre de Felipe VI y que la infanta Cristina utilizó, montados en un brazalete de oro como ya lo había hecho su progenitora, en la boda de su primo Beltrán Gómez-Acebo y Laura Ponte en 2004.

Para esta ocasión tan especial, la boda de su primogénita, la reina Federica le confió su atuendo a su modisto de cabecera, Jean Desses, quien también elaboró el vestido de la novia, que actualmente está expuesto en el Palacio Real de Aranjuez junto al Manuel Pertegaz de la reina Letizia, el Petro Valverde de la infanta Elena y el Lorenzo Caprile de la infanta Cristina que lucieron en sus respectivos enlaces. El conjunto dorado descafeinado de la madre de la novia estaba formado por un vestido con ricos bordados vegetales y un abrigo a juego ribeteado de visón, cabe destacar que el 14 de mayo de 1962 en Atenas las temperaturas eran elevadas.

En 1964, tras la muerte del rey Pablo, su hijo Constantino II ascendió al trono y  ese mismo año se casó con la princesa Ana María de Dinamarca, a quien la reina Federica le legó las joyas ligadas a las reinas de Grecia, entre ellas, las esmeraldas de la reina Olga. La danesa estrenó el juego la noche previa a su enlace.

Ana María de Grecia con las esmeraldas de la familia real helena. © Mark Cuthbert/ Gtres Ana María de Grecia con las esmeraldas de la familia real helena.

Actualmente el conjunto de esmeraldas de la reina Olga está formado por una diadema con cinco esmeraldas en talla cabujón a juego con un broche del que cuelgan otras cinco esmeraldas desmontables en forma de gota y  unos zarcillos. Es decir, prácticamente, tal y como lo montó Cartier en el primer tercio del siglo XX. 

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