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¡Come bien para vivir más! Estos alimentos te quitan años de vida y te añaden arrugas

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 17/04/2017 Claudia del Águila
© Externa

Puedes gastarte el presupuesto del mes en carísimas y exclusivas cremas antienvejecimiento o ser una parroquiana fiel de una clínica de estética, pero si no cuidas tu alimentación, las patas de gallo no firmarán su carta de despido. Se quedarán allí, en tu rostro y llamarán a otras amigas como el código de barras del labio superior y a algunos cráteres en la frente. Sí, parece una predicción apocalíptica, pero puedes huir fácilmente de ella si cuidas lo que te metes entre pecho y espalda. Y no hablamos de esos superalimentos, de los que habrás leído ya mucho y que son muy efectivos. Puedes atiborrarte de ellos, pero si además ingieres otros que suman años, tus esfuerzos serán estériles. Por ello, aquí y ahora hemos decidido desenmascarar a los pérfidos alimentos que añaden años que no son los que se corresponden con tu carné de identidad. Despídelos inmediatamente de tu mesa. Será un despido procedente.

Culpable 1: Bebidas azucaradas

Parecen inocentes, un pequeño capricho que te podrías conceder de vez en cuando. Pues no es así. Un estudio de la Universidad de California (EE.UU.) publicado en la revista científica 'American Journal of Public Health' demostró que ingerir dos latas de bebidas gaseosas azucaradas provocaba cambios en el ADN equivalentes a tener 4,6 años de más. Esto se comprobó por los telómeros, que vienen a ser, para entendernos, como la cola del ADN, por lo que lo protegen. A medida que pasan los años, los telómeros se acortan y, por ende, envejecemos.

Pues bien, tomarse esas dos latas disminuía el tamaño de los telómeros: por tanto los envejecía. Hasta el momento, las bebidas azucaradas gozaban de mala reputación por vincularse a la obesidad y a la diabetes del tipo 2, pero esta nueva investigación les ha colgado un nuevo San Benito: además, te hacen parecer mayor de lo que eres. Así será mejor que exprimas unas cuantas naranjas o cualquier otra fruta y pases de largo por la máquina de autovending.

Culpable 2: Las grasas trans

No son grasas que han querido cambiarse de género, se conoce por este término al tipo de grasa que se forma al solidificarse el aceite y añadírsele hidrógeno. Básicamente en este grupo encontramos casi todos los alimentos procesados, la bollería industrial, patatas chips en todas sus versiones, algunas galletas, snacks… Vamos, todo aquello que nos tienta y que sabemos que nos sienta mal. Y hasta ahora, seguramente nos acercábamos a estos productos con cierto sentimiento de culpa, pues a nadie se le escapa que engordan.

Pero más allá de esos antiestéticos kilos de más, también tienen otras tétricas cartas escondidas en la manga. Un estudio de la Universidad de Navarra y la de Las Palmas de Gran Canaria demostró que por si fuera poco, este tipo de grasas aumentan el riesgo de padecer depresión. Además, está demostrado que obstruyen las arterias y endurecen los vasos sanguíneos por lo que te hacen más proclive a padecer problemas coronarios. Y ahí no acaban los cargos de la acusación: hacen que tu piel tenga menos protección contra los rayos de sol, por lo que se envejece más rápidamente.

Culpable 3: La sal

Está comprobado que la sal eleva la tensión arterial y eso, de por sí, ya es poco deseable. Pero es que además, al subir la presión, se reduce la producción de colágeno, por lo que la piel pierde elasticidad y las arrugas tienen el campo abonado para montar una fiesta. Y no basta con dejar el salero de lado y resignarse a una dieta sosísima. De hecho, ahí no está la mayoría de sal que consumimos.

Según un estudios que llevó a cabo la Agencia Española de Seguridad alimentaria y Nutrición (AESAN) la mayoría de sodio que ingerimos proviene de alimentos procesados: embutidos (jamón curado, chorizo, salchichón y fuet), queso (curados frescos y fundidos), pan (blanco, de molde y tostado) y, por supuesto, en los platos preparados (especialmente en los congelados). Para no añadir demasiada sal a tu dieta, deberías comprobar las etiquetas de todos los alimentos que vayas a poner en tu cesta y escoger los que lleven menos sodio.

Culpable 4: El azúcar

Tan malo es tener una vida (y alimentación) muy 'salada' como que esta sea demasiado 'dulce'. Un exceso de azúcar deja tus vasos sanguíneos para el arrastre y ello influye directamente en la elasticidad de la piel. Por no hablar de la diabetes, que es la enfermedad que más estrechamente se relaciona con darle demasiado al azucarero. Pero aquí tenemos el mismo problema que con la sal.

Puedes no añadir azúcar a tu comida e, igualmente, estar ingiriendo ingentes cantidades, pero este ingrediente se agazapa en otros alimentos que debes identificar. Además de las bebidas azucaradas –a las que ya hemos criticado sin ambages antes- y los snacks –que también se han llevado lo suyo- también los podemos encontrar en yogures, cereales, salsas elaboradas e, incluso, mermeladas ligeras. Así que sigue la recomendación de antes: échale un vistazo a la etiqueta para no tenerle que echar un vistazo a tus nuevas arrugas.

Culpable 5: El picante

Si eres adicta o adicto a los restaurantes mexicanos y a los hindúes, es probable que tu rostro se resienta. Ponerle exceso de picante a los alimentos que ingieres, dilata los vasos sanguíneos. Y al hacerlo, se puede causar alguna que otra ruptura que se deje rastro en tu piel. También afecta al color de tu piel, que puede pasar a ser mucho menos saludable. La elasticidad y el tono también se resienten cuando pides esas bravas extrapicantes.

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