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¿Necesito tomar probióticos, doctor?

Logotipo de AR AR 22/12/2016 Carla García
Imagen de probióticos © AR Revista Imagen de probióticos

​Que levante la mano quien no se haya sentido pesada alguna vez o no haya notado el abdomen hinchado a pesar de seguir una dieta sana e incluso hacer ejercicio. ¿Te suena? Precisamente, los probióticos son una de las armas más efectivas para combatir esa distensión abdominal. Y este es solo uno de sus muchos beneficios. Pero ¿qué son exactamente? Se trata de microorganismos vivos, bacterias beneficiosas que cuando las tomamos permanecen activas en el intestino y tienen como función principal "ayudar a nuestro cuerpo a absorber los nutrientes necesarios, a desarrollar el sistema inmunitario y a defendernos de enfermedades e infecciones, principalmente gastrointestinales", nos explica Guillermo Álvarez, presidente de la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPYP) y uno de los autores del libro Probióticos, prebióticos y salud (Ed. Ergón). Se trata, principalmente, de un poderoso antiinflamatorio intestinal. Como nos detalla el especialista, los probióticos son buenos tanto "en la prevención como en el tratamiento de la diarrea, la infección por Helicobacter pylori, la enfermedad inflamatoria intestinal o en trastornos funcionales como el cólico del lactante o el estreñimiento".

Pero este no es el único efecto beneficioso sobre nuestro organismo: "De la misma manera que comemos alimentos ricos en hierro, calcio, vitaminas, etc., los complementos alimenticios con probióticos entrarían dentro de lo que llamamos alimentos funcionales, que son aquellos que pueden producir un beneficio sobre la salud, además de su función nutritiva", añade. Los probióticos también influyen de forma decisiva en nuestra piel, ya que se utilizan para tratar la dermatitis y luchar contra enfermedades alérgicas. Incluso son considerados como un importante aliado femenino, ya que se usa en patologías como la mastitis [inflamación de los senos] y la vulvovaginitis [inflamación de la vagina]", explica el doctor Álvarez.

En el intestino humano habitan cuatro trillones de bacterias, un universo propio que nos ayuda a aprovechar los nutrientes no digeribles de la dieta.​

Por otra parte, ¿sabías que los probióticos nos ayudan a mantener el equilibrio emocional? Ocurre que, en la salud y en la enfermedad, el cerebro y el intestino parece que se dan la mano. ¿Quiere eso decir que la famosa hormona de la felicidad habita en el estómago? Irina Matveikova, médica especializada en endocrinología y nutrición clínica, nos lo confirma: "Sí, el 90 % de la serotonina se produce en el sistema digestivo. Solo el 10 % restante se produce en el cerebro". Así que, para evitar que nuestro ánimo decaiga, la doctora Matveikova recomienda "escuchar siempre al sistema digestivo. De cómo sintamos nuestra tripa depende en gran medida nuestro ánimo. Si aprendemos a escuchar sus señales estaremos más sanos, perceptivos y equilibrados. Un ejemplo: un estreñimiento crónico puede suponer una falta de serotonina". Y ¿cuáles son las consecuencias? Dos muy importantes: "Nos convierte en pesimistas y además puede disminuir la libido".

Quizá esa sea una de las razones de que los probióticos se consideren poderosos aliados para paliar el estrés o la ansiedad. Es más, según investigadores de la School of Medicine de la Universidad de California Los Ángeles, el hecho de tomarlos a diario "cambia, a mejor, la forma en que nuestro cerebro responde al medio ambiente".

¿Debo tomarlos si estoy sana?

Esta es una de las principales cuestiones que todos nos hacemos cuando hablamos de probióticos. Los especialistas consultados en este reportaje coinciden: no es necesario, pero podrían ayudarnos en nuestro estado de salud en general. Rafael Esteban, especialista de Faes Farma, se muestra de acuerdo con su consumo: "No hay ningún problema en tomarlos a diario, al contrario: al modular la microflora intestinal producen beneficios a largo plazo. Una prueba de ello es la longevidad de poblaciones europeas con la ingesta diaria de leches fermentadas". Y es que, aunque hay probióticos que pueden adquirirse en las farmacias, este tipo de microorganismos vivos también están presentes en los alimentos de la cesta de la compra que encontramos en cualquier supermercado. Es el caso de los yogures y las leches fermentadas: solo hace falta echar un vistazo al etiquetado de estos productos para encontrar bacterias como Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus, cepas de Lactobacillus casei y de Bifidobacterium animalis.

¿Por qué resulta tan importante para la salud cuidar de nuestra flora intestinal? La respuesta es bastante contundente: "Sin ella no podríamos vivir, porque estamos continuamente infectados por bacterias", responde el especialista Gonzalo Guerra, gastroenterólogo y fundador del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (Madrid). Las cifras pueden llegar a marear: "Hay unas quinientas familias de bacterias dentro de nuestro intestino, desde el estómago hasta el recto; cuatro mil subespecies distintas, que hacen un total aproximado de cuatro trillones de bacterias", apunta Guerra. En total, representan un kilo y medio de nuestro peso. Sin duda, un universo propio que habita en el interior de nuestro organismo, y nos ayuda a "aprovechar los nutrientes no digeribles de nuestra dieta, sintetizar sustancias esenciales para la vida como las vitaminas e intervenir de manera notable en el desarrollo del sistema inmunitario, vital para luchar contra las infecciones", explica el doctor Álvarez. En este campo de batalla, el papel de los probióticos resulta fundamental para regular el equilibrio de esta comunidad intestinal y limitar el efecto negativo de los microorganismos patógenos.

Antes de tomar probióticos pide consejo a tu médico o tu farmacéutico , ya que existen cepas probióticas específicas para cada necesidad.​

Precisamente, cuando tomamos antibióticos, ese equilibrio entre las bacterias malas y buenas desaparece. El abuso de medicinas y jarabes irrita y desgasta la flora intestinal, y por ende destruye en gran parte las bacterias saludables de nuestro cuerpo, en especial aquellas que se alojan en el intestino. Cuando tomamos antibióticos, las bacterias malas se adhieren a la mucosa del intestino delgado, las defensas bajan y podemos sufrir la temida hinchazón o dolor abdominal, vómitos, gases, estreñimiento o diarreas. En algunos casos, una reacción alérgica puede ocasionar la desaparición casi total de la flora. Y ¿quién nos protege de este tipo de medicamentos? Para recomponernos y evitar estas fatales consecuencias no hay nada mejor que los probióticos: "En líneas generales, aproximadamente una cuarta parte de los pacientes que consumen antibióticos presentarán diarrea como efecto secundario al provocar un desequilibrio de la microbiota intestinal. Los estudios realizados demuestran que los probióticos en combinación con antibióticos reducen el riesgo de diarrea", sentencia Álvarez.

¿Son aptos para todos?

Hasta la fecha, si tenemos en cuenta el hecho de que llevar una vida cien por cien saludable resulta bastante complicado, la única manera de cuidar la microbiota que nos protege es a través de los probióticos. Además, según nos cuentan los especialistas, este complemento alimenticio no tiene contraindicaciones y es apto para todos los públicos: "Están recomendados en todas las edades, desde niños recién nacidos hasta ancianos, pasando por individuos de mediana edad, e incluso durante el embarazo". En el caso de los más pequeños de la casa, la industria farmacéutica afirma que su consumo puede reducir hasta un 30 % las faltas de asistencia a clase, puesto que favorecen la rápida recuperación de los pequeños en casos de cólicos o infecciones.

Lo curioso es que cada individuo tiene su propia composición bacteriana, que depende tanto de los genes como del nacimiento –fuera por parto natural o por cesárea–, modelo de lactancia, entorno rural o urbano... Todas estas condiciones influyen de forma decisiva en nuestra salud. De hecho, el doctor Guerra nos cuenta que nacemos sin gérmenes y es al tercer día de vida cuando se incorporan a nuestro intestino. Esa es la razón por la que es bueno que los niños se 'contaminen' lo antes posible, porque así se pone en marcha su sistema inmunitario. En este sentido aconseja a las madres "no hervir el chupete o la tetina del biberón cada vez que se caiga al suelo, para que el niño se infecte lo antes posible y a los tres años tenga el sistema inmunitario totalmente activo, ya que de ello va a depender su vida". Es más, en función de las bacterias que acumulemos durante las tres primeras semanas de vida se va a determinar nuestra propensión a sufrir alergias, asma o neurodermatitis.

Existen probióticos diferentes según las necesidades individuales de cada persona. Esteban nos aconseja recurrir a ellos siempre bajo prescripción médica o siguiendo el consejo de un profesional de la salud: "Existen cepas probióticas específicas para situaciones concretas, pues no todas las cepas son adecuadas para todo, y el médico o farmacéutico deben orientarnos sobre su uso más adecuado".

Los prebióticos, un paso más

Al igual que las personas, los probióticos necesitan alimentarse para sobrevivir. Pero ¿de qué se compone su dieta? De prebióticos, un tipo de hidratos de carbono –entre los que se encuentra, por ejemplo, la inulina–, que hacen que las bacterias buenas se reproduzcan y ayuden a los probióticos a tener un mayor y mejor efecto. Podemos encontrarlos en los alimentos que ingerimos día a día: las alcachofas, con entre un 3 % y un 10 % de inulina, son de los prebióticos más frecuentes, aunque también lo son los espárragos, la raíz de achicoria, la harina de trigo, el ajo o la cebolla. Lo ideal para nuestro organismo es que se nutra de prebióticos y probióticos al mismo tiempo.

Con la vista puesta en el futuro, el doctor Álvarez nos explica que se están desarrollando estudios que apoyarían la utilización de probióticos y prebióticos en problemas de obesidad, malnutrición, enfermedades neurológicas y alteraciones del comportamiento (cefaleas, autismo, estados de depresión y ansiedad) y posible prevención de varios tipos de cáncer (colon, mama, vejiga...).

Y demás de seguir siempre las instrucciones del profesional de la salud, Gonzalo Guerra nos ofrece un truco extra a la hora de fijarnos en el etiquetado de los probióticos: "Lo ideal es que contengan de seis a siete gérmenes, lo que equivale a unos diez mil millones de 'bichitos' por unidad". El especialista nos recomienda tomarlo durante "veinte días y descansar diez para ayudar al organismo a adaptarse a ellos".

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