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¿Odias tu (nuevo) corte de pelo? Seis consejos para no salir llorando de la peluquería

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 14/03/2017 Vicky Vera

Si reservas una hora en la peluquería y lo haces con más miedo que ilusión por tu cambio de look, hay un problema. Significa que no sería la primera vez que te pones en manos de un profesional para renovar tu imagen y la cosa sale mal.

© Externa Un hecho que, por desgracia, hemos sufrido al menos una vez en la vida y que nos condiciona bastante a la hora de dar paso para una renovación capilar. Pero todo lo que no sea salir de la peluquería a cámara lenta, con tu melena renovada, ondeando a tu alrededor, no debería ser una opción.

Por ello, ¿qué pasa si después de unas horas en la peluquería, te miras al espejo y ves exactamente lo contrario de lo que habías pedido? Obviamente, la violencia no es una salida, pero tampoco tienes que sonreír falsamente y esperar a llegar a casa donde puedes ponerte a llorar a gusto. Es una situación complicada e incómoda, pero lo único que puedes hacer es hablar y decirle a tu estilista lo que sucede. Es raro, porque no estamos acostumbrados a hacerlo, pero igual que cuando pagamos por otros servicios obtenemos lo que queremos, en peluquería debería pasar lo mismo. Ojo, no estamos hablando del momento en el que te empeñas en ser rubia, a pesar de que tu estilista te recomienda lo contrario, y luego te lamentas porque no te gusta. Estamos hablando de cuando pides una melena midiy llegas con un bobestilo años 20 a casa.

Además, los peluqueros y estilistas tampoco quieren que te vayas de su salón disgustada; quieren que te veas bien, que quedes satisfecha con el resultado y que vuelvas. Por ello, lo primero es mantener una conversación con ellos en la que debe quedar bien claro lo que quieres y cómo se puede conseguir. Pero si esa comunicación falla, te damos algunos trucos para abordar esa charla de descontento.

1. Lo primero, prevenir

Encontrar un peluquero de confianza es fundamental para que estemos contentos con los resultados. Ten en cuenta que debería ser una especie de mejor amigo con el que notes conexión, alguien en quien puedas confiar y con quien puedas ser honesta. Si después de una primera consulta no te convence o no sientes feeling, lo mejor es hacer caso al instinto y seguir buscando a esa persona con la que te sientas cómoda hablando.

2. Adelántate

Si ves que a medida que corta o tiñe algo no te cuadra, díselo. No tengas reparos y pregúntale por qué está haciéndolo o por qué ha elegido un tono que a ti te parece demasiado oscuro. Te dará una explicación (conseguir más volumen en esta zona, quitar en esta otra, combinar tonos o lo que sea) con la que puedes estar de acuerdo o que puedes rebatir, pero lo importante es no callarse. Al igual que cuando te pregunta '¿cómo lo ves hasta ahora?'; si no lo ves bien, deberías decírselo. Si te preguntan, es porque los peluqueros no saben leer la mente y tus respuestas sinceras les ayudan a hacer bien su trabajo.

3. Sé flexible a la hora de arreglar el problema

Entender que nueve de cada 10 veces no se puede conseguir lo que estábamos buscando pero sí algo parecido a lo que queríamos es clave. Tu pelo no es el mismo que el de la chica de la foto que has llevado como ejemplo: puede ser más liso, más rizado, con más remolinos, más claro, más oscuro... Todo ello son factores que juegan un papel importante en el resultado final, así que no te obceques. Intenta visualizar, de forma realista, cómo resultaría ese peinado con las características de tu pelo y habla con tu peluquero para enfocar el trabajo en esa dirección.

4. Habla con educación y no pierdas la calma

La clave para arreglar cualquier cosa es hablar, así que no te calles lo que piensas mientras estás sentada en la silla de la peluquería. Eso sí, hazlo siempre desde el respeto y la curiosidad, sin resultar desconfiada, ni agresiva. Habla y pregunta de forma sencilla pero directa, ya que no se trata solo de confiar en tu estilista, sino de que ella o él también puedan confiar en ti. Y si al final algo sale mal, no llores ni montes dramas que no llevan a nada.

5. Date tiempo

A veces no está mal, sino que el cambio es tan grande que necesitas un tiempo para acostumbrarte. Vuelve a casa y espera unos dos o tres días. Si sales del salón infeliz y frustrada con el resultado, descansa de la peluquería. Intenta jugar con diferentes estilos, ver cómo funciona el color después de un par de lavados... La mayoría de las veces, el shock del nuevo look se pasa después de unos días y ves que realmente te queda bien.

6. Llama pasados 10 días

Si tras este tiempo sigue sin gustarte el resultado, pásate por el salón o llámales y explica la situación (pero mejor hablarlo allí). Cuéntales, siempre manteniendo las formas, qué es lo que no te termina de convencer y que te asesoren para solucionarlo. Normalmente te ayudarán sin problema.

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