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¿Los ex pueden ser amigos?

AR AR 03/06/2016 Ana Villarrubia
¿Los-ex-pueden-ser-amigos? © AR Revista ¿Los-ex-pueden-ser-amigos?

Seguro que, como mínimo, te lo has preguntado una vez en la vida. ¿Podemos seguir siendo amigos después de romper? Y más de una vez habrás querido agarrarte a ello para afrontar una ruptura. Como si la idea de continuidad la hiciera más llevadera… Lamentablemente la experiencia clínica me lleva a pensar que no es posible, al menos en la mayor parte de los casos. Muchas veces así lo queremos, así lo sentimos, percibimos que la relación se ha desvanecido en lo pasional pero queremos seguir contando a nuestro lado con esa persona que tan íntimamente nos conoce, con quien tan bien nos hemos llevado y que con solo mirarnos ya sabe lo que estamos pensando. Por suerte o por desgracia esto suele pensarlo en estos términos quien deja la relación, no para quienes dejado.

Para la persona abandonada la idea de continuar con la relación en otros términos bien distintos suele suponer una falsa ilusión; esta idea puede aliviarle temporalmente con la expectativa irreal de una reconciliación pero solo a corto plazo. En términos psicológicos y más prácticos los roles establecidos en la pareja no pueden transformarse de la noche a la mañana y la ruptura no puede asimilarse sin experimentar la distancia, la soledad, el cambio en las rutinas y, en definitiva, la pérdida en sí misma.

No nos dejemos llevar por el refuerzo más inmediato, por el alivio que más a mano tenemos. Seguir siendo amigos implica compartir intimidad, ser compañeros y servir de apoyo. Para quien ha llevado la voz cantante en la ruptura esto alimenta sentimientos de culpa: ¿De qué manera voy a ser útil para mi "amigo" si aquello que él quiere en este momento para sentirse bien es precisamente algo que yo ya no quiero darle? Para el otro este doble juego acaba resultando igualmente desconcertante y castigador: genera dependencia del otro, le ancla a esa situación y le impide elaborar sus sentimientos de manera saludable y adaptativa como para poder sobrellevar y superar la ruptura. Tampoco digo que haya que ponerle al otro la cruz de por vida y olvidarse de él, en absoluto.

Lo que sí es recomendable es dejar el tiempo y el espacio suficientes como para que, si la relación vuelve a establecerse en otros términos, no sea a través de ninguno de los mecanismos perniciosos descritos sino más bien después de un tiempo de crecimiento y desarrollo personales en el que los caminos de las dos personas vuelven a encontrarse en otras circunstancias vitales bien diferentes.

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