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¿Tu dieta no funciona? La culpa no es del chocolate, sino de tu cerebro

Vanitatis Vanitatis 20/06/2016 Marita Alonso
© Externa

Meses de dieta y gimnasio para perder esos kilos de más han dado resultado. Posas ante el espejo con tu nuevo bikini y te lanzas a la playa a presumir de los frutos recogidos tras meses de esfuerzo. Por supuesto,inmortalizas tu nueva silueta en Instagram. Pero hagamos un viaje al futuro. Al verano que viene.

Examinas esta fotografía pasados 365 días y descubres que no solo has vuelto a recuperar los kilos que perdiste, sino que has ganado una talla.¿Por qué nunca funcionan las dietas? ¿Hay que culpar al dietista, a ese bote de Nutella que te tienta desde la cocina o al estrés que te empuja a comer cuando la ansiedad llama a tu puerta? La respuesta no te va a gustar. Tú no tienes la culpa de haber ganado cinco kilos. La razón por la que no te mantienes en el peso que querías está en tu interior y tiene nombre: el hipotálamo. Esa región del cerebro te impide adelzagar. ¡Maldita neurociencia!

1. El punto de ajuste

Ni tu doctor ni tu dietista ni Gisele Bündchen determinan cuál es tu peso ideal. Es tu cerebro el que elige el llamado 'punto de ajuste', que se trata de un rango de entre 4 a 7 kilos del que es difícil salir. Por mucho que te empeñes en que tienes que pesar 50 kilos, si tu hipotálamo, la región del cerebro que regula los kilos, piensa que has de pesar como mínimo 55 kilos, no te lo va a poner fácil. Puedes restringir las calorías que ingieres e incrementar el gasto energético, pero el hambre y el consumo de energía son regulados por el cerebro, y él no te lo va a poner fácil.

Cuandotras un régimen tu peso está por debajo del que tu hipotálamo considera idóneo, no solo terminas por quemar menos calorías que una persona que vive al margen de dietas, sino que vas a producir más hormonas que provocan hambre y hacen que encuentres el comer cada vez más apetecible. Tu mente indicará que estás en un estado de hambruna y hará lo posible para que tu volumen se sitúe en el rango que considera correcto. Y cuidado con tener un ligero sobrepeso durante un par de años, porque tu cerebro puede determinar que ese es tu nuevo punto de ajuste. ¿La consecuencia? Conseguir tener la talla por la que suspiras puede ser aún más complicado. 

2. El símil del termostato

No es que tu mente vaya en tu contra, sino que lo hace como mecanismo de defensa. Cuando la comida escaseaba, para mantenernos como especie, el cerebro luchaba por conservar energía y recuperar peso con facilidad al encontrar comida, ya que desconocía cuándo volvería a comer. Ahora entenderás cómo es posible que vivas a base de 1.000 calorías, vayas al gimnasio cinco días a la semana y aún así no bajas. Tu metabolismo se ha ralentizado y es posible que esa ensalada que has comido con tu amiga, que no sabe lo que es una dieta y se ha metido entre pecho y espalda una hamburguesa, te haga engordar lo mismo que a ella su plato.

“El sistema funciona como un termostato, respondiendo a las señales del organismo al adecuar el hambre, la actividad y el metabolismo para mantener tu peso estable conforme cambian las condiciones. Así funciona un termostato: mantiene estable la temperatura en tu casa a pesar de que el clima cambie afuera. Puedes trucar la temperatura de tu casa abriendo una ventana en invierno, pero el aparato funcionará igual. Es decir, responderá aumentando la intensidad del horno para mantener la calidez del ambiente.

El cerebro funciona de la misma forma, respondiendo a la pérdida de peso con poderosas señales para empujar a tu cuerpo de vuelta hacia lo que considera normal”, explica la neurocientífica Sandra Aamodt en la charla 'Por qué las dietas usualmente no funcionan'. De hecho, cinco años después de haber estado a régimen, la mayoría de los que no la han seguido, recuperan los kilos. Llegando incluso, alrededor del 40% de ellos, ha ganar más volumen del que partieron.

3. La supresión del metabolismo

Si crees que la vida es injusta, ahora descubrirás que todavía lo es más. Algunos expertos afirman que la gente que tiene predisposición genética a ganar kilos es más propensa a ponerse a régimen. Para demostrar la idea, un estudio llevado a cabo en 2012 con una muestra de 4.000 gemelos de entre 16 y 25 años señaló que los que se sometieron a dieta eran más propensos a ganar volumen que sus gemelos. Es decir, al margen de la genética, hacer dieta induce a aumentar peso.

Las dietas ralentizan nuestro metabolismo, por lo que una persona que pierde el volumen deseado trasesta, para mantener su peso a lo largo de los años, habrá de comer entre 250-400 calorías menos que una persona que pesa lo mismo sin haberlo logrado mediante un régimen. Así lo señala el doctor Rudy Leibel, de la Universidad de Columbia, tras estudiar a personas que habían perdido el 10% de su volumen corporal. ¿La razón? Sus metabolismos están suprimidos.

Entonces, ¿qué hacemos? Según Sandra Aamodt, que dejó de hacer dieta hace casi seis años y perdió peso tras hacerlo, la clave está en escuchar al cuerpo y ser un comedor intuitivo. Es decir, comer cuando se tiene hambre y parar cuando se está lleno ¿Será tan simple la clave para perder kilos? 

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