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72 horas (y un ferri) para descubrir La Gomera

Vanitatis Vanitatis 09/11/2016 Beatriz Portinari

Con la bajada de temperaturas, el cambio horario que nos quita tiempo de ocio al sol y las tormentas día sí y otro también, el espectador solo puede morderse los puños cada vez que los meteorólogos señalan las islas Canarias: "En el archipiélago: nubes y claros, y 22 grados". Señores peninsulares: noviembre, 22 grados, sensación térmica de 24. Si acaso algún chaparrón, niebla y olor a tierra mojada. Canarias sigue siendo un destino paradisíaco a salto de avión, sin necesidad de pensar en el Caribe para disfrutar del mar en otoño. 

Entre sus islas destaca una por secreta y menos explorada: La Gomera, donde suelen acudir viajeros en vez de turistas. En sus escasos 369 kilómetros cuadrados se esconden joyas históricas -como vestigios de los últimos pasos de Cristóbal Colón antes de descubrir América- y naturales, con sus desfiladeros, valles y acantilados que esconden playas casi vírgenes. Este enclave, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, es la tierra prometida para los nómadas aventureros que buscan algo más que chiringuitos, arena y sol. Papas arrugás, gofio, almogrote y leche asada son las recetas típicas que solo se encontrarán en esta zona, acompañadas de un vaso de 'gomerón': miel de palma y aguardiente, solo apto para valientes. La forma más rápida para llegar es volar a Tenerife y, desde el puerto de Los Cristianos, coger un ferri de apenas una hora hacia la enigmática Gomera. Al pisar tierra firme conviene olvidarse del reloj y vestir calzado cómodo. Estas son las claves imprescindibles para explorar sus secretos.

San Sebastián de la Gomera. Cuando el viajero llega al puerto de San Sebastián puede hacerse una idea de los pasos que dio Cristóbal Colón por el muelle, buscando proveedores y avituallamiento para continuar su viaje hacia América. Dicen las malas lenguas que además de víveres y agua dulce, Colón encontró también una bella amante y benefactora, la dama de alta cuna Beatriz de Bobadilla, alias la Cazadora, exquerida del rey Fernando el Católico y gobernadora de La Gomera. Ahí queda eso. 

San Sebastián de la Gomera © Proporcionado por Glamouratis San Sebastián de la Gomera

De aquella época siguen en pie los restos de la Torre del Conde, fortaleza castellana donde la gobernadora tuvo que esconderse porque habían puesto precio a su cabeza los revolucionarios nativos. Cuando fue liberada, sofocó la rebelión a sangre y fuego. De las aventuras y 'affaires' colombinos queda en pie la sencilla Casa-Museo de Colón, con vasijas y utensilios de la época, como los que se llevó a bordo de las tres carabelas.

Pescantes de Hermigua. Durante siglos, la zona norte de la isla estuvo incomunicada por vía terrestre debido a lo escarpado de su orografía, posible desencadenante del peculiar lenguaje, el 'silbo gomero', que sigue transmitiéndose de generación en generación. Los cultivos por bancadas ganadas a la tierra buscaban salida para la exportación y por eso surgió a principios del siglo XX una construcción industrial hoy abandonada y convertida en monumento: los pescantes. 

Pescante de Hermigua © Proporcionado por Glamouratis Pescante de Hermigua

A través de un sistema de poleas descendían en canastos las mercancías, personas y animales, desde el valle hasta los barcos. Esto era arriesgar la vida columpiándose sobre mar. Cuando mejoraron las comunicaciones en la isla, los pescantes cayeron en desuso, pero el de Hermigua permanece en la costa como extraña construcción a visitar. Esta población es además símbolo de la tradición gomera -como reflejan sus Museo del Gofio y Museo Etnográfico- y punto de partida de otra de las rutas de 'trekking' más demandadas: el Bosque del Cedro. Solo quienes se atreven a adentrarse en sus caminos descubren un riachuelo secreto, una cascada y una ermita escondidos en el corazón del bosque.

Parque Nacional de Garajonay. Si los productores de ‘El señor de los anillos’ hubieran visitado antes La Gomera, no habrían tenido que ir hasta Nueva Zelanda a rodar. La idea de 'bosque de cuento' alcanza su máxima expresión en el Garajonay, donde lo normal sería ver aparecer gnomos y hadas. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este Parque Nacional es una leyenda en sí mismo, especialmente los días de niebla que aumentan su aspecto cinematográfico. La sorprendente 'lluvia horizontal' típica de la zona se debe a los vientos alisios, que se enganchan en las ramas de los árboles y provocan su peculiar microclima a partir del agua condensada.

Garajonay (Foto: Gobierno de Canarias) © Proporcionado por Glamouratis Garajonay (Foto: Gobierno de Canarias)

Existen 18 rutas y senderos acondicionados para todo tipo de niveles y edades, salpicados por miradores que dan una perspectiva diferente a las cúpulas verdes que apenas dejan pasar la luz del sol entre sus ramas. En el corazón del parque encontramos la zona recreativa Las Nieves: una perfecta localización a 1.250 metros sobre el mar para contemplar las estrellas con gran nitidez por la noche.

Mirador de los Roques. Desde la capital, San Sebastián, se puede acceder a la cumbre a través de la carretera TF-713 para contemplar una de las vistas más impactantes de la isla. Los 'roques' son los protagonistas del paisaje gomero: formaciones rocosas de pasado volcánico que se elevan sobre desfiladeros y masas vegetales de laurisilva.

Miradores © Proporcionado por Glamouratis Miradores

Destacan el imponente Roque de Agando -reconocible por ser posiblemente la roca con más 'selfies' de la historia-, acompañado de sus hermanos menores Roque de la Zarcita, Carmona, Las Lajas y Roque de Ojila. En la década de los 80 era habitual ver escaladores en sus paredes verticales, pero desde que estas rocas fueron reconocidas como Monumento Natural de los Roques ya no se pueden escalar. Los días despejados se puede contemplar el Teide a lo lejos desde este mirador.

Valle Gran Rey. ¿Le suena la mítica imagen de cientos de turistas sentados para ver atardecer desde playas ibicencas? Pues en las playas de arena negra de Valle Gran Rey sucede lo mismo, pero sin masificación ni cobrar por sentarse en una piedra. Son el paradigma 'hippy' de la isla. Para saber cuál es el mejor sitio donde ver el ocaso podemos guiarnos por la música de espontáneos percusionistas, que en ocasiones acompañan este momento mágico con sus tambores.

Idílicas puestas de sol © Proporcionado por Glamouratis Idílicas puestas de sol

En el Muelle de Vueltas se encuentra otro fenómeno extraño: una mantarraya gigantesca, llamada Sebastián, que un vecino cuida como si fuera su mascota y los niños del lugar acarician cada vez que se acerca a la orilla a comer. Otro de los rincones imprescindibles de la zona es el llamado Charco del Conde: una piscina natural de agua salada protegida del mar por los arrecifes, perfecta para disfrutar sin corrientes.

Dónde comer

Restaurante La Montaña – Casa Efigenia (Las Hayas, Valle Gran Rey. Teléfono: 922 804 248). La señora Efigenia atiende a los visitantes como si fueran su familia y les prepara lo que mejor sabe hacer: recetas caseras típicas y vegetarianas de La Gomera, aderezadas con sus recuerdos y anécdotas de varias décadas.

Casa Efigenia © Proporcionado por Glamouratis Casa Efigenia

Dónde dormir

Hotel Jardín Tecina (Lomada de Tecina, s/n. Playa de Santiago. Teléfono: 922 14 58 50). Situado sobre un acantilado con extraordinarias vistas al mar, este complejo turístico ofrece un rincón perfecto para descansar, jugar al golf o darse el capricho de contemplar el atardecer con un martini desde la terraza del lujoso bungaló.

Parador de la Gomera (Cerro de la Horca, s/n. San Seberatián de la Gomera. Teléfono: 922 87 11 00) La exuberancia de su jardín subtropical compite directamente con las habitaciones de arquitectura isleña, diseñadas como un baúl del tesoro cargado de objetos de la época colombina. Sillones 'chill out' al borde de la piscina con vistas al mar hacen difícil que se quiera salir del hotel para explorar la isla.

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