Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Así viste una primera dama (y Bill Clinton también cuenta)

Harper's Bazaar Harper's Bazaar 12/08/2016 harpersbazaar.es

Por marcar un punto de arranque, porque lo que hoy aun nos parece adecuado y apropiado lo inventó ella, y porque jamás antes nadie había conseguido un "borrón y cuenta nueva" tan efectivo, la Primera Dama de la galería es Jacqueline Kennedy. Esposa de JFK, icono inagotable de estilo y Primera Dama de 1961 a 1963.Jacqueline Bouvier nació en Southampton en julio de 1929 y contrajo matrimonio con John Fitzergald Kennedy en 1953 en Rohde Island. Para cuando puso en pie por primera vez en la Casa Blanca ya era madre de dos hijos: Caroline –que nació en 1957– y John John –que lo hizo en 1960. Y al año siguiente fue nombrada Primera Dama de los Estados Unidos. Fue, sin duda, la mujer más fotografiada de su tiempo; y su estilo marcó tanto la época que aun hoy sigue vigente.Los 60 fueron una década de cambios, de revoluciones con claros protagonistas: los jóvenes, y ninguna otra pareja como la de los Kennedy podía materializar el anhelo de toda una generación por hacerse oír, por ser parte activa en la sociedad. La moda estaba cambiando y con ella los códigos y las normas, y Jacqueline estuvo del lado de la gente, vistiendo como se vestía la calle. Estaba empezando la treintena y se atrevió a acortar la el largo de la falda, con lo que un gesto suyo justificó el de miles de millones de mujeres. En las antípodas –e incluso más– de su predecesora en el cargo, Mami Einsehower, patentó varias claves de estilo que la mayoría de sus sucesoras acataron como acertado manual: perlas, vestidos rectos, corte (corto) de pelo, etc. Porque Jacqueline supo vestir como para interpretar un rol, con todo el sabor USA pero con un toque de refinamiento europeo. Aun ninguna otra ha conseguido lo que ella. Algunas alcanzaron el respeto de la nación, unas pocas el amor; pero solo Jackie consiguió materializar los deseos de la sociedad norteamericana. © Getty Images

Por marcar un punto de arranque, porque lo que hoy aun nos parece adecuado y apropiado lo inventó ella, y porque jamás antes nadie había conseguido un "borrón y cuenta nueva" tan efectivo, la Primera Dama de la galería es Jacqueline Kennedy. Esposa de JFK, icono inagotable de estilo y Primera Dama de 1961 a 1963.Jacqueline Bouvier nació en Southampton en julio de 1929 y contrajo matrimonio con John Fitzergald Kennedy en 1953 en Rohde Island. Para cuando puso en pie por primera vez en la Casa Blanca ya era madre de dos hijos: Caroline –que nació en 1957– y John John –que lo hizo en 1960. Y al año siguiente fue nombrada Primera Dama de los Estados Unidos. Fue, sin duda, la mujer más fotografiada de su tiempo; y su estilo marcó tanto la época que aun hoy sigue vigente.Los 60 fueron una década de cambios, de revoluciones con claros protagonistas: los jóvenes, y ninguna otra pareja como la de los Kennedy podía materializar el anhelo de toda una generación por hacerse oír, por ser parte activa en la sociedad. La moda estaba cambiando y con ella los códigos y las normas, y Jacqueline estuvo del lado de la gente, vistiendo como se vestía la calle. Estaba empezando la treintena y se atrevió a acortar la el largo de la falda, con lo que un gesto suyo justificó el de miles de millones de mujeres. En las antípodas –e incluso más– de su predecesora en el cargo, Mami Einsehower, patentó varias claves de estilo que la mayoría de sus sucesoras acataron como acertado manual: perlas, vestidos rectos, corte (corto) de pelo, etc. Porque Jacqueline supo vestir como para interpretar un rol, con todo el sabor USA pero con un toque de refinamiento europeo. Aun ninguna otra ha conseguido lo que ella. Algunas alcanzaron el respeto de la nación, unas pocas el amor; pero solo Jackie consiguió materializar los deseos de la sociedad norteamericana. © Getty Images
© Copyright © 2016 Hearst Magazines, S.L.

Las primarias, los "caucus", las convenciones de Demócratas y Republicanas; queda claro que las elecciones –y la carrera presidencial– en Estados Unidos es algo diferente de la nuestra. Para empezar es sin duda muy mediática y cada paso de los candidatos se mira con lupa, un escrutinio exhaustivo de cada movimiento de los protagonistas.

A nadie se le siguió tanto la pista como a Jacqueline Kennedy. La esposa de JFK llegó a la Casa Blanca y tomó el toro por los cuernos, revolvió las tripas de todas y cada una de las dependencias y dotó a la residencia oficial de una nueva imagen; renovada y fresca, lo mismo que ellos. Tras la bocanada de cambio estético (y político) que supusieron los Kennedy, ciertas claves pasaron a ser sinónimo de la correcta elegancia para una Primera Dama: las perlas, los tonos pastel y el traje sastre; para la noche, Jackie apostó en infinitas ocasiones por los diseños en palabra de honor, más propios de una princesa que de la esposa de un político. Tras ella, ni Pat Nixon ni Rosalynn Carter pudieron llegar a hacerle sombra; quizá un listón tan alto más que un reto sea una invitación al inmovilismo. Pero casi dos décadas después, otra personalidad arrolladora sentó cátedra de nuevo. Nancy, la esposa del líder conservador Ronald Reagan, derrochó desparpajo y un estilo refinado propio de la clase alta norteamericana durante casi toda la década de los 80. A Nancy, le siguió Barbara Bush "una señora a la que hablar de moda no le interesa para nada". Nada más que añadir. Pero con Hillary Clinton se renovaron códigos, y el traje de pantalón cobró un inusitado protagonismo. Con Laura Bush, la nuera de Barbara, el estilo vivió un capítulo "continuacionista" y vimos más trajes de chaqueta y pantalón y vestidos sobrios de corte clásico para salvar los compromisos más elegantes. De nuevo un cambio, agradecido riesgo en una esfera encorsetada por la feroz crítica biempensante. Michelle Obama arriesgó y ganó. Más vestidos, nuevos cortes y estampados, y un físico potente que ha reforzado el papel de la mujer. En breve quedará una nueva vacante, y por primera vez en la historia puede que la ocupe un hombre: Bill Clinton. Si no, la consorte será Melania Trump, la ex bailarina eslovena casada con el magnate Donald Trump. Eso ya se verá, pero hasta entonces este es el legado de las Primeras Damas de los Estados Unidos y el de los dos nuevos aspirantes al cargo.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Harper's Bazaar

image beaconimage beaconimage beacon