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Ayunoterapia: ¿de verdad sirve para algo pasar hambre?

Vanitatis Vanitatis 27/06/2016 Amor Sáez

Es el último grito en dietas. Se llama ayunoterapia y despierta tantas filias como fobias entre la comunidad científica. Para muchos, "privar al organismo de alimento de forma voluntaria –con la consiguiente alteración hormonal y endocrina– es una auténtica aberración". Para otros, sin embargo, se ha convertido en una forma de perder peso, prevenir enfermedades y poner al cuerpo en punto muerto. Gracias a esta acción, siempre supervisada por un especialista, es posible eliminar toxinas, recuperar la forma física y mental, además de ayudar a prolongar la longevidad. En palabras del médico naturista Pablo Saz, “estar sin comer, durante períodos breves, hace que se activen una serie de genes reparadores que a largo plazo nos protegen del envejecimiento y las enfermedades”.

Pero esta fiebre por el ayuno no es algo nuevo en países como Rusia, Alemania o Francia. Es más, se trata de una tradición. En el país galo, por ejemplo, cuentan con una federación –'Jeûne et Randonnée' (Ayuno y Senderismo)–,donde están afiliadas más de 80.000 personas. Esta práctica se realiza en 35 centros especializados enclavados en algunas de sus zonas más bellas y agrestes con una media de 500 pacientes al año. En ellas, los usuarios deciden cómo y cuándo se someten a la ayunoterapia. 

© Externa

Menos 'zen' resulta el ayuno para los rusos. Se practica en el Sanatorio Goriachinsk de Moscú y consiste en beber únicamente agua, durante una media de 12 días. Lo sorprendente es que casi en dos tercios de los pacientes –aquejados de diabetes, hipertensión, reuma y alergias– desaparecen los síntomas después de una o dos curas. Pero ¿cómo es esto posiblenbsp;“Desde el punto de vista de la teoría de la evolución, nuestro organismo está más preparado para soportar la carencia de comida que la abundancia de la misma. Este mecanismo está escrito en nuestro genes y si lo entrenamos, se vuelve a poner en marcha”, explica Saz a este medio.

En realidad, es lo mismo que sucede natural e involuntariamente cuando tenemos alguna infección –un simple catarro–, perdemos el apetito y necesitamos beber mucho líquido. “Entonces, se activan nuestros genes reparadores, que tienen además capacidad antitóxica. De esta forma se ponen en marcha todos los órganos excretores –piel, pulmones, hígado, vesícula, riñones e intestinos–, para eliminar todos los tóxicos, desechos y sustancias nocivas acumuladas como consecuencia de nuestro estilo de vida y consumo de fármacos”, sostiene el médico. 

Pero ¿qué sucede en el organismo exactamente? "El organismo se alimenta de sí mismo”. En unas 24 horas consume sus reservas de hidratos de carbono y glucosa, luego 'tira' de las proteínas de escoria –de infecciones crónicas o contracturas musculares– y, por último, de la grasa. Pero, atención, existe un límite infranqueable: si el organismo tira demasiado de sus reservas de proteína –músculos, incluido el corazón–, puede suponer la muerte por inanición. “Se puede manifestar después de más de 40 días de ayuno en personas con peso normal con una violencia imperativa no solo en el estómago, sino también por medio de un intenso esfuerzo en la garganta al tragar y arcadas”, asegura Françoise Wilhelmi de Toledo, directora médica de las clínicas Buchinger Wilhelmi.  

Curas breves con supervisión médica

Por eso, lo más sensato es realizar curas cortas, de 1, 3 o 6 días y siempre bajo supervisión médica constante, que incluya mediciones de peso, temperatura, pulso y presión arterial, bioimpedancia –calcula grasa, músculo y agua– y análisis de orina –para ver los niveles de cetona, indicativa de que el cuerpo está consumiendo más grasa que masa–. Pero ¿cuáles son las ventajas e inconvenientes de esta terapia que tanto debate genera?

Pros. “La pérdida inicial de peso es grande, de alrededor de 2 o 3 kg/día a expensas fundamentalmente del agua. A partir del décimo día, se pierden de 3 a 5 kg/semana –entre 350 y 400 g/día de grasa–. Y en un mes se pueden llegar a perder entre 8 y 20 kg”, asegura Saz. Además, “durante un ayuno de tres semanas en una clínica, se producirá un efecto de rejuvenecimiento y una reducción del envejecimiento funcional de seis años, aproximadamente”, asegura Françoise Wilhelmi de Toledo. Quien lo realiza dice incluso sentirse “liberado, eufórico y más vital”. 

Contras. Es frecuente que durante las primeras 24-36 horas se sufra debilidad, náuseas, mareos, migrañas, sudor frío, estreñimiento y mal sabor de boca. Se supera al tercer día, cuando el cuerpo pasa a alimentarse de las grasas de reserva. “El ejercicio –yoga, pilates–, el descanso –dormir siempre que lo pida el cuerpo–, el contacto con el agua –baños y limpieza de colon– y con la naturaleza –senderismo–, hacen más llevadera la experiencia”, asegura el mismo doctor a este medio. Aun así, está contraindicado en caso de insuficiencias renales, alteraciones hepáticas y nerviosas, diabetes insulinodependiente, desnutrición, tratamiento con psicofármacos, tuberculosis y cáncer terminal. 

¿Dónde? Se suele hacer en lugares apartados del mundanal ruido donde estás una o dos semanas.

Más información: Mi ayuno y Clínica Buchinger Wilhelmi (Marbella, tel. reservas, 952 76 43 01). 

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