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Belleza sin arrugas: los cinco (falsos) mitos del bótox

Vanitatis Vanitatis hace 5 días Ana Salazar
© Externa

Son tantos los mitos en torno al bótox que se ha ido forjando a su alrededor una leyenda negra difícil de erradicar. Si quieres saber lo que NO es, sigue leyendo.

Haz la prueba. Di en tu entorno que te vas a poner bótox y estate atenta a las reacciones. Seguro que más de uno se echará las manos a la cabeza y te soltará un sermón advirtiéndote del riesgo que corres de terminar como Cayetana de Alba o Donatella Versace. En fin. Es cierto que la toxina botulínica arrastra muy mala fama y que a ello ha contribuido el ejemplo de famosas que se han destrozado el rostro con sus retoques estéticos. "Muchos pacientes me miran asustados cuando les propongo este tratamiento para suavizar sus arrugas de expresión -nos explica la dermatóloga Paloma Cornejo, directora de la clínica Paloma Cornejo-, sin darse cuenta de que están renunciando a uno de los mejores y más sencillos avances de la medicina estética". De la mano de esta profesional desmontamos los principales mitos del bótox.

1. Es un veneno. Oímos la palabra toxina y nos echamos a temblar, ¿a que sí? Pero si nos paramos a pensar en que también muchas de las vacunas son toxinas, ya nos cambia un poco el chip. Una ojeada a las dosis nos puede aclarar el asunto: para su uso terapéutico se emplean presentaciones de 50 a 100 U por frasco; para que una dosis sea tóxica debe superar los 2.800 U; es decir, 28 veces más que las dosis terapéutica. "Es lógico que, en un primer momento, nos pueda causar cierta prevención algo que se llama 'toxina botulínica'. Pero, en realidad, se trata de un fármaco, de una proteína de origen bacteriano con capacidad de bloquear la transmisión nerviosa entre la neurona y el músculo. Esto es lo que la hace tan útil en diferentes patologías en las que se necesita una relajación muscular: tortícolis, espasmo palpebral, espasticidad en parálisis cerebral…". Desde 1992, el bótox ha comenzado a utilizarse con fines cosméticos y ha terminado por ser la primera elección para atenuar las líneas de expresión y arrugas.

2. Paraliza y da un aspecto congelado a las facciones. Una vez más tenemos que hablar de dosis (como en cualquier otro medicamento). "En medicina estética -explica la doctora Cornejo-, el objetivo es relajar los músculos que se contraen demasiado, pero sin paralizarlos. Es decir, es posible individualizar el tratamiento de tal forma que consigas un 'look' natural. Muchísima gente lleva toxina botulínica y pasa inadvertida. A diferencia de lo que sucede en otros países, en España no somos muy dados a contar los tratamientos estéticos que nos hacemos, pero tanto mujeres como hombres la utilizan desde hace años". ¿Qué ocurre? Que solo nos llaman la atención los casos aquellos en los que se ha puesto con mal gusto y tendemos a pensar que siempre queda así. También es habitual que confundamos el bótox con un 'lifting' demasiado evidente o un relleno de silicona.

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3. Causa adicción.  ¿Qué entendemos por adicción? El bótox "no causa síndrome de abstinencia, no tiene nada que ver con las benzodiacepinas que tomamos para dormir o con el tabaco. Lo que sucede es que, como el resultado es tan favorecedor, cuando termina su efecto deseamos realizarlo otra vez", explica la doctora Cornejo. Es decir, la adicción sería a vernos bien. 

4. Es un relleno. Y engorda la cara. "El tratamiento con toxina botulínica no es un relleno, no engorda los labios, no engorda las caras, no pone pómulos, no deforma las facciones ….. Para rellenar está el ácido hialurónico o la hidroxiapatita cálcica". Así, el tratamiento consiste en inyectar unas gotitas de suero en las que van disueltas unas proteínas: no ocupa volumen. 

5. Es solo para 'señoras mayores'. Las arrugas de expresión comienzan a darnos la lata alrededor de los 35-40 años (antes si hablamos de pieles finas y secas). "Pero, posiblemente, la mayor utilidad de la toxina botulínica sea la prevención, ya que si actuamos muy tarde la piel tiene unos pliegues tan marcados que es muy difícil borrarlos. Lo ideal es consultar con tu médico si compensa o no compensa empezar ya con el tratamiento".

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