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Cómo enamorarse de San Sebastián en 48 horas

Harper's Bazaar Harper's Bazaar 03/08/2016 harpersbazaar.es

La lluvia es lo de menos: hasta en el día menos apacible, esta playa es un enjambre de tablas de surf y bañistas peleando por coger las mejores olas del día. En ella se instaló el Escenario Verde Heineken de Jazzaldia, un recinto al aire libre y de entrada gratuita sobre el que sonaron las canciones de Gloria Gaynor o Snarky Puppy.© Christian Carrillo

La lluvia es lo de menos: hasta en el día menos apacible, esta playa es un enjambre de tablas de surf y bañistas peleando por coger las mejores olas del día. En ella se instaló el Escenario Verde Heineken de Jazzaldia, un recinto al aire libre y de entrada gratuita sobre el que sonaron las canciones de Gloria Gaynor o Snarky Puppy.© Christian Carrillo
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Enclavado en la playa de Zurriola, un colosal escenario comienza a vibrar al tiempo que el sol da sus últimas puntadas sobre el mar Cantábrico. Truenan acordes de una melodía de sobra conocida por muchos, la del himno global I will survive. Y frente a más de 45.000 personas reunidas en la playa con mayor predicamento de San Sebastián (la Concha es ya para el turismo), Gloria Gaynor hace uso del micrófono para deleite de multitudes. Es un lapso que, obviando a la incombustible reina de la música disco, lleva repitiéndose 51 años desde que arrancara en la ciudad el festivalHeineken Jazzaldia, una suerte de homenaje al jazz en su máxima expresión que en este medio siglo ha traído a Donosti lo mejor del género en su forma más purista (Ella Fitzgerald, Ray Charles o Miles Davis coparon sus primeras ediciones) pero también grandes nombres del soul y alguna excepción del rock, ya sea la incombustible Patti Smith. Durante los cuatro días que duró el festival, la música salió a la calle literalmente: 175.000 espectadores acudieron a llenar escenarios como el Escenario Verde (en la propia Zurriola), el hotel María Cristina o la Plaza de la Trinidad, con los que la casa Heineken y su propuesta Live Your Music pretende acercar la música en directo a los puntos cardinales de la laberíntica ciudad.

El resto del tiempo, no se requiere ningún experto para saber qué se ha de hacer: pintxo y zurito suena a tándem ganador. Entre la innovación de Zeruko y la tradición de Txuleta o Gandarias, la abundante oferta de Donosti hace que 48 horas sean definitivamente pocas para visitarla. Pero el espíritu de lugar donde uno ya estuvo, la tosca ternura de sus habitantes y el atardecer frente al río Urumea hacen que la visita, si uno se empeña, bien valga un recuerdo.

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