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Coches inteligentes: ¿dónde van los datos que les confías?

Logotipo de GQ GQ 14/08/2017 GQ

Aseguradoras, fabricantes, concesionarios, autoridades de Tráfico, tecnológicas... Todos pujan por la información que aportas diariamente a tu vehículo. 1 © Proporcionado por Revista GQ 1

En el vertiginoso trayecto hacia el coche autónomo definitivo, los vehículos cada vez están más equipados para realizar todo tipo de tareas. Una generación de coches inteligentes y tecnológicos nos permite mucho más que conducir y en ellos podemos guiarnos a través de GPS, observar todos los ángulos gracias a cámaras integradas, escuchar un catálogo ilimitado de música, conectarnos a redes sociales e incluso responder correos electrónicos de viva voz. Todas estas actividades, al margen de la conducción, generan una valiosísima información en torno a nuestros hábitos al volante que se está convirtiendo en una importante porción del pastel del Big Data mundial por la que pujan múltiples aspirantes a hacerse con ella.

Compañías aseguradoras, tecnológicas, fabricantes de automóviles, autoridades con competencias en tráfico y los concesionarios están ansiosos por aprovechar esta información, pretendiendo incluso poder utilizar en su propio beneficio las imágenes que las cámaras de vídeo de los automóviles captan al circular por una ruta. En Estados Unidos, donde se ha iniciado el debate sobre los límites que han de establecerse para la utilización de la información registrada en los coches, las normas gubernamentales ya regulan la forma en que los sistemas recopiladores de datos (por ejemplo, los dispositivos que registran información como la velocidad y la posición del cinturón de seguridad en los segundos antes, durante y después de un accidente) se puede utilizar. Pero ninguna ley en el país de las barras y estrellas se refiere en concreto al resto de los datos capturados por todos los demás dispositivos en automóviles.

Unos dispositivos que incluyen sensores de radar, sistemas de diagnóstico, sistemas de navegación y conexiones de móvil integradas. Los modelos más recientes pueden incluso registrar los movimientos de ojos del conductor, si sus manos están en el volante o el peso de los ocupantes de los asientos delanteros. Normalmente, los conductores aceptan ser rastreados y monitorizados marcando una casilla en los formularios de acuerdo de usuario necesarios para registrar el sistema en el cuadro de un automóvil o para instalarse una aplicación de navegación.

En la mayoría de los casos, el principal destinatario de este auténtico aluvión de datos es el fabricante del coche. Las oportunidades que se les abren a las marcas con el manejo de toda esa información son potencialmente muy valiosas, pero también han planteado ya algunos problemas de relación con los clientes. Por ejemplo, General Motors cambió en 2011 los términos y condiciones de su sistema de comunicaciones OnStar, incluyendo una cláusula que permitía compartir la información del vehículo con otras compañías y organizaciones sin pedir el consentimiento explícito de los clientes. El cambio dio lugar a numerosas quejas, y llegó incluso a la Corte Suprema estadounidense.

Aquel caso llevó a muchas compañías de automóviles a percatarse de que el manejo de datos puede resultar problemático para sus relaciones con los clientes. Se trata de un tema delicado y es difícil encontrar el límite, ya que los conductores siempre estarán encantados con el uso de la información para tareas de diagnóstico y servicio (por ejemplo cuando se nos avisa de que hay que realizar una revisión o un cambio de aceite), pero los fabricantes son conscientes también de que muchos clientes recelan de otros posibles usos.

En muchas ocasiones son los propios conductores quienes eligen voluntariamente intercambiar sus datos para obtener una contrapartida. Por ejemplo, los servicios de tráfico en tiempo real como Inrix y Waze permiten evitarse atascos y elegir la ruta más fluida a cambio de compartir nuestra información de ubicación y velocidad. También existen aplicaciones y sistemas como Verizon Hum, Zubie o Autobrain que ofrecen servicios como el diagnóstico de nuestro vehículo de forma remota, a través de un dongle que se conecta al coche. Así mismo, las compañías de seguros han comenzado ya a experimentar con aplicaciones y dongles que registran parámetros como el frenado, la aceleración y la velocidad con el señuelo de ofrecer precios más bajos para los buenos conductores.

No siempre conviene confiarse, ya que las amenazas potenciales para la privacidad y la seguridad personales son cada vez más evidentes: las empresas intercambian y combinan información recopilada a través de múltiples fuentes para detectar patrones de viaje y de compra, llegando a conocer quién está en la carretera, la frecuencia con que se hace una ruta, si se viaja por trabajo o por placer... Es decir, pautando nuestros hábitos de consumo.

Fuera de Estados Unidos muchos países ya cuentan con leyes específicas sobre qué información de los conductores se puede recopilar. En España, el pasado mes de julio se aprobó el Anteproyecto de la nueva Ley Orgánica de Protección de Datos y, por lo que se conoce hasta la fecha no contiene ninguna regulación específica en esta materia. Otonomo es una empresa tecnológica que ha basado su boyante negocio en clasificar esas leyes de privacidad y datos en todo el mundo para los fabricantes de automóviles, ayudando a éstos a poder manejarse en un cambiante panorama de leyes y regulaciones. De hecho, la mayoría ya contempla la expectativa de una nueva versión bastante más laxa de las normas de protección de datos de la Unión Europea que se espera que se promulgue en 2018. En la era de los vehículos hiperconectados corren malos tiempos para la privacidad. Un precio bastante más caro que el de la gasolina que tendremos que irnos acostumbrando a pagar por conducir.

www.revistagq.com

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