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Con la muerte del iPod Nano y Shuffle, Apple dice adiós a la rueda

Logotipo de GQ GQ 29/07/2017 GQ

Los últimos representantes de la primera revolución de Apple dejan de fabricarse. 1 © Proporcionado por Revista GQ 1

Jony Ive había gastado un cuaderno entero de diseños antes de decidirse por la rueda. Palancas, botones, interruptores... Todo lo que te imagines o, mejor dicho, todo lo que Ive era capaz de imaginar, que sospecho que es más que tú y que yo juntos. Nada le convenció. Ni lo que ya existía (los reproductores de música digital ya existían, el primero databa de 1998, tres años antes del iPod) ni lo que estaba en su cabeza. 

Nada era lo bastante limpio como aquel diseño final en forma de rueda, que con iPod Mini se convertiría en una rueda capacitiva (como la pantalla de tu móvil) y que con iPod Nano tocaría techo: un dispositivo cuya elegancia era inversamente proporcional a su tamaño. Un dispositivo liso, en el que apenas destacaban el botón de encendido y las clavijas de carga y auriculares.

La rueda, la sencillez de uso, la elegancia... ayudarían a vender más de 390 millones de iPod en 13 años, antes de que Apple decidiese dejar de dar números de un aparato en declive. La mayor parte de ellos de la familia Nano, la más exitosa. La que hoy nos dice adiós para siempre. 

Si en 2014 Tim Cook anunciaba que todos los iPod previos al Nano dejaban de fabricarse, hoy le toca el turno a los últimos de la rueda reinventada: el Nano y el Shuffle (aquel clip en miniatura) ya no tendrán continuación. Con ellos, muere el iPod como lo conocimos. Aquel aparato que generó literalmente miles de millones de canciones vendidas en iTunes, transformó la industria musical, convencida por primera vez que la venta digital tenía posibilidades; que revolucionó nuestra relación con los aparatos tecnológicos -que dejaron de ser cacharros para convertirse en aparatos elegantes: mira cualquier móvil flagship de hoy, y cuánto tiene todavía de iPod-. Que abrió camino a al iPhone, a los smartphones, a la tecnología como símbolo de identidad.

Y hasta cambió los complementos. Cuando se tomó la decisión de que el primer iPod sería blanco, Ive no lo dudó: los auriculares también serían blancos. Algo que nadie había conseguido vender hasta entonces, y que se convirtió en una seña de prestigio. Tanto, que el mercado se inundó de cables blancos de imitación, sólo para que pareciese que estabas escuchando música en algo Apple, en vez de en tu MP3 coreano de marca equis.

Hoy, con la desaparición de los últimos iPods "desconectados" -ya sólo quedan a la venta dos modelos de iPod Touch, ya sin la rueda-, Apple se ha despedido del aparato con el que Jobs cambió Apple para siempre. Hasta iPod, Apple fabricaba ordenadores personales. Con la rueda -que hoy perdura en parte en Apple Watch-, gracias a la música, y a varias generaciones que culminaron en el perfecto Nano, Apple cambió para siempre su identidad. Y la nuestra. Cuando nació el iPhone, tres de cada cuatro reproductores de música digital portátil ya eran iPods. Hoy, todos decimos adiós a un aparato que anticipó el futuro.

www.revistagq.com

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