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Dónde mejor que en Segovia para hacer de tu puente un acueducto

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 09/12/2016 Ángeles Castillo

Nada como escaparse a Segovia aprovechando que estamos de acueducto (o casi) a extasiarse una vez más viendo el ingenio magno de los romanos, que no estaban tan locos; a jugar al Exin Castillos con el Alcázar o a contar los picos que decoran la fachada de la Casa de los ídem, que alberga la Escuela de Arte y Superior de Diseño. Es la ciudad que no nos perderíamos por nada del mundo si estuviésemos de visita en cualquier otro país y la tenemos en todo el centro del nuestro y probablemente a un tiro de piedra. Te recordamos cuáles son algunos de sus encantos

1. Está al pie de la sierra de Guadarrama, lo cual siempre es un aliciente, porque significa el regreso a la naturaleza para quienes desgastamos tanta suela de pisar tanto asfalto. Te saldrán al paso la ruta desde el embalse de Puente Alta (Revenga) hasta la cacera del acueducto, la ruta de los ríos que circunda la propia ciudad o la de los molinos. Los montes de Valsaín serán parte magnífica de tu paisaje.

2. Es patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1985. Tanto la ciudad vieja, con su catedral y su judería (no te pierdas su centro didáctico en la Casa de Abraham Seneor), como el acueducto. Míralo todo con ojos nuevos y alucina con la grandiosidad. Le puedes poner también un poco de literatura: de aquí era el Buscón (don Pablos) de Quevedo.

Lo has visto mil veces, pero míralo como si fuera la primera (Foto: Turismo Segovia) © Proporcionado por Glamouratis Lo has visto mil veces, pero míralo como si fuera la primera (Foto: Turismo Segovia)

3. ¿Un puente? No, un acueducto. De 818 metros de largo que nos habla de lo que eran capaces de hacer esos ingenieros que eran los romanos. Se alza imponente en la plaza del Azoguejo, con sus 29 metros de altura y sus 170 arcos, y aguanta impertérrito el paso del tiempo desde finales del siglo I o tal vez principios del II d.C, a pesar de estar hecho sin argamasa. Decimos 818 metros porque es la parte visible, pero recorre casi 15 km hasta captar las aguas del embalse de Puente Alta.

4. Para asaltar torreones... Siéntete como un rey (o reina) en el Alcázar, este palacio que está en lo alto de una roca entre ríos (el Clamores, que no es solo una sala de jazz de la capital, y el Eresma) y viene de lejos (siglo XII o antes). Es el vintage arquitectónico y por cierto una de las residencias preferidas de los reyes de Castilla. Y cuando le hayas cogido el gustillo a eso de la antigüedad, puedes repasar lo que queda de aquella muralla levantada tras arrebatar la ciudad a los árabes. Aún hay tres puertas que cruzar.

El Alcázar, residencia preferida de los reyes (y con razón) © Proporcionado por Glamouratis El Alcázar, residencia preferida de los reyes (y con razón)

5. Construye tu propia novela histórica ante la fachada de la que es considerada la dama de las catedrales, la última que se construyó en España de las góticas, consagrada en 1768, y bajo los impresionantes artesonados de estilo mudéjar (siglo XV) del que fue el antiguo pabellón de caza de Enrique IV, después convertido en convento: el monasterio de San Antonio el Real, uno de los muchos que hay en la ciudad castellanoleonesa y hoy hotel (solo en parte). Precio: desde 69 euros. Te gustará comer en su jardín claustro, que da cobijo a un goloso restaurante. ¿Historia? Podrás escribirla también en mayúscula en la iglesia de la Vera Cruz, de planta dodecagonal, en el camino a Zamarramala, desde donde las vistas de Segovia son impagables.

Te puedes alojar en el monasterio de San Antonio el Real © Proporcionado por Glamouratis Te puedes alojar en el monasterio de San Antonio el Real

6. Inspírate. Todo en Segovia te resultará la mar de inspirador porque todo es de otra época. Las fachadas blasonadas, los patios de columnas, los esgrafiados, las típicas tejas, una taberna que dada de 1861, la Rubi (calle Escuderos, 5), y el que es el edificio industrial más antiguo del viejo continente, la Casa de la Moneda, situado extramuros, en el valle del río Eresma, junto al monasterio de Santa María del Parral y con vistas magníficas al Alcázar. Aquí tienes el Centro de Interpretación del Acueducto. Y no digamos ya si cruzas el umbral de la casa (museo) que fue pensión y en la que vivió Antonio Machado entre 1919 y 1932. Las musas te querrán aún más.

La Casa de la Moneda tiene vistas al Alcázar © Proporcionado por Glamouratis La Casa de la Moneda tiene vistas al Alcázar

7. ¿Roma? Te sorprenderá encontrarte aquí a la loba que amamantó a los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, pero haberla hayla. Una réplica de la capitolina que fue un obsequió a la ciudad en 1974 con motivo de la celebración del bimilenario del acueducto. Una Luperca segoviana.

8. La casa del crimen. Así es como conocen los segovianos el palacete Ayala Berganza, por un asesinato múltiple a finales del s. XIX. ¿Te imaginas alojarte aquí? Puedes hacerlo porque este monumento histórico-artístico es un hotel. Precio: desde 52 euros.

9. Un convento (otro). También puedes pernoctar en la que fue morada de los capuchinos, reconvertida en hotel con encanto muy cerca del cielo también, gracias a sus cinco estrellas: el Eurostars Convento Capuchinos, en la plazuela del mismo nombre. Ahora con 62 lujosas habitaciones, una suite y cinco junior suites. Precio: desde 73 euros. En el lobby podrás tomar té a las cinco con pastitas de las monjas del convento o cervezas segovianas. Por hacer patria (local).

El convento de los capuchinos hoy es un hotel © Proporcionado por Glamouratis El convento de los capuchinos hoy es un hotel

10. Date un homenaje. Que aquí se llama cochinillo o cordero lechal y que puedes degustar en dos de los clásicos que son ya casi como el acueducto: Cándido, mesonero mayor de Castilla, y José María. Te harán sentirte como un grande de España, que para algo esta es una ciudad señorial. Más allá de estos dos templos de la cocina tradicional, está el restaurante gastronómico Villena, localizado en la capilla del antiguo (y ya citado) convento de los capuchinos y dirigido por el chef Rubén Arnanz.

En el restaurante Villena comerás de vicio (y de virtud) © Proporcionado por Glamouratis En el restaurante Villena comerás de vicio (y de virtud)

11. Un hotel tan cool. Así es el Ayllón, un precioso hotelito con 18 habitaciones, cuatro de ellas junior suites, decoradas con muebles fabricados por ebanistas a la vieja usanza pero con referencias a diseñadores del siglo XX y al servicio de la arquitectura popular. El encanto lo ponen lo amplios ventanales, las terrazas, buhardillas y balcones, el patio ajardinado, la madera, el blanco dominante y un restaurante, El Patio, donde dar buena cuenta de los productos de la tierra. Pero ya nos hemos salido de Segovia capital (a 94 km); estamos en la plaza del también encantador Ayllón. Precio: desde 85 euros.

Así es el hotel Ayllón, mucho encanto en la Segovia profunda © Proporcionado por Glamouratis Así es el hotel Ayllón, mucho encanto en la Segovia profunda

12. Pedraza tenía que ser. En la periferia de la ciudad del acueducto, a 40 km, encontramos esta localidad que tanto gusta a los madrileños para sus escapadas de cercanías y que ha sido elegido por los viajeros de Top Rural como una de las 7 Maravillas Rurales de España, un listado que encabeza Trujillo (Cáceres). Pedraza está en sexto lugar, después de Ronda (Málaga) y antes de Alcalá del Júcar (Albacete), y cuando pases la puerta de la muralla que da acceso a la villa te parecerá que has viajado, pero en el tiempo. Sobre todo allá en la plaza, tomando el que te parecerá el mejor vino. Y lo demás, de película.

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