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De 'Animales nocturnos' a 'Manhattan': las películas más bellas del cine

Harper's Bazaar Harper's Bazaar 14/11/2016 harpersbazaar.es

La crítica la posiciona como la obra cumbre en la dilatada carrera de Woody Allen (no así el cineasta). Pero Manhattan, ese canto de amor a la isla de la Gran Manzana no pierde fuelle con el paso del tiempo. Después del éxito de Annie Hall, la productora de le dio carta blanca al director para rodar a su antojo y este resolvió lanzarse de cabeza a una cinta en blanco y negro (osado cuando menos, pero los productores dieron luz verde al proyecto). Además, el formato es panorámico, lo que obliga a una proyección longitudinal con toda la carga evocadora que eso trae consigo. Pocas escenas del neoyorquino se le han pegado tan fuerte en su carrera como la escena rodada bajo el puente de Brooklyn (donde por cierto no había banco, y se trajo ex profeso para el rodaje). Manhattan es una consecución de impresionantes planos con edificios majestuosos, picados y contrapicados en avenidas y enclaves míticos, y todo ello mientras se desgrana una historia de amor entre una joven y un hombre que roza la madurez a ritmo de jazz. Él sí es profeta en su tierra.

La crítica la posiciona como la obra cumbre en la dilatada carrera de Woody Allen (no así el cineasta). Pero Manhattan, ese canto de amor a la isla de la Gran Manzana no pierde fuelle con el paso del tiempo. Después del éxito de Annie Hall, la productora de le dio carta blanca al director para rodar a su antojo y este resolvió lanzarse de cabeza a una cinta en blanco y negro (osado cuando menos, pero los productores dieron luz verde al proyecto). Además, el formato es panorámico, lo que obliga a una proyección longitudinal con toda la carga evocadora que eso trae consigo. Pocas escenas del neoyorquino se le han pegado tan fuerte en su carrera como la escena rodada bajo el puente de Brooklyn (donde por cierto no había banco, y se trajo ex profeso para el rodaje). Manhattan es una consecución de impresionantes planos con edificios majestuosos, picados y contrapicados en avenidas y enclaves míticos, y todo ello mientras se desgrana una historia de amor entre una joven y un hombre que roza la madurez a ritmo de jazz. Él sí es profeta en su tierra.
© Copyright © 2016 Hearst Magazines, S.L.

Nadie supo nada del paradero de Tom Ford tras abandonar Gucci e Yves Saint Laurent, hasta que sorprendió a propios y a extraños con su firma homónima –esto era bastante lógico– y la presentación de su primera película –esto sí resultaba chocante. El genio de la moda que había puesto a Gucci en lo más alto del sector y enderezó las cuentas de Yves Saint Laurent, amaneció convertido en director de cine. El anuncio arqueó alguna que otra ceja, ¿qué hacía el todopoderoso pope de la moda metiéndose en menesteres del séptimo arte? Pues todo prejuicio y toda suspicacia se desvanecieron tras el visionado de los 90 minutos de cinta.

En la adaptación de la novela de Christopher Isherwood, Tom Ford y Ian Phillips, el director de arte, se despacharon a gusto. Curtido en la composición de imágenes publicitarias para las mil y una campañas de su firma y de las firmas con las que ha trabajado, Ford desplegó su imaginería pulida y refinada, estudiada hasta el paroxismo para que cada plano sea una deliciosa imagen por sí sola. La intensidad del color como recurso narrativo, la expresividad de los primeros planos, la tensión argumental en la dirección de personajes; ciertamente el texano se defendió mucho más que bien (con honores de hecho, fue premiado en el Festival de Cine de Venezia). La primera prueba fue superada con nota; quedamos ahora a la espera de una reválida en el cargo.

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