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De cómo las Biblias de Tijuana convirtieron el porno en contracultura

Logotipo de GQ GQ 16/08/2017 GQ

Durante su apogeo en la década de los 30, estos pequeños cómics guarros rompieron tabúes, experimentaron con el metalenguaje y expandieron los límites de la sátira. 1 © Proporcionado por Revista GQ 1

Indiana, 1926. Un rutinario registro de taquillas en el instituto de la pequeña localidad de Terre Haute acaba exponiendo a Estados Unidos a un fenómeno hasta entonces subterráneo: los pequeños tebeos paródicos conocidos como "biblias de Tijuana", probable eslabón perdido entre la literatura erótica europea del siglo XIX y el posterior cómic underground de Robert Crumb o Kim Deitch. Lo que aquellos adolescentes escondían eran tiras de aproximadamente 7x10 cm, distribuidas a lo largo de ocho páginas en blanco y negro sobre un papel de pésima calidad que, según descubrió más tarde la policía, provenía de una imprenta manejada por Charles Jewett, respetable editor del diario Terre Haute Star. Otras cabeceras de la prensa local se hicieron eco de la naturaleza referencial del material incautado, con el Huntington Press hablando de "publicaciones obscenas y basadas en una tira cómica presente actualmente en los periódicos dominicales".

En nuestros días, las parodias pornográficas suponen una parte tan esencial del mobiliario de nuestras fantasías que los AVN Awards, conocidos popularmente como los Oscar XXX, tienen una categoría especial para ellas (la más reciente ganadora está inspirada en 'Escuadrón Suicida', pero títulos como 'Esto no es American Horror Story' o 'Intercambio de esposas entre candidatos republicanos' también estuvieron nominados). Desde el mismísimo origen de la imprenta, y hasta la eclosión de las más sofisticadas técnicas de realidad virtual, el porno ha sido uno de los primeros invitados en llegar cada vez que un nuevo medio o soporte tecnológico hacía su aparición, tal como demuestra el documental de 2002 'Golfos y picardías de antaño', sobre el sexo explícito en los primeros días de cinematógrafo, o el ensayo 'El otro Hollywood', de Legs McNeil, especialmente en los capítulos dedicados al universo de posibilidades que abrió el vídeo doméstico. Desde finales de la década de los veinte, los personajes de tiras dominicales se consolidaron en el inconsciente colectivo con una fuerza similar a la que ha convertido a los superhéroes o iconos televisivos en estrellas de la cultura popular contemporánea. Era, por tanto, inevitable que Popeye, Annie la Huerfanita, Dick Tracy o Blondie fueran algunos de los objetivos predilectos de las biblias de Tijuana, por encima de personalidades políticas, estrellas de cine o dibujos animados como Mickey y Minnie Mouse.

Para el ensayista Daniel Raeburn, el valor intrínseco de estas publicaciones sucias no está en el erotismo (nadie podía encontrar nada especialmente atrayente en esos toscos dibujos), sino en su componente subversivo. Tal como explica en su ensayo 'Two Centuries of Underground Comic Books', recogido en el volumen 'Strips, Toons, and Bluesies: Essays in Comics and Culture', "millones de personas no pagaban un precio premium para masturbarse viendo cómo Mickey y Minnie le daban. Al menos, espero que no. Pagaban un dólar para burlarse de Walt Disney. Y no pagaban un dólar por tebeos sobre Stalin, Adolf Hitler o el caso Hiss-Chambers para aprender más sobre política internacional, sino para poder reírse del mundo moderno mientras sus mayores horrores se aproximaban inexorablemente".

Postales guarras desde más allá de la frontera

A la Norteamérica bienpensante le gustaba especular con el origen de estos tebeos amateurs, en su mayor parte anónimos o atribuidos a firmas/editoriales inexistentes. La creencia popular los ligaba al contrabando: si otros artículos a la venta en locales semi-clandestinos, como la marihuana o el tequila, provenían supuestamente del viejo México, ¿por qué no? Lo cierto es que, como se demostró con el caso de Charles Jewett, las biblias de Tijuana podían nacer allí donde hubiese una imprenta, alguien con capacidad para dibujar como los historietistas famosos y voluntad de hacer negocio en plena Ley Seca. El FBI pronto empezó a monitorizar muchas tiendas de toda la vida que, tras un intercambio de señas acordado de antemano, guiaban a sus clientes hasta la parte de atrás, donde podían comprar esa publicación en la que Mae West hacía ya-sabes-qué. Sin embargo, es muy probable que la principal vía de transmisión de las biblias de Tijuana fuera el intercambio privado, a menudo escondidas entre ejemplares de títulos más respetables. Según una encuesta Gallup de 1938, el 70% de los americanos seguían las tiras periódicas con regularidad, luego estas parodias suponen un primitivo ejemplo de metalenguaje tebeístico: se trataba de personajes que traspasaban conscientemente las fronteras del decoro dentro de su medio expresivo, en ocasiones para ligar con un personaje de otra tira o conocer (en el sentido bíblico del término) a una celebridad de carne y hueso. No había reglas: eran tebeos picantes que se sabían tebeos picantes.

1 © Proporcionado por Revista GQ 1

En algunos casos, las viñetas salaces funcionaban como tosco comentario paródico a las noticias y temas candentes en la sociedad estadounidense, cuando no eran pura emanación del inconsciente colectivo. Quizá el mejor ejemplo de ello sea el escándalo protagonizado en 1926 por Peaches Browning, una jovencísima (¡quince años!) socialite que se convirtió en cause célèbre tras su publicitado romance con el magnate neoyorquino Edward West "Daddy" Browning, del que intentó divorciarse seis meses después de la boda. La colosal diferencia de edad, así como el carácter ostentoso e hiperbólico de la relación (se decía que Daddy llegaba a gastar alrededor mil dólares al día en sus viajes junto a Peaches y su madre), los convirtió a ambos en los favoritos de la prensa amarilla, así como en la clase de referencias pop que George Gershwin insertaba en sus musicales. Con lo que todo el mundo especulaba, por supuesto, era con los detalles de alcoba: mientras que los periódicos y revistas respetables no podían llegar más lejos de las composiciones fotográficas softcore, las biblias de Tijuana dieron forma a los pensamientos más desbocados de la sociedad. Así, las viñetas porno podían adquirir un componente catártico que, una vez llegados a los años treinta, comenzó a introducir tintes inequívocamente políticos.

En la segunda edición de la 'St. James Encyclopedia of Popular Culture' se hace referencia a una biblia concreta, 'You Nazi Man', que acababa con un epílogo inusual (sobre todo, teniendo en cuenta que se parecía demasiado a escuchar un sermón tras terminar de ver un vídeo porno). Tras la cabalgata habitual de estereotipos raciales en posiciones, eh, sugerentes, el editor decidía lanzar un mensaje abogando por el fin de la persecución al pueblo judío en la Alemania nazi. De un modo similar, cómics en los que Al Capone, Joe DiMaggio o el mismísimo presidente Roosevelt aparecían en posturas comprometidas cumplían una función social similar a la de 'Los Borbones en pelota' y otros clásicos de la pornografía humorístico-decimonónica. Quizá no sea una forma de arte precisamente elevada, pero la sociedad necesita de esta subversión básica para poder mantenerse sana y alerta ante el poder: contemplar a figuras públicas teniendo sexo era, en suma, una manera de igualarlas al pueblo llano.

Libertad y visibilidad para todas

Nadie en su sano juicio podría considerar un 69 entre Betty y Veronica como un gran avance para la representación LGTB en el arte, pero resulta innegable que las biblias de Tijuana (a través, por supuesto, el estereotipo rijoso y el impulso primario) fueron los primeros cómics en visibilizar la homosexualidad dentro de la sociedad norteamericana. Se podrían, de hecho, interpretar como un catálogo de todas esas prácticas prohibidas y tabúes representacionales que la gente de entreguerras prefería esconder dentro del armario. En las biblias todo era libertad sexual y normalización, lo que demuestra que las fantasías han sido más o menos las mismas en cualquier periodo histórico. Uno puede aprender mucho sobre sus antepasados cuando descubre lo que les ponía. Y las biblias de Tijuana demuestran que a la gente de los años veinte, treinta, cuarenta y cincuenta les ponían exactamente las mismas cosas que a nosotros.

Todo cambió con la llegada de la contracultura. De repente, la demolición de tabúes ya no era simplemente algo que compraba de contrabando y se escondía bajo la cama, sino que centenares de artistas y editores empezaron a abanderar un movimiento destinado a introducir auténtica libertad de expresión en el cómic norteamericano. En 'Rebel Visions: The Undergound Comix Revolution', Patrick Rosenkranz teoriza sobre la existencia de una cierta sensibilidad underground que precedería incluso a la publicación del número 1 de 'Zap Comix', como demuestran las parodias de tebeos religiosos firmadas por Foolbert Sturgeon en 1964 ó las historietas de surf que Rick Griffin, célebre cartelista de bandas como The Grateful Dead, dibujaba en su tiempo libre. El objetivo de 'Rebel Visions' consiste, por tanto, en demostrar que el tebeo underground precede a la creación de la propia etiqueta, por lo que podríamos considerar las biblias de Tijuana como un ejemplo supremo de arte secuencia subterráneo avant la lettre.

Algo parecido propuso Art Spiegelman en un famoso texto para Salon.com, publicado hace ahora veinte años (agosto de 1997). Según el autor de 'Maus', "sin las biblias de Tijuana no tendríamos la revista 'Mad', y sin la revista 'Mad' no existiría ninguno de los iconoclastas cómics underground de los sesenta". Por su parte, Raeburn considera que esto las convierte, precisamente, en "el eslabón perdido dentro de la evolución de la sátira y la parodia norteamericanas (...) Conectan las desventuras amorosas de Obadiah Olbuck con la 'Mad' de Harvey Kurtzman. Y dado que 'Mad' fue una influencia en todos y cada uno de los dibujantes humorísticos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, las biblias de Tijuana son las antecesoras promordiales de nuestros modernos tebeos alternativos".

Moraleja: nunca juzgues el porno que esconda un adolescente en su taquilla. Podría ser verdaderamente revolucionario.

1 © Proporcionado por Revista GQ 1

www.revistagq.com

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