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De foto en foto: 6 claves para saber si padeces selfimanía

Vanitatis Vanitatis 25/10/2016 Claudia del Águila

No es una broma: convertir los 'selfies' en tu razón para vivir puede ocasionar problemas psicológicos importantes. No hablamos, evidentemente, de pasártelo bien haciéndote algunos autorretratos de vez en cuando para presumir de ellos en las redes sociales. Eso lo hacemos todos y resulta divertido. Pero para algunos la diversión se torna obsesión (Kim Kardashian ha confesado que llegó a hacerse 6.000 'selfies' en cuatro días) y su forma de medir su valía se contabiliza por los 'likes' que recibe. Y es ahí donde el comportamiento deja de ser saludable para adquirir tintes preocupantes.

Ellos tampoco se libran (Foto: Massimo Dutti) © Proporcionado por Glamouratis Ellos tampoco se libran (Foto: Massimo Dutti)

La selfimanía es una de las muchas ciberpatologías alumbradas en el siglo XXI a rebufo de los 'smartphones'. Estos son comportamientos, siempre asociados a internet, que provocan una conducta compulsiva, basada en el placer que produce el control de la realidad virtual. Los aquejados de ciberpatologías se desconectan más y más de su entorno real y se sumergen en el de las redes sociales para tapar sus carencias. La cura para este tipo de dolencias es lo que los especialistas llaman un 'détox tecnológico'. Uno de los especialistas en este tratamiento es el psicólogo Jorge López Vallejo, que apunta que muchas personas “encuentran en internet una escapada tóxica y adictiva a un mundo real en el que pueden crear un 'yo' ideal.  En este caso, los adolescentes, los adultos e incluso algunos niños, buscan satisfacer y llenar el vacío de una vida que les es difícil de manejar. Se adentran en estos medios y poco a poco se van creando un mundo ficticio y más fácil que les aporta más placer y satisfacciones que su propio mundo real”.

¿Qué es un selfimaníaco?

Les identificarás porque son capaces de hacerse 20 fotos antes de colgar una. Y ese momento, distendido para la mayoría, se convierte en angustioso para esa persona. Pregunta a los que están a su lado qué opinan del retrato en cuestión y algo que debería haber durado escasos minutos y debería haber requerido una atención mínima se convierte en el centro de todo. ¿Te suena? Seguramente descubrirás, también, que tienen ciertas manías: es lo que se llama 'sistema de evitación'. Intentan desesperadamente no mostrar situaciones o aspectos que saben que no obtendrán aceptación social. Y por último, el selfimaníaco puede llegar a hundirse si la foto que ha colgado no obtiene la atención que esperaba. En casos muy acentuados, un número pírrico de 'likes' puede provoca desde ansiedad hasta auténticos ataques de pánico

Daños colaterales

Un selfimaníaco o una persona afectada por una ciberpatología tiene su cabeza en las redes sociales y eso provoca que tenga escasa atención a lo que ocurre a su alrededor. Los problemas derivados de estar 'atolondrado' en el día a día son muchos: los estudiantes, por ejemplo, no pueden concentrarse y acaban suspendiendo a mansalva. Los trabajadores no dan pie con bola y eso puede traducirse en despidos. Los selfimaníacos también acumulan divorcios o separaciones, porque a nadie le gusta estar al lado de alguien que le hace más caso a su teléfono que a la persona que tiene enfrente. Incluso aumenta el riesgo de padecer accidentes de tráfico. En general, la conducta es patológica cuando hay un abandono continuado de las obligaciones básicas.

Pegados al móvil

Muchas de estas personas padecen lo que se llama nomofobia (del inglés: no-mobile-phone-phobia), que es esa ansiedad desmesurada e incontrolable que produce dejarse el móvil en casa. A nadie le hace gracia olvidarse su 'smartphone', pero, para los nomófobos, separarse del artilugio les resulta insoportable. A esta 'adicción' se le une la de estar permanentemente conectados. Tener siempre acceso a internet y observar, una vez tras otra, qué es lo que se cuece en las redes sociales. Por una parte, experimentan un agobio constante por decidir qué publican y controlar la aceptación. Por otra, hay casos en que ver la aparente felicidad del resto de usuarios de las redes sociales provoca envidia y sentimientos de inferioridad. Así lo demostraron dos estudios de las universidades alemanas de Humbolt y Darmstadt en 2013, que concluyeron que ver las muestras de felicidad de los demás, sobre todo de sus vacaciones, genera sentimientos de odio.

Síndrome de abstinencia

El 'mono' que produce no poder vivir permanentemente en la virtualidad no es fácil de sobrellevar cuando uno está realmente enganchado. Una persona con 'abstinencia' de Instagram o Facebook está malhumorada, irritable y puede experimentar angustia o ansiedad. Como la mayoría de dependencias, esta oculta un problema de base, un trastorno previo –habitualmente relacionado con una autoestima subterránea– que se tapa intentando ser el rey o la reina del mambo en las redes sociales. Y cuando ese escapismo no es posible, uno está, hablando en plata, de un humor de perros. 

Amigos al rescate

La psicología está avanzando a la vez que las nuevas tecnologías para poder dar solución a los problemas derivados de estas. En general, las ciberpatologías son detectadas por los amigos o parientes del afectado, que son los que buscan ayuda. Jorge López Vallejo explica que “nuestra intervención consiste en centrarnos en transformar el mecanismo de placer en una experiencia desagradable, anulando el ritual adictivo y paralelamente interviniendo sobre las dificultades personales y de relación que han facilitado la dependencia. Es un tratamiento muy demandado y con gran éxito en los resultados de superación del problema”.

Terapia exprés

Lo mejor es que no es necesario estar años tumbado en un diván para conseguir volver al mundo de los vivos sin píxeles. Jorge López Vallejo señala que en estos casos se aplica la Terapia Breve Estratégica. Esta fue formulada por científicos californianos hace 25 años y sigue un mecanismo de 'búsqueda-intervención'. Se trata de solucionar el problema de forma rápida, consiguiendo cambios permanentes que solventan esa conducta patológica, pero sin necesidad de andar escarbando en el pasado durante lustros. Entre 10 y 20 sesiones son suficientes para solventar el problema.  

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