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El pecho es el nuevo punto G: manual para conseguir orgasmos superiores

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 27/06/2017 Claudia del Águila

No es un mito: se puede tener un orgasmo estimulando el pecho. No lo dice la sabiduría popular ni esa amiga que alardea de tener una vida sexual que te hace sentir una mojigata. Hay análisis científicos que lo avalan. De hecho, la Universidad de Rutgers (EEUU) publicó un estudio en 'Journal Sexual Medicine' en 2011 que demostraba que las zonas cerebrales que respondían a los estímulos del clítoris eran las mismas que lo hacían cuando de acariciar delanteras se trataba. La cuestión venía de antiguo, ya que en 1988 un estudio había constatado que el 30% de las mujeres había experimentado en alguna ocasión en su vida un orgasmo con la exclusiva estimulación de sus senos. Luego la capacidad la tenemos. Eso sí, no lo vas a conseguir si te obsesionas por ello, si lo ves como algo que debe suceder ya. La clave es relajarse, disfrutar de estas eróticas caricias y dejarte llevar. He aquí una guía para alcanzar este orgasmo o pasárselo pero que muy bien.

1. Cada pecho es un mundo

Se ha de tener en cuenta, antes de ponerse manos a la obra, que cada seno tiene una sensibilidad diferente. Hay algunos que se lo pasarán mejor con caricias enérgicas y otros a los que le parecerán una tortura. Por ello, es básico fijarse en las reacciones y en cómo son recibidos esos toques. No hay fórmulas matemáticas, aquí la mejor brújula es la observación y la intuición.

2. Más allá del pezón

Cuando hablamos de pecho en muchos casos vemos únicamente un pezón y hay más alrededor. Por ello, las primeras caricias deberían ser por todo el pecho, con la yema de los dedos, de forma circular, siguiendo las manecillas del reloj. Se trata de provocar una sensación placentera, como un cosquilleo gustoso y poco a poco ir cerrando el círculo y concentrarse en la areola, que suele ser una parte muy olvidada de este tipo de caricias.

3. Un poquito de presión

Si la reacción ha sido favorable, es posible que el grado de excitación haya subido y que se pueda pasar al siguiente nivel. Este consiste en estrujar suavemente el pecho, siempre de abajo a arriba y del lateral al centro. La presión dependerá de la sensibilidad de cada mujer y de la excitación que tenga en ese momento.

4. La lengua entra en acción

Ahora que la zona está sensible tras el masaje, ya puede intervenir la lengua. Las caricias circulares en el pezón, combinadas con otras en el resto del pecho y movimientos de arriba abajo serán bienvenidos en este momento. Como siempre se trata de observar las reacciones para decidir si pisamos el acelerador o el freno.

5. La succión y algo más

Si has hecho bien los deberes deberías notar reacciones muy positivas, así que se puede ir un punto más allá y probar con una succión del pezón. Si es bien recibida, también se puede intentar con un mordisquito muy suave. Alterna lametones con succiones y mordisquitos y verás los resultados.

© Externa

6. Sigue, sigue, sigue

Cuando hayas encontrado la fórmula que más placer provoca, sigue con ella. También puedes hacer un poco de trampa y rozar el clítoris para que la combinación de sensaciones la conduzca directamente al clímax. De todas formas, si eres un 'purista' del orgasmo del pezón, concéntrate en lo que estás haciendo y sigue hasta el infinito y más allá.

7. Un poco de ayudita

También puedes intensificar las sensaciones de un buen masaje de pechos con algunos complementos. Por ejemplo, las plumas despiertan reacciones muy sensuales sobre todo al principio. Y si la cosa ya está caliente, tal vez venga bien enfriarla con un cubito de hielo. Si el masaje va a ser un poco vigoroso, puedes emplear aceite para hidratar la zona y conseguir sensaciones muy placenteras.

8. ¿Solo para chicas?

Este tipo de orgasmos también pueden disfrutarlos los hombres, lo que ocurre es que en la mayoría de los casos estos focalizan su sexualidad en el pene y se olvidan de zonas como estas. Hay hombres que por su especial sensibilidad ya conocen su potencial, pero la mayoría puede disfrutar de una caricia muy erógena y, quién sabe, tal vez de un orgasmo si sigue estas técnicas.

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