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El reinado de las (falsas) pecas: ¿Sí o no?

Harper's Bazaar Harper's Bazaar 31/03/2016 harpersbazaar.es

Ahí están, arriesgándose a ser detectadas y dando al look de primavera un delicioso aspecto soleado. Disfruta las tuyas y, si no, aprende a emularlas. Te enseñamos.

Ahí están, arriesgándose a ser detectadas y dando al look de primavera un delicioso aspecto soleado. Disfruta las tuyas y, si no, aprende a emularlas. Te enseñamos.
© Copyright © 2016 Hearst Magazines, S.L.

Aunque un dermatólogo no aprobaría nunca esta afirmación, es verdad verdadera: las pecas molan. Los hombres las encuentran irresistibles. Esos mismos hombres que prefieren que no nos maquillemos y que se zampan nuestros looks no-makeup estudiadamente casuales con pecas pintadas incluídas. Nos gustan las de las guapas y famosas como Sienna Miller, Poppy Delevingne, Bar Refaeli, Penélope Cruz, Emma Stone, Aída Artiles… Nos da lo mismo si son reales o impostadas. Cuando la Naturaleza nos las niega, las pintamos. Sí, las pintamos. Más abajo explico cómo. Pero primero, lo primero. Las efélides o pecas no son cualquier manchita que sale con la edad. Las pecas son acumulaciones de pigmento de coloración parduzca, redondeadas y no uniformes que se localizan más frecuentemente en zonas fotoexpuestas como cara, cuello y brazos en personas de piel blanca, intensificándose con la exposición solar y siendo, por tanto, más visibles en verano. Son el signo de identidad de la tía sana que va mucho al campo, de la que pasa la vida en la playa, de la despreocupada… que no sabe lo sexy que le hace esta actitud frente a la belleza. Los maquilladores cuentan que toda la vida se han pintado pecas y lunares en la cara. La elección de unas u otros ha sido cuestión de moda. Si bien en los años cuarenta todas querían el lunar de Marylin, en los 70 suspiraban por las pecas de Anita Pallenberg o Charlotte Rampling. Tanto es así, que las pecas se han falseado desde entonces. Cabe recordar que hasta finales de los años 50, las pecas fueron enemigos a combatir. Con la decisión de Coco Chanel de empezar a lucir el bronceado (por haber sido grangeado en lujosas vacaciones fuera de fecha, como sólo un rico podía hacer), las pecas tomaron protagonismo. En vez de tratar de taparlas con densas bases de maquillaje, las mujeres se sintieron libres de mostrarlas. Esta actitud sería más importante aún con la estética setentera de las groupies y artistas de la época de Los Beatles, Pattie Boyd y Grace Coddington en el Londres más efervescente de la historia.

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Las más viejas del lugar recordarán que Chanel, allá por 1995, lanzó el primer lápiz que buscaba “potenciar el bronceado”. Se llamaba Le Crayon Rousseur. Más tarde, en 2003, fue Lancôme quien hizo lo propio con su “Freckle pencil", apto para las más patosas frente al tocador. Los desfiles de moda, poco a poco fueron reflejando esta moda de maquillaje y ya en 2009, Matthew Williamson las puso en sus modelos. Durante 2010, 2011 y 2012 se unieron Rachel Comey, Chloe, Jeremy Scott, Dsquared, Emmanuel Ungaro, D&G y Donna Karan. En 2013, Charlotte Tilbury hizo unas declaraciones que todas las pro-pecas recordamos: “el lápiz de MAC con el que pinto las pecas a las modelos es la varita de la juventud”. Con esto aludía a la capacidad de aniñar un rostro con unas cuantas pecas salpicadas por nariz, barbilla, mejillas y frente.

Total, que las adoramos. Aunque sean la punta del iceberg de una mancha que, inevitablemente, antes o después, hará su aparición amargándote la vida. Nos chiflan. De hecho, cuando no se ven, nos las pintamos. Aquí, nuestra estrategia:

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