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Equinoccio de lujo: da la bienvenida a la primavera en las Maldivas

Vanitatis Vanitatis 04/03/2016 Ángeles Castillo

Tenemos muchas Maldivas cerca de nosotros. Ahí están, salvando las distancias, la costa alentejana en Portugal o el más turístico Algarve, o el Cabo de Gata en nuestra Almería, por citar solo tres de estos paraísos de playas salvajes que hacen infinita una naturaleza esplendorosa, pero esta vez nos vamos a las que llevan el nombre, en plan sibaritas de largo recorrido y lujo de resort. Como si lo último que fuéramos hacer en la vida fuera celebrar el equinoccio en un lugar idílico. Y es ya, el 20 de marzo. Prepárate para una primavera sin zapatos. Aquí serás la condesa descalza (que todo en la vida es cine). O el conde.

12 horas de día, 12 horas de noche

¡El equinoccio! Cerca del Ecuador y con una luz natural que ya quisieran para sí los habitantes del frío y gris norte. Nos hemos venido al océano Índico, a esta congregación de 26 atolones, casi la ‘comunidad del anillo’, y 1.200 islas (200 habitadas), al sudoeste de Sri Lanka y a solo 450 kilómetros de India.

El paraíso aquí en la tierra: Maldivas desde el aire (Foto: Soneva Fushi) © Proporcionado por Glamouratis El paraíso aquí en la tierra: Maldivas desde el aire (Foto: Soneva Fushi)

Arena, casi harina

Kurumba Beach (Foto: Kurumba) © Proporcionado por Glamouratis Kurumba Beach (Foto: Kurumba)

Malé, la capital, es también la ciudad más poblada, con más de 100.000 habitantes, tráfico, jaleo y edificios altísimos sin encanto en el país encantado más bajo del mundo y con la altura máxima menos elevada. Geología manda. Por eso, Maldivas entera es una playa de arena que es casi harina, aguas turquesas y peces como en tecnicolor, donde el sol se vuelve cotidiano y todo se hace espectáculo con demasiada facilidad. Se vuela (en avión) a la propia Malé o a la isla de Hulhumalé, atolón Kaafu para más señas.

Resorts como setas

No hay hoteles en Maldivas, sino resorts, a cual más lujoso. El Rangali Island, con su restaurante submarino, el Kandolhu Island, que es nada menos que una isla hotel, cómo no, de quitar el sentido; el Kurumba, que ostenta el honor de ser el primero, o el Soneva Fushi, que rinde culto al 'slow life', con velero propio y todo. Deseando ser Robinsones.

Vista aérea de Kandolhu Island, todo un resort © Proporcionado por Glamouratis Vista aérea de Kandolhu Island, todo un resort

Todo el país es una playa

Nos quedamos en el resort Angsana Velavaru, en una de sus exclusivas villas con piscina sobre el mar, algo natural aquí. Tumbarse a la bartola, 'dolce far niente', champán con vistas a la inmensidad oceánica, masaje siam, puramente tailandés, privado pero en plena playa… Son palabras mágicas. Por no hablar del nuevo deporte de moda, el 'sit-down hydrofoil' o cómo surfear las olas sentado en una silla sobre la tabla. Corren tiempos de sibaritismo máximo, sin duda.

Las villas del Angsana Velavaru; así es este país insular © Proporcionado por Glamouratis Las villas del Angsana Velavaru; así es este país insular

Naturaleza a gogó

Vayas donde vayas, capital aparte, estarás en medio de la nada y de todo. Ahora no se trata del acuario de tu ciudad ni del Oceanográfico, ya clásico, de Valencia. En este mar los delfines campan a sus anchas. Podrás coger un catamarán y ver hasta qué punto ellos son los reyes del surf. Y luego están las rayas, los peces voladores, los tiburones y hasta las ballenas…  A veces no hace falta ni bucear; mirar se vuelve suficiente. Además, una canoa con fondo de cristal te mostrará en ruta toda la exuberancia del fondo marino. ¿Asfalto? Será un recuerdo muy muy lejano.

Bucear en Maldivas es una religión (Foto: Angsara Velavaru) © Proporcionado por Glamouratis Bucear en Maldivas es una religión (Foto: Angsara Velavaru)

De noche en el paraíso

Imagínate bucear cuando el sol duerme y la noche se vuelve brillante en las profundidades con todas las luces apagadas alrededor. Y sigue imaginando, porque lo que te espera al salir es una noche con nombre propio, Bodu Beru, que es la música y danza más popular de Maldivas. Y un cielo que volverá locos a los amigos de las estrellas, discípulos de Galileo o Hipatia, y a los incondicionales del mago Merlín. Una cena en la playa al atardecer a la luz de las velas, con carne y marisco a la parrilla, sacará al lord Byron que llevas dentro. Es tan romántico. 

Barbacoa al atardecer en el Angsana Velavaru © Proporcionado por Glamouratis Barbacoa al atardecer en el Angsana Velavaru

Pescar tu propia cena

Serás un Robinson de lujo si, además de todo lo dicho, te lanzas a la aventura de pescar un mero, un pez gato o una lubina que luego te cocinarán en el resort para que corones con más éxito aún este relax primaveral y tan epicúreo. Aquí hasta los peces vuelan y lo hacen sin timideces y por decenas.

Día de pesca en Maldivas (Foto: Angsana Velavaru) © Proporcionado por Glamouratis Día de pesca en Maldivas (Foto: Angsana Velavaru)
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