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"Heroin chic": por el lado más salvaje de la vida

Logotipo de Harper's Bazaar Harper's Bazaar 11/02/2016 harpersbazaar.es

Detalles de las tres últimas colecciones de SaintLaurentParis (primavera/verano 2016, otoño/invierno 2015 y primevera/verano 2015)

Detalles de las tres últimas colecciones de SaintLaurentParis (primavera/verano 2016, otoño/invierno 2015 y primevera/verano 2015)
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Sin duda latendenciamáscontrovertidas de cuantas hayan pisado la pasarela. Unaodaalconsumodenarcóticos que marcó la pauta en la década de los 90, y de la que aun colean algunos retazos. Unaglorificaciónimpúdicadelasconductasmástóxicasynocivas para unos, el retrato más descarnado y brutal de la sociedad para otros. El heroinchic no dejó –ni deja– indiferente a nadie, o irrita o fascina, pero obliga al posicionamiento. El mundo de la moda –la moda nunca queda exenta– se abrazó con fuerza a esta estéticaásperayviolenta hace casi veinte años, pero también lo hizo la música, el cine y la literatura. Resulta complicado imaginar losdíasde auge delaheroína cuando la tónica de nuestro tiempo la marcan la salud a sorbos en smoothies y las extenuantes jornadas de gimnasio junto con los claims positivos y de superación personal, pero hubootrotiempo; yfuemuydiferente. Aunque por lo bajini, la corriente heroinchin aun reverbera entre las tendencias.

Esta historia –para la moda– arranca en elveranode1990, cuando la publicación de tendencias pionera en aquel momento sorprendió a propios y a extraños con uneditorialquelocambiótodo, "El tercer verano del amor". La revista TheFace –con PhilBicker como director artístico– abrió la caja de Pandora en el número de julio, y en sus páginas sematerializóelambientequesepalpabaenlaescena underground. Los agentes del cambio tienen nombres propios: CorinneDay, la fotógrafa; MelanieWard, la estilista; y KateMoss, la guapa jovencita que se estrenaba con su primera sesión como modelo. La idea era reproducir la esencia de los últimos días del verano, con las playas desiertas y los primeros vientos tibios del otoño. CorinneDay nos presentó en aquel reportaje –se disparó tres veces en East Sussex hasta que quedó perfecto– a unachiquillamenudayfresca, de una personalidad arrolladora; nada que ver con las grandes tops que copaban las portadas. Su cuerpo, su sonrisa de ojos achinados y hasta las finas pecas de la nariz eran muchomásqueunaalternativa; KateMoss daba paso a todo un nuevo universo hastiadodelaperfecciónrotundaeimposibledelasgrandes modelos de los 80, con físicos de infarto y rasgos cincelados. El maquillaje mate y opaco cedió ante lacaralavada, los peinados artificiosos ante lascabellerasalaire, y los diseños más aparatosos ante lasprendasfácilesycómodas. El sentir era llevadero y dúctil, y por las rendijas de la tendencia se coló el veneno.

Fotógrafa y modelo quedaron selladas en una unión indisoluble bajo los 300 píxels por pulgada, y tresañosdespuésvolvieronaarremeter. Esta vez se atrevieron a empujar –aun más– loslímitesdeloconvencional; y la tendencia entró en tromba. Vestidos negros, ojos muy maquillados de oscuro y algunas poses en las que se revelaba una extrema delgadez. El escándalo estaba servido, pero ya no había quien detuviera a las huestes. El sonido grunge de Seattle había encontrado un lookconelquecasabaalaperfección y por si quedaban dudas, el cine añadió el resto: en menos de un año se presentaron Trainspotting, BasketballDiaries, PulpFiction y Kids. A un lado y otro del Atlántico la tendencia se movía bajo el influjo de NanGoldin, como dotandodevidaacadaunadesusimágenes. DavidSims, CraigMcDean y DavideSorrenti retrataban sin descanso a KateMoss y a JaimieKing, o cualquier otra chica de cuerpo escuálido que se les pareciera. Elconsumodedroga era una realidad entre la sociedad, y se había puesto de manifiesto en todos y cada uno de los ámbitos de la cultura. Pero para cuando el mundo del establishment quiso parar aquello, ya se les había ido de las manos. Pues como unadictoatraeaotroadicto, fotógrafos y modelos campaban a sus anchas por las altas esferas y experimentabanenprimerapersona.

El periodista CharlesGandee se planteó los porqués en un comentado artículo, y aunque empezaba lanzando al aire la pregunta de quiénhabíapuestoel lookdeladrogademodaenlamoda, concluía con una respuesta lapidaria: todos. Al principio, diseñadores como JilSander apuntaban a un cambio necesario, hacia la sensibilidad y el refinamiento. Otros, como DonatellaVersace, negaban el atractivo del aspecto heroinómano cuando seleccionaban modelos en los castings: "solo se parecen a las chicas de la calle de hoy en día, nada que ver con los yonquis". Por su parte, RileyJohn-Domel –director creativo de Surface, una revista que abogó infinitas ocasiones por el look– defendía lademocratización, laaccesibilidad de un aspecto en las antípodas de los cuerpos perfectos de Cindy, Linda, Elle y Naomi. "Esto siempre ha estado ahí, de Rimbaud a Bodelaire o JimMorrison, se trata de ese mismo espíritu". Entre tanta confusión, y sin depurar responsabilidades, un certero TomFord arrojó algo de luz: "En la moda, elhastíoes cool. El punto está en parecer que lo has visto todo, que lo has hecho todo; que lo has sido todo. Es una actitud que pretende intimidar, y ladrogaeselsiguientepaso. Si parece que has estado de fiesta la noche entera se invocan todas esas imágenes en tu cabeza". La cosa se había puesto muy seria, y cualquier ápice de atractivo por la frivolidad que pudiera haber tenido el heroinchichabíaperdidotodalafuerza. De pronto, en medio de toda esta oscura maraña de confusión e histeria, el foco alumbró a laspiernasdeGiseleBundchen y el aplauso fue tan ensordecer que lo acalló todo. Fin. Pero como cualquier herida que no cicatriza bien, alpocosereabre; así opinaba LindaYablonsky –autora de TheJunkieDiary– en un artículo de opinión para TheNewYorkTimes: "las fotos del heroinchic no te cuenta una historia, soloseadueñandesuapariencia. Muchos adictos buscan una comunidad con el uso de las drogas, no quieren tomarlas solos. Además hayalgodearrogancia en ellos, como que saben y conocen algo que el resto no. Laactitudesloquecreaelmisterioalrededordesusvidas, y justamente esa curiosidad es lo que tratan de evocar las fotos. Como con la heroína, estas fotos producen un deseo de más, pero no de más droga o de más ropa; sinodemásfotos". Y a HediSlimane, el último "Rey Midas" de la moda, estatendenciaparecequeleencanta.

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